El abuelo ¡Sí que sabía! Por Diego Jesús Romero

El abuelo ¡Sí que sabía!

«El abuelo ¡Sí que sabía! Dónde fueron a parar aquellos catedráticos de la afición, aquellos con reloj de bolsillo y pantalón de mil rayas?»

Al hilo de lo que llevamos de feria de Abril, pena me da ver cómo el paso del tiempo ha traído consigo a un aficionado que cada día antepone más la cantidad a la calidad. ¿Dónde fueron a parar aquellos catedráticos de la afición, aquellos de chambras de paten, reloj de bolsillo y pantalón de mil rayas? Sí, aquellos «catetos» que llenaban los tendidos de sol. Aquellos de caras curtidas -propias de las duras tareas del campo- y gorrilla de franela para los días de lujo, sin tanto sombrero de ala ancha ni tanta pantomima. Aquellos viejos aficionados a los que no se les iba ni una: ¡qué ojito tenían!

– “¡Este tío no carga la suerte ni una vez….! ¡Anda que se va a poner de frente! ¡Perfilero y al hilito del pitón! ¡Y venga la patita pa atrás…! […] “– Se escuchaba murmurar a aquellos por los aledaños de la plaza y por los bares del barrio del Arenal.

En cambio, contemplabas atento como, al terminar la corrida, hablaban de un quite; o, más aún, de una sola verónica en concreto: ¿verdad Curro? De un sevillano molinete; un ayudado por alto; o un kikiriki garboso: ¿verdad Pepe Luis? De un natural largo, de mano baja y templado; o, de dos doblas por bajo en las se ponía de manifiesto quién mandaba allí: ¿verdad D. Santiago? De un natural de frente a pies juntos: ¿verdad Manolo? O, simplemente, comentaban una estocada a un cárdeno con una [A] y [dos asas en la cacha] que “no se dejaba matar ni con un rifle”, y que, para ellos, esa estocada había merecido el mayor de los premios: ¿verdad Rafael Ortega?

Se hablaba de un par de banderillas sacando los palos de abajo, cuadrando en la cara y saliendo andando de la suerte: ¿verdad Andrés Luque Gago? O, de cómo se paraba un toro de salida, manso de libro, que ya se había encargado de hacer un pozo escarbando hasta dar con la mismísima llave de paso de la boca de riego, haciéndonos presagiar que se iba a frenar en seco al llegar al capote del primer “guapito de cara” que se atreviera a llamarlo: ¿verdad Martín Recio?)

¡Cómo han cambiado las cosas, padre! Hoy, hemos llegado a conocer de la mano de algún programa radiofónico de prestigio la «Quiniela Taurina”. ¡Qué pena de escalafón, como si esto fuese la liga de fútbol profesional!

– “Perdone amigo […] ¿Cómo han estado los toros?” – oigo murmurar entre en el bar de enfrente.

– “Pues fulanito dos orejas, menganito nada y zutanito una oreja” – oigo responder.

– “To eso está muy bien amigo, pero ahora, cuénteme cómo han estado los toros” –no pregunta nadie.

– “¿Cuántos muletazos dice que le ha pegado? ¿41? […] ¡Madre del amor hermoso! – “Bueno, la verdad sea dicha muletazos, lo que son muletazos, le ha dado sólo tres. Los otros han sido treinta y ocho mantazos” –respondo, a veces.

–“Luego ha montado la espada y le ha recetado una entera desprendida. Tampoco importa: derrame y sin puntilla. Le ha cortado las dos orejas y además va el primero en el escalafón. Es un fenómeno y la verdad es que ha estado sembrao”.

– ¡Venga, échame una copa de fino y déjate ya de decir tonterías!

Insiste y le digo: – “! Sí, sí, sí, sembrado de melones! No le ha echao la pata pa lante ni una puñetera vez”.

A esto nos hemos acostumbrado. Pero yo…; yo seguiré quedándome con la calidad y, al menos, mi pañuelo seguirá siendo un pelín más caro […] que para eso es mío y lo saco si me da la gana.

Seguiré viendo toros; seguiré por siempre amando y respetando esta afición, y aunque el pasado no fue siempre mejor –hubo de todo-, en este caso me seguiré acordando de aquellos que hoy llenan las plazas de “Toros del Cielo”. Me seguiré acordando de aquellos abuelos que se llevaron los tiempos para desgracia del TOREO con mayúsculas; de aquellos «catetos ¿incultos?» que, valoraban lo que hoy pasa desapercibido para tantos «¿buenos? aficionados». En definitiva, de aquellos que les importaba un pimiento y dos tomates las orejas de un bicho muerto. Y, en cambio, ovacionaban hasta hacer desmonterarse a un peón de brega después de poner a un toro en suerte con solo tres lances despacios.

 © Toros 2.0 por Diego J Romero

 

 

 

Diego J. Romero Salado

Licenciado en Derecho y Diplomado en RRLL (Graduado Social). Programa Superior de Práctica Jurídica Forense y Asesoría Jurídica (ICIDE- centro homologado por el CGAE), obteniendo el certificado CAP (Consejo General de la Abogacía Española). Máster en Mediación Familiar, acreditación oficial homologada por la Junta de Andalucía e impartida por el ICIDE. Postgrado en Mediación Civil y Mercantil por la Universidad CEU San Pablo. Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales (Especialidades en Seguridad en el Trabajo y Ergonomía y Psicosociología Aplicada). Medalla de plata al mérito profesional otorgada por el Colegio Oficial de Graduados Sociales de Sevilla y colectiva al Mérito al Trabajo, categoría de oro. Letrado del turno de oficio del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla. Graduado Social colegiado del Excmo. Colegio Oficial de Graduados Sociales de Sevilla y vocal del consejo de redacción de la revista 'Justicia Social' del referido colegio. Tutor-colaborador de prácticas externas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla desde 2010, colaborando con los departamentos de Derecho Civil y Penal y Procesal en la impartición del practicum.

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1 comentario

  1. Muy buena crónica. Me gustaría seguirlo.
    Gracias.

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