En el país de los cortafuegos. Por Antonio Ramírez

En el país de los cortafuegos.

«En el país de los cortafuegos, y el incendio viene y se mantiene desde tiempo atrás, cualquier cabeza puede rodar si eso conlleva la permanencia en el poder»

Cuesta pensar, y menos asumir, que la Directora del Centro Nacional de Inteligencia tuviese o tenga algún interés particular con la aventura independentista catalana, ni mucho menos en “no molestar” a esa panoplia de socios malavenidos del gobierno central de turno.

Nunca, pese a hechos con mala praxis por un antiguo Director del CNI y que se fue a pescar con fondos públicos al África meridional, se había cuestionado de tal manera el bagaje técnico de los responsables de este servicio fundamental del Estado por mor de intereses políticos inconfesables, pero patentes.

En el país de los cortafuegos, y el incendio viene y se mantiene desde tiempo atrás, cualquier cabeza puede rodar si eso conlleva que no rueden cuesta abajo y sin frenos al despeñe los intereses de poder actuales o los que pudiesen venir. Nunca tanto, y el pasado no es inocente, los “secretos oficiales” han sido de tan dominio público y de uso por parte cualesquiera, partidista.

Si la Ministra de Defensa, que bien hay que reconocer su defensa digna, coherente y razonada, de la ahora cesada Directora del CNI, contra ella va igualmente este cese. Cuestionada está, y con dureza, por el mismo Gobierno que ampara sus responsabilidades. Inédito episodio que, seguramente, será justificado en aras de la estabilidad institucional, el momento que se vive y, en suma, el interés general, bla, bla, bla.

A su vez, tampoco y ya que hablamos de inteligencia, se puede ir contra la de la gente en general, induciendo a pensar que los presuntos momentos de espionaje al Presidente del Gobierno y Ministros, son a causa de mala obra de los funcionarios responsables del servicio de vigilar por el bien de la generalidad. Y qué duda cabe, no parece que esos momentos tengan algo que ver con que el CNI trabaje para un país extranjero o para cualquier otro fin que no sea su razón de ser fundacional. Para nada.

Así, convertida la funcionaria desde hace 40 años de labor en la casa, en este insigne cortafuegos, para no molestar más de la cuenta a presuntos, o no tan presuntos, delincuentes que fueron contra los pilares de la Constitución y contra España en sí (y que lo volverían a hacer) quizás el derrotero deba ser otro.

Los Servicios de Inteligencia son controlados por el gobierno de turno. No a su antojo, sino según los procedimientos legales. Si se pretende justificar que no estaban suficientemente bajo esa vigilancia, la responsabilidad es del propio gobierno y por lo tanto, el desenlace otro. Preocupa el marasmo neblinoso en torno a este asunto, singularmente en un momento de precariedad internacional, baja influencia exterior y países vecinos del sur de dudosa lealtad.

Pero ya se sabe, y esto sí se sabe, hay poder por medio y elecciones, también, a la vista.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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