En verano hay que leer más a gente como Luis Pericot. Por Rodolfo Arévalo

Luis Pericot en Baleares. Imagen de su libro «Las Isla Baleares En Los Tiempos Prehistóricos».

«En la realidad actual, ruidosa y escandalosa por culpa de cuatro Chiquilicuatres desinformados hay que leer más a gente como Luis Pericot»

 

A veces aún recuerdo esos veranos de la infancia en la Estación del Espinar en Segovia. Los pasaba con mi padre, mi madre y mis abuelos maternos. Tengo en la mente la imagen de mi padre que subía conmigo a un pinar cercano a la casa de veraneo y allí, mientras yo jugueteaba con las piedrecitas y ramas de pino caídas, el se sumergía en la lectura.

 

El silencio, solo interrumpido por el canto de los pájaros, cuando quedábamos en quietud absoluta, era sobrecogedor. Solo el leve rozar del aire en los arboles, solía transportarme mentalmente a aquella época del pasado remoto, donde imaginada hombres prehistóricos que probablemente poblaron la zona, cazando conejos y haciendo fogatas para cocinarlos con todo su clan alrededor. Si no fue así, si lo era en mi imaginación.

 

Alguna vez le sugerí a mi padre hacer una fogata, a lo que con ojos muy abiertos se negó de plano. Dijo: “hijo eso es de locos aquí en el pinar, podemos armar la marimorena con un incendio de muerte, que ni se te ocurra, nunca” Aquel invierno anterior al estío, mi padre me llevó a compartir una comida con un arqueólogo e historiador Español de talla internacional Don Luis Pericot García, pues sabía que me interesaba por aquellos temas. Más con la inquietud e imagen de aventura que tenían esos temas para un niño de mi edad. El arqueólogo me regaló un libro sobre sus investigaciones La prehistòria de la península Ibèrica y sobre el origen de los humanos en España.

 

Recuerdo que aquel verano devoré el libro en las horas de la siesta en la que protegido de los rigores del sol, de entre las cuatro y seis de la tarde, permanecíamos en el interior de la casa de campo alquilada. Curiosamente, lo que más recuerdo, de aquellos días, era un botijo de barro de color arenoso de playa que mi abuelo solía tener al fresco de la puerta de la casa, y al que previamente había tenido con agua y anís. Le pregunté una vez la razón de echarle anís y creí comprender que era para que la reminiscencia del licor le diera al agua cierto frescor “anisado”.

 

Las puertas de las casas de los pueblos de la sierra con esas cortinas con abalorios colgantes contra las moscas, mejor dicho, para evitar la entrada de las moscas y tras los cuales estaba el botijo, guardaba la umbría del interior del salón que se mantenía fresquito, ayudado también por el grosor de las paredes de cincuenta centímetros de ancho que daban al campo, al exterior. Toda la casa permanecía en una inmóvil siesta de oscuridad con las persianas bajadas en las ventanas y en un apaciguado frescor con olor a pinos. La vivienda estaba rodeada de árboles por todas partes lo que contribuía al frescura del interior.

 

Recuerdo tener un matamoscas con el que hacía cacerías previas a la comida familiar, para evitar que nos dieran la tabarra. Nunca he soportado esos insectos que me parecen asquerosos y mientras llegaba la hora de comer o de dormir me empeñaba de tal manera en ello que la casa quedaba reducida a un sarcófago de moscas. Alguna vez pensé en que el arqueólogo Pericot hubiera encontrado allí el reino perdido de Moscatón primero de la Sierra del Espinar, pero por desgracia Luis Pericot no estaba por allí, solo estaba el libro que me había regalado y este no explicaba como acabar con un imperio Moscoso.

 

De aquellos días creo que proviene mi aversión a las moscas, aunque solo se trate de una obsesión. Acabar con ellas antes de desayunar, comer, cenar o dormir se convertía en una labor que había que ejercer sin cuartel y a costa de lo que fuera. Yo desde luego me considero el “Artajerjes” Asírio anti moscas de ayer, hoy y mañana. De hecho en la actualidad no hay nada que me disguste más que tener que comer con la compañía de tan asquerosos animales y no me importa decirle al dueño del local del que se trate que si no acaba con las moscas el que se marchará seré yo.

 

Ahora mismo tengo el despacho en una umbría agradable acondicionada con un ventilador y la persiana bajada, es mi manera de trabajar mejor y de concentrarme frente al teclado y pantalla del ordenador. Del aire acondicionado ni hablamos, y aunque lo tengo, no lo uso no vaya a ser que a Pedro Sánchez le dé un patatús de verano, que no es cuestión de eliminar Presidentes a calorazos impactantes. Para eso tenemos tiempo de ir convenciendo a Tiros y Troyanos de que nos ayuden en la tarea del derribo de las murallas hispánicas de Psoejericó, no vaya a ser que Dios o Putín o quién sea nos convierta en estatuas de sal por un quítame allá esas pajas y un no te menees que no solo te cobraré muchos impuestos, si no que te quitaré las ganas de poner calefacción este invierno por falta de posibles y probables.

 

Lo que yo decía este verano va a ir de vacaciones aunque sea al Espinar quién yo te diga y ese no voy a poder ser yo. Allende los mares, ni se me ocurre, por eso a veces aún recuerdo con nostalgia esos veranos de la infancia en la Estación del Espinar en Segovia. Los pasaba con mi padre, mi madre y mis abuelos maternos. Tengo en la mente la imagen de mi padre que subía conmigo a un pinar cercano a la casa de veraneo y allí, mientras yo jugueteaba con las piedrecitas y ramas de pino caídas, el se sumergía en la lectura. El silencio, solo interrumpido por el canto de los pájaros, era sobrecogedor… vamos ningún parecido con la realidad actual, ruidosa, trepidante, disonante, escandalosa a más no poder, por culpa de cuatro Chiquilicuatres desinformados y desculturados, hay que leer más a gente como Luis Pericot.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

Artículos recomendados

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: