El triunfalismo de los trileros. Por Francisco Gómez Valencia

Sánchez inagurando una fabrica de baterias feliz como una perdiz.

“Ante el triunfalismo de los trileros no queda otra que seguir contando las verdades del barquero por muy cansino que pueda llegar a resultar”

Lo hemos comentado tantas veces que, a menudo me da hasta vergüenza repetirme, pero gracias a la gestión del Gobierno se me pasa rápidamente y me armo de paciencia para volver a explicar sencillamente en que nos intentan volver a engañar.

Hace tiempo que vengo denunciando que la contrareforma laboral de la ministra de trabajo es un “bluff” en sí misma; y no lo digo porque sí, sino más bien porque uno que bucea a diario en el mercado laboral en busca de talento, contratando, despidiendo, haciendo planes de carrera y demás cuestiones que hacemos los que nos dedicamos entre otras cosas a estos menesteres, después de estudiar el proyecto presentado se nos quedó la misma cara que cuando acabamos la última página del ultimo “librillo” de Pablo Iglesias.

Y por más que busco entre los expertos de la izquierda o incluso entre colegas que opinan así para tratar de entender porque defienden tal “truño”, llego a la conclusión de que lo hacen simplemente porque están en el lado oscuro de las cosas y ya está. Decían por las redes sociales que “el problema del paro quedará resuelto cuando Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, decreten que “parado” pasará a llamarse “contrato fijo temporalmente interrumpido”. Y decía también que “habrá docenas de periodistas y expertos aplaudiendo, por no hablar de cargos públicos eufóricos”.

En el mismo sentido también decían que si quieres subir el nivel en los estándares de calidad en educación para quedar menos retratados dentro de la UE, es tan sencillo como eliminar los suspensos. Pues del mismo modo y siguiendo los mismos simples criterios, este Gobierno ha decidido que para acabar con la temporalidad lo mejor es eliminar el contrato de obra y servicio, obligando a los empresarios a disponer para contratar por el mismo motivo solo del contrato de tipo fijo discontinuo.

Los comunistas trabajando por España.

¿Tener un contrato de esta condición te hace dejar de tener un trabajo precario? No, en ningún caso. La empresa es cierto que está obligada a ofrecer trabajo en exclusiva y por el tiempo que pueda a las personas que haya contratado con este tipo de contrato, pero hasta ahí nada ha cambiado pues hasta que no se produzca el despido, el trabajador no cobrará su correspondiente liquidación, mientras que pasará entre dos o tres meses sin volver a ser llamados en el peor de los casos consumiendo tiempo cobrando el paro si tiene prestación, o viviendo del aire si no lo tiene salvo que se busque la vida en otra empresa como venía haciendo antes.

Y como las cifras del paro siguen siendo muy escandalosas aunque por la Semana Santa haya bajado un poco, gracias a la irreductible Fe cristiana, a los camareros contratados para colmar la sed del excedente de feligreses y peregrinos temporales en los bares y al buen tiempo que facilita el trabajo en la construcción, por lo demás todo el resto del mercado laboral sigue estando igual de caótico y estancado que en los meses anteriores.

El consumo está bajo mínimos y el sector de la distribución ya no sabe qué hacer para conseguir que la gente gaste en cantidades decentes aunque sea comprando marca blanca. La mayoría de los consumidores no muestran confianza en la economía ni en el Gobierno que la gestiona, sencillamente porque los precios siguen por las nubes en la mayoría de los casos y en lo más básico muy por encima de los índices oficiales del IPC, por lo tanto las grandes empresas de todos los sectores en general tienen que repercutir sus gastos corrientes sí o sí al consumidor final, de tal manera que la inflación real está por encima de los dos dígitos hace bastante tiempo.

Aun así desde el Gobierno se vende la idea de que gracias a las políticas aplicadas, el mercado laboral se está transformando en la dirección adecuada, cuando la realidad es que desde que gobierna Sánchez, hay 350.000 funcionarios más, bien sean de nueva contratación o porque muchos de ellos finalmente se han asentado en la administración por concurso oposición. Mientras el sector privado que es quien soporta a todos, ha perdido en tres años 100.000 puestos de trabajo, por lo que la situación sigue siendo insostenible, lo miren como lo miren.

Los tres años de socialcomunismo en España se reducen en materia laboral a más función pública pagada con deuda, más poder para los sindicatos en la negociación colectiva y los mismos índices de temporalidad y precariedad simplemente cambiando el tipo de contrato disponible, obligatoriamente. Es decir, están tratando de cambiar la vida de las personas por decreto, que es la manera de hacerlo que tiene esta gente.

Así y por todo esto no parece que sea la mejor manera de salir de la crisis en la que nos han metido pues decir que un contrato es mejor que otro por una cuestión semántica es una soberana estupidez, aunque no sería la primera vez que la izquierda que gobierna cree que ha solucionado los problemas de la gente simplemente cambiando el nombre de las cosas, cuando lo que únicamente consiguen es ganar algo de tiempo para permanecer en el poder al coste que sea.

Verdaderamente su espíritu triunfalista es tan necio que clama al cielo por lo burdo que resulta y el insulto que representa de cara a la inteligencia emocional de la gran mayoría de los que nos interesa la política para conseguir dar un giro radical a la actual situación. Se que es verdaderamente difícil de soportar, aunque no nos queda otra que resistir y seguir contando las verdades del barquero por muy cansino que pueda llegar a resultar.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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