¿Qué más se puede pedir? Por Rodolfo Arévalo

¿Qué más se puede pedir?

«Si algo tengo que agradecer a esta vida es a mi padre, mi madre, una mujer y unos hijos que me quieren, ¿Qué más se puede pedir?»

Si algo tengo que agradecer en esta vida, aparte de que me haya ido relativamente bien, es haber tenido un padre realmente culto e inteligente. No era rico, nunca lo fue, venía de una familia de clase media con tres hermanos más y se casó con mi madre que tampoco era una mujer de grandes recursos dinerarios pero si una mujer cariñosa y buena madre, aunque a veces perdía la paciencia y la zapatilla volaba por los aires.

De mi padre aprendí que el esfuerzo y el trabajo lo es todo, es el único trampolín con el que las personas normales, de recursos normales, pueden impulsarse para dar el salto que les haga, al menos, independientes en la vida. De mi madre aprendí a no dejarme avasallar por nada, ni por nadie, ¡menuda era la Doña! La he visto salir airosa de las situaciones más comprometidas por su entereza y fuerza de carácter. Siempre me decía “hijo, si sabes que tienes razón, que tu espíritu en la defensa del asunto del que se trate no decaiga ni en el peor momento”.

En este sentido hay una anécdota que es divertida para contar. Volviendo en una ocasión de Italia, donde mi padre estaba destinado de Cónsul General en Nápoles, traía en la maleta una caja de bombones Perugina. El vista de aduanas le dijo que aquello no podía pasar, aunque se tratara de un regalo para sus hijos y otros familiares. Ante esta negativa, la buena señora optó por abrir allí mismo la caja y empezó a repartir bombones a cada uno de los pasajeros que salían por aquel lugar y luego, magnánima, se dirigió al vista de aduanas diciendo, “ve usted como pasan”.

Anécdotas como esta hay a cientos en su vida, pero como muestra un botón. A mi padre solo le faltaba voluntad para con los temas que no implicaban responsabilidad, como con su trabajo o con otras personas, por ejemplo escribir su novela, la tenía en la cabeza pero nunca la escribió, le faltaba motivación. Se distraía leyendo, su biblioteca tenía doce mil volúmenes que, en mi casa de ahora sería imposible almacenar. Esa fue una de las razones por las que a su muerte mi madre vendió la mayor parte. Yo no lo lamenté entonces, pero sí hoy en día, puesto que mi hijo ha sacado el interés por la cultura de su abuelo, pena que apenas le conociera, murió cuando él tenía apenas nueve años. Muchas veces le veo a él y veo a mi padre, lee y lee incansablemente siempre que se lo permiten sus estudios musicales, pues desea ser director y compositor, le atraen las bandas sonoras de cine y muy por encima de todo la música clásica.

Mi hija, muy al contrario que él, lee poco pero es, ha sido y sigue siendo una estudiante empedernida de sobresalientes para arriba. Esto no la hace descuidar su vida social, tiene muchos amigos y amigas, sus relaciones sociales son tantas que su agenda parece la de cualquier ministro. Tienen los dos un rasgo innato que deben haber heredado de su madre, porque de mi lo dudo, es su inteligencia, los dos estuvieron en los cursos para alumnos de altas capacidades de la Comunidad de Madrid. Al parecer guardan muy buenos recuerdos de aquellos años y de los compañeros que les rodeaban. A veces desde que estoy jubilado me han dicho “papá porque no te matriculas en una carrera” me deben ver aburrido y desanimado. Y en parte es así. Pero yo les contesto “hijos nunca he tenido una gran memoria, si he sacado mis estudios adelante ha sido porque he puesto mucha voluntad, pero con lo que me cuesta, no vale la pena hoy en día”.

Además de que no quiero hacer el ridículo con algún suspenso a los sesenta y siete años. Creo que mi tesón y cabezonería debo volcarlos en algo que si sé hacer, aunque me cuesta, escribir historias, novelas cortas imaginativas y que hagan a los lectores abandonar el mundo por unos momentos para olvidar la rutina aplastante del día a día.

Evidentemente mis lectores son escasos, pero buenos, me sobra con saberlo. Nunca seré rico con lo que escribo, mis novelas no son best seller, pero quién quiere ser rico a estas alturas de la vida en la que te has amoldado a tener un pasar decente, sin muchos sobresaltos, en el que puedas esperar tranquilamente el día de decir adiós.

Solo he sido un ser humano más con sus alegrías y tristezas, he compartido mi vida con una mujer a la que quiero y creo que me quiere y he tenido mis hijos, que son la mejor aportación que uno puede hacer al mundo y he caminado y experimentado muchos caminos y dejado pequeñas huellas que el tiempo se encargará de borrar.

No es ni muy importante ni poco, solo es la vida de una persona más que, afortunadamente por el momento, no será la última. Por todo esto si algo tengo que agradecer a esta vida, aparte de que me haya ido relativamente bien, es haber tenido un padre realmente culto e inteligente, una madre que supo meterme en vereda para dar sentido a mi vida y una mujer y unos hijos que me quieren, ¿Qué más se puede pedir?

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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