Multiculturalismo. Por Unai Laño

Multiculturalismo.

«No todas las culturas son respetables, es más hay culturas que no tenemos el deber de respetar sino de combatir como sociedad»

África empieza en los Pirineos”, expresión utilizada por los franceses durante siglos para despectivamente referirse a España. Exacto, concretamente en su vertiente norte, de ellos para arriba.

El pasado sábado, nuevamente quedó evidenciado como Francia, si es que todavía de ella algo queda, es un Estado completamente fallido como consecuencia de la tan maravillosa multiculturalidad en la que se ve sometida desde hace ya décadas. Con titulares como “hinchas ingleses y franceses retrasan la final de la Champions”, acudieron rápidamente los medios de comunicación al rescate, dato realmente curioso si lo contrastamos con las imágenes de los asaltantes al estadio, o mucho el sol estos últimos habían tomado, o les garantizo que ni cultura ni religión comparte occidente con tales individuos. Me consta que son años difíciles para llamar a las cosas por su nombre por miedo a ser tachado de racista o xenófobo, pero bien distinta es la realidad de la calificación cuando se invierte y son los guetos o barriadas creadas las que evidencian que el racismo social de la nueva cultura empieza a someter a Europa. Francia es solamente la punta de un iceberg, el cual marca la senda a la que se encamina el viejo continente.

Aborto legal y fronteras abiertas, no se me ocurre mejor manera de sustituir a una población. Pero queridos lectores, no es necesario siquiera remontarnos al París de Macron, basta con ver ciudades como Barcelona en las cuales la inmigración ocupa ya barriadas enteras cuyos índices de delincuencia han aumentado considerablemente en las últimas décadas. Para que se hagan una idea, según datos oficiales del año 2021, la inmigración representa en España un 12,9% de la población total (5.375.917 personas). De los delitos cometidos en España el último año, el 74,5% pertenecen a españoles. Siendo un 12,9%, fueron cometidos por extranjeros el 25,5% de los delitos totales, 12,9% sin contar con aquellos que han adquirido la nacionalidad siendo también extranjeros y sus delitos se engloban en el 74,5% de españoles restante. No hay más ciego que el que no quiere ver que se trata de un problema serio y real a combatir.

En cuanto a delitos sexuales, jamás hubo en España tantas violaciones grupales como las que estamos viendo estos últimos meses, prácticamente a una por semana, en las cuales obviamente no se nos informa de las nacionalidades de los autores con el pretexto de no generar “racismo”. El porno es el nuevo culpable del aumento, el machismo que somete y oprime a la mujer consumido por varones es el que hace que diariamente nos encontramos con noticias de este tipo, tratan como verdaderos idiotas a una población en la cual dicha actividad existe desde hace siglos y no motivaba su disparo numérico. Lo que sí que todos sabemos es lo que no existía en occidente hasta hace relativamente poco mientras el porno era consumido. En definitiva, qué difícil debe de ser progre hoy en día, por un lado defendiendo una inmigración descontrolada y desordenada y por otro pretendiendo hacer creer que abanderan la defensa de la mujer, cuando tales energúmenos llenos de antecedentes sexuales previos son los que abusan de ellas.

No se trata de criminalizar xenófobamente a toda la inmigración, España también fue inmigrante, ni por asomo con las mismas condiciones ofertadas hoy en día, pero lo fue. Se trata de cultura. No todas las culturas son respetables, es más hay culturas que no tenemos el deber de respetar sino de combatir como sociedad, culturas que a diferencia de esos inmigrantes que vienen de manera legal a buscar un porvenir y futuro mejor, en lugar de obligar a adaptarse a nuestros valores, permitimos que ejerzan sus reglas, reglas que muy difícilmente en sus países a nosotros nos dejarían emplear. Reglas que ni por raza ni por nación, hacen que socialmente volvamos a un atraso social en el que sin ir más lejos ven a las mujeres como seres inferiores obligándolas a tapar parte de su cabello en público. Se trata de nuestra nación, en la que nuestras condiciones imperan, se respetan y defienden, no quedando más que la adaptación como única solución para formar parte de ella.

Desgraciadamente, el problema lejos de buscar remediarse se interesa fomentar, apesebrando voto fiel dependiente de ayudas sociales, que actúan como efecto llamada en un país que tiene más del 40% de desempleo juvenil. Pero eso sí queridos lectores, todas estas políticas llevadas a cabo por aquellos que viven alejados de la realidad social impulsores de agendas globalistas y buenistas, a derecha y a izquierda, les llegará también el día que recogerán lo sembrado y padecerán en sus propias carnes el estercolero en el que su patria han convertido.

Unai L. Matas

Mi nombre es Unai Laño Matas, tengo 20 años y resido en el País Vasco, doblemente por ello español. Defensor del constitucionalismo y la unidad de España en estas tierras hacen que mi lucha se convierta en obligación más que afición. Siempre he considerado pilar básico fundamental la batalla cultural y la no sumisión ante la izquierda. El verdadero español no lucha porque odia, sino porque ama lo que tiene detrás.

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