Las criaturas buscan su infierno y lo adoran. Por Vicky Bautista Vidal

Las criaturas buscan su infierno y lo adoran

“Las criaturas buscan su infierno y lo adoran. La prohibición no sirve para nada. Tan solo para esconder el problema, que es del mundo entero”

 
Florece todo en primavera en la isla que yo habito: Tantos años ha que me he convertido en una baldosa más, en una piedra, en un árbol… Soy también aire aquí, y puedo, si las condiciones de la maceta que habito me lo permiten, hacerme una con la tierra llena de vida de esta isla desaprovechada ahora.
 
Florecen los ciclistas, los “patinetos”, los turistas de borrachera que pululan la calle del infierno (Punta ballena)… Que, ser madre en Inglaterra, puede a veces destruirte las entrañas cuando, tu obra, el pequeño que criaste, por el que te sacrificaste, y a quien creíste dar una buena educación, palma en la Isla Bonita intentando defecar desde la ventana de su hotel en un séptimo piso, ahíto de alcohol barato.
 
Que la culpa no es tuya, ni de la isla, ni es del hotel, ni tampoco de la “calle infernal”… Quizá tampoco de él, añorador del alcohol y sus consecuencias.
 
Triste destino morir aplastado en el suelo, con el culo al aire, a medias de cumplir la función intestinal del mecanismo que es.
 
Por cuestiones que no vienen al caso debo cruzar con el coche por el corazón del alcohol balear: La calle caliente, donde el destino lo prevé cualquiera sin necesidad de ser vidente. Es pronto. Ahora, van llegando los invitados a la fiesta siniestra.
 
Jovencitas bamboleantes. Piernecillas que aún no saben andar con tacones cruzan hacia el paraíso prometido. Vestiditos demasiado estrechos dibujan formas sin terminar en sus cuerpos adolescentes; y niños muy bien educados, ahora, que todavía no han probado ese alcohol que alguien les enseñó que es divertido y una forma de evadirse para contar a sus amigos cuando regresen a su país y que los convertirá en unas horas, en descerebrados zombis capaces de entregar su alma arrojándose desde un balcón en cualquier hotel de la zona.
 
Es fácil sacar el tema en una cadena de televisión acusando a alguien de tener la culpa… ¡La culpa! Esa emoción despreciable que habría que seguir hasta la raíz.
 
Las criaturas buscan su infierno y lo adoran. La prohibición no sirve para nada. Tan solo para esconder el problema, que es del mundo entero.
 
Todo lo terrible muere sin clientes. Mientras haya necesidad habrá oferta. No culpen a la oferta. ¡Culpen a la necesidad!
 
No sabemos enseñar a nuestras crías. No tenemos la inteligencia suficiente… Pero tampoco tenemos la culpa. Nuestro destino, como el de la hierba, solo depende del lugar donde la semilla germina. La rueda sigue girando.
 
¡TODOS SOMOS INOCENTES!

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales.
Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida.
Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común.
Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden.
La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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