
«Pedro Sánchez gobierna anclado a más de cien mil ataúdes manchados con la sangre derramada por sus socios en el reino de su hipocresía»
La política desarrollada por la izquierda española hace algunas décadas que destaca por su ausencia de rigor y su carácter soluble. Nuestros políticos en general son el resultado de la sucesión de nefastas leyes educativas que han degenerado el ejercicio de la profesión casi más antigua del mundo en una verdadera casta (como defendía Pablo Iglesias para mimetizarse con ella), al igual que ha sucedido en otros ámbitos profesionales. La hipocresía, se ha convertido en su seña de identidad, aunque es cierto que aquellos que defienden las posturas más vacías de contenido vital, la han utilizado con destreza para acelerar la descomposición de la sociedad. Es decir, los ecos de la nada que resuenan de sus ideas enaltecen la obscenidad que cimenta su desparpajo.
Los actuales políticos de la izquierda, invierten públicamente casi el 100% de su tiempo en tratar de denostar al adversario descalificándolo simplemente por serlo, sacando a relucir en pocas ocasiones el contenido de sus agendas ideológicas o de sus programas electorales, los cuales los aplican por la puerta de atrás vía Real Decreto y sin consenso.
Esta semana por fin, muchos nos hemos felicitado públicamente al poder disfrutar del primer pacto entre el PP y su escisión política (VOX) para formar un Gobierno. Ello implica numerosas cuestiones, aunque destaco la inestimable ocasión de ver por fin a los escindidos gobernando aunque solo sean algunas pocas consejerías. Hasta ahora solo los habíamos visto gestionar pequeñas alcaldías sin importancia con presupuestos ridículos fruto de las cuatro tasas que cobran, cuya única finalidad era dar continuidad a los proyectos localistas del PP, a veces hasta con las mismas caras.
La izquierda insulta y denigra ejerciendo un continuo chantaje a los demás la mayoría de las veces con éxito. Aquí doy la razón al controvertido profesor Quintana Paz y a su teoría del “PSOE como estado mental”, aunque no entraré en las cuestiones que demuestran que el PP haya aceptado algunas de las ideas fundamentales de la izquierda, sencillamente porque ese es otro debate y hoy no toca. Pero lo cierto es que la izquierda ha conseguido que aceptemos como buenos algunos principios y comportamientos sociales y los adaptemos con razonamientos liberales o incluso en alguna ocasión hasta conservadores.
La VIOGEN. Su peculiar manera de defender los Derechos Humanos dependiendo donde, cuando y de quien se trate. Su posicionamiento en la mentira para defender sus tramas corruptas realizando políticas frentistas en favor de llevar a cabo cordones “democráticos”, enalteciendo su capacidad de dialogo erigiéndose como portavoces de minorías ubicadas fuera de lo moralmente aceptable, siendo estas hasta merecedoras de ser ilegalizadas, ubicándolas en estancos sobreexpuestos y excesivamente protegidos con legislación “ad hoc” superpuesta a la existente, etc., son ejemplos de lo que desde el centro derecha a veces se ha dado como bueno por pereza y se ha terminado interiorizado al no derogar nada, siendo a veces incluso más redundantes en su defensa, que la propia izquierda.
Con la formación del nuevo Gobierno autonómico en Castilla y León, la izquierda por fin ha perdido los papeles demostrando lo débil que son sus argumentos. Escuchando a su líder (Tudanca) y a sus portavoces oficiales (Lastra y Sicilia), da la impresión de que se fuera a instaurar la Ley Marcial como sistema de Gobierno cuando quizás, la necesaria fuera la de vagos y maleantes.
Cuando dicen que van a gobernar para todos: mienten. Cada vez que hablan lo hacen vilipendiando a los demás en vez de para explicar cómo van a dilapidar el dinero público: por lo tanto, encubren. Cuando leen sus discursos o hacen una interpelación: solamente se dirigen a sus huestes, a sus grupos clientelares o a sus compañeros sindicalistas, nunca al total de la opinión pública, sencillamente porque no los apoyan, por lo tanto al no resultar interesantes: los ignoran como a la oposición o a la CEOE.

La izquierda está muy molesta y preocupada por el millón de personas que forman el centro apolítico (la verdadera y potente clase media), porque la primera decisión de Alberto Núñez Feijóo ha sido vivir y dejar vivir, sin imponer prebendas desde Génova, ajenas a los propios intereses de la política de Castilla y León. Me gustaría que el pragmatismo fuera su nuevo “leitmotiv”, pues su talante regionalista y en muchas ocasiones nacionalista, asumiendo políticas muy al borde de lo que el propio partido defiende con tal de dejarlos en la nada, lo han llevado en volandas hasta la presidencia del PP. Me gustaría una dirección general que coordinara el regionalismo bajo una enseña amplia que ocupe el mayor espectro ideológico posible, como defendieron los fundadores de Alianza Popular, y me gustaría que mientras tanto, VOX siga creciendo y defendiendo aquello que el PP no pueda o quiera hacer por sus compromisos europeos y principios liberales necesarios para la economía.
Que Alfonso Fernández Mañueco diga que en CyL se seguirán manteniendo los recursos en políticas de género contra la denominada por la izquierda violencia machista, mientras acepta legislar calificándola como violencia intrafamiliar, justifica la escisión de VOX por este y más temas. Ahora bien, será responsabilidad de ambas formaciones retorcer el lenguaje y las leyes autonómicas como hacen sus rivales, de manera que los votantes perciban el acercamiento necesario para que juntos hagan que no gobierne la izquierda.
Castilla y León de nuevo indica el camino defendiendo cierta rectitud de espíritu. Qué gran momento y qué prueba piloto para ver que serán capaces de hacer cuando Pedro Sánchez en enero de 2024, sea despojado de su trono anclado a más de cien mil ataúdes de españoles muertos manchados además con la sangre derramada por sus socios en el reino de su hipocresía.
