
«De tradiciones en Francia saben mucho, por una cuestión de grandeur, aquí en España vamos “sobraos”, pero de orgullo, mentiras y chulería»
Será por mis raíces Austriacas o por mi vergüenza torera, pero a veces me siento agredido por el número de mentirosos, vagos, ladrones y sinvergüenzas que en general pululan por España y “¡oyes tronco!” que no se libra casi nadie, solo quizás el grupo de conocidos de alguna manera y de amigos. Ya sé que las castañas hay que sacárselas del fuego como buenamente se pueda, pero es que aquí según están, abrasando, se las mete el personal en la boca que da disgusto, más de uno anda corriendo por un vaso de agua fresca, para no escaldarse la garganta.
Dar el cante, con la garganta, es lo normal, aunque el cante hondo, el más habitual en España, sale del alma, de las profundidades de los pulmones encharcados de flemas de la España profunda, empobrecida, cada día mas y dormida en la historia del vuelva usted mañana. Pero el cante, ese libertino y desvergonzado, a fuerza de ser el más usado, parece ser el más sentido y resentido en el fragor de la incultura. Por esta razón es por la que este último cante, que parece sacado de la ultratumba de los pulmones, se quiebra al aire contaminado de la histeria colectiva. Y pongo histeria, no historia. Esa histeria de sexo indefinido de la que tira con vehemencia la izquierda a uno y otro, al polo “norte”, norcoreano de la ultra izquierda. “Que diver… ¿verdad?”.
Recuerdo aún las «memeces» que me enseñaron en la escuela en Francia, en El Havre, y por extensión deduzco que también enseñaron a los infantes por estos lares. Portarse bien en clase, no mentir, estudiar, ser leal, apoyarse en el resto de compañeros, tanto para defenderte como para defenderles y no traicionarlos nunca. Cantar el himno nacional, “La Marsellesa” por las mañanas y en fila de dos, por clase, en el patio del centro de enseñanza, era la norma, vamos algo patriótico que aquí quizás resultaba demasiado en la España anti Franquista, la España de los setenta…
De tradiciones en Francia saben mucho, por una cuestión de “grandeur”, aquí en España vamos “sobraos”, no de “grandeur” sino, de orgullo y chulería, algunos se han permitido el lujo de poner nuestro siglo de oro, de plata, de rubíes y de lo que sea en remojo de babas de estúpidos trasnochados. . . A ver si se ablanda. En Francia defienden su tradicional República a pies juntilla y desde luego es lo que tienen que hacer, defender su habitual forma de gobierno. Aquí en España están todos, en una especie de “potpourri” de monárquicos, republicanos, comunistas y los ¡Uy que miedo! derecha montaraz que, que yo sepa, no ha hecho ninguna cacicada contra la Constitución que votamos “todos” los Españoles.
Muy al contrario que la ultra izquierda de Podemos, estos sí que “¡Uy que miedo!”, defienden los de Abascal, como todos los demás, no izquierdosos, el orden de las libertades Constitucionales. La izquierda, que ya ni se sabe cuantas guarradas ha hecho a los Españoles y a esta España que alborea el siglo XXI, y lo por dejado de hacer por su internacional socialista aquí en España, tiene perdido, no solo el rumbo, vamos el norte, que en nuestro caso es el este, el oeste, el sur, de las cuentas estatales y de la deuda nacional que se engrosa día a día, sino el propio partido y sus militantes.
Como he dicho, es ésta izquierda actual y de siempre, la que carga y debe cargar la culpa. Nadie de fuera de nuestras fronteras, como quiere vender el Presidente del gobierno, ha tenido la culpa, sino de refilón en todas estas cuitas que nos aquejan. Solo van quedando sobre las nóminas y recursos dinerarios libres en manos del público, los restos de la irreal batalla, liderada por Pedro “el fantasioso”. Véase lo que pasa en Francia con todos los partidos de izquierda y aquí en España con los despojos acéfalos de la memoria de los cien años de honradez. ¡Oiga! que están huérfanos de valores, por ser sus postulados realmente contrarios a la libertad del individuo, que reclama el siglo XXI, y de la libertad que nos otorga la Constitución del setenta y ocho.
Para más inri se espera una debacle electoral en el dos mil veintitrés, en donde desarmados de ideas y fuerzas, esos partidos de izquierda al parecer, se licuarán como las nubes, que lo hicieron en forma de lluvia, en la película “Blade Runner”. No tiene sentido hablar de esas ideologías caducas destinadas a desaparecer en manos de las derechas, más sociales en la actualidad, que cualquier revolucionario bolchevique, por eso pienso que será por mis raíces Austriacas o por mi vergüenza torera, pero a veces me siento agredido por el número de mentirosos, vagos, ladrones y sinvergüenzas que en general pululan por España y la política, “¡oyes tronco!” que no se libra casi nadie, solo quizás el grupo de conocidos de alguna manera y de amigos, esos que sí aprendieron las lecciones de ética y moral del colegio.
