«En el contexto de la II Guerra Mundial el tirano soviético Stalin convocó una reunión con los altos jerarcas ortodoxos y autorizó la reapertura de las iglesias».
Stalin y la invocación por la defensa de los Iconos. Por José Crespo

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«En el contexto de la II Guerra Mundial el tirano soviético Stalin convocó una reunión con los altos jerarcas ortodoxos y autorizó la reapertura de las iglesias».

Resulta bochornoso cómo la batalla de Krasny Bor ha sido silenciada de forma cobarde y miserable por viles cuestiones políticas y de indescriptible miseria ideológica

«¿Es culpable Ucrania por defenderse con uñas y dientes del agresor ruso? O merece que un tirano arrase su patria, apoyado por un déspota norteamericano».

La prensa comprada se ha especializado en ensalzar atropellos, blanquear traiciones, repartir carnets de demócrata entre criminales vascos y golpistas catalanes.

Con la crisis de subsistencias nos encontramos ante un fenómeno que se creía periclitado desde las cartillas de racionamiento.

El sedicente progresismo globalista es una suerte de izquierda paranoica, realmente, novedosa. Su atractivo es enorme.

La III Guerra Mundial (que, ya, ha comenzado) resulta de la falta de realismo de las Naciones Unidas. Es una organización desfasada.

No estaría mal que en el nuevo orden mundial se cuidara la constitución de una especie de Ejército común de intervención rápida.

A lo largo de las tres últimas generaciones de españoles, se han producido algunos trascendentales cambios de régimen.

La etiqueta de progresismo globalista es una rara mezcla de feminismo radical, de ecologismo a ultranza y de recorte de la soberanía del Estado.

La pretensión de que la nueva estructura globalista acabará con los desequilibrios internacionales es, sencillamente, una fantasía.

¿Por quién doblan, con ese cadencioso tañido fúnebre, las campanas de Hemingway? Doblan por nuestra patria, por ese pueblo herido de muerte.

Los españoles seguimos siendo insensibles a las crisis económicas; podría ser, también que afectaran a las depresiones psicológicas.

Se demuestra, una vez más, que Europa es un continente inviable. Al menos, ha perdido el ascendiente internacional que un día ostentó.