Reflexión sobre la realidad en la red y el metaverso. Por María del Mar Codeseira

Reflexión sobre la realidad en la red.

«Entramos en una vorágine legal de entender qué ley aplicar a contratos generados en el metaverso y los posibles delitos que alli se cometan»

Ya estamos al corriente del término ”META”, sobre todo por ser la nomenclatura que el creador de Facebook ha elegido para todo su imperio. El término engloba todo lo que se crea y tiene entidad de forma digital y carece de entidad física.

Las redes sociales nos devuelven a modo de revulsivo todo lo que en ellas ingresamos: lo que se llama nuestra realidad ficticia que ya nos ha retratado como persona: sexo, edad, gustos e intereses de cada día y hora de nuestras vidas. Nos ha traido ventajas, sí, pero cuando ya se esté usando nuestra pupila, un guante o incluso un traje que físicamente nos genere un tacto real. ¿Qué privacidad vamos a tener? O lo que es más preocupante, ¿Qué consecuencias de lo que nos hagan o hagamos en esas realidades metavérsicas? Se me ocurre un simple ejemplo: un avatar que golpea a otro, le agrede sexualmente, le lleva a engaño con objeto de una estafa. Podemos pensar que eso está solo en el cine. Y no.

Tenemos a nivel nacional una Ley de Protección de Datos, un punto de partida ya escaso para afrontar todo lo dicho. El parlamento de La Unión Europea, a propuesta de la Comisión elabora ya una Ley de Mercados Digitales, con su Reglamento de Inteligencia Artificial y Reglamento MICA (Regulación de Mercados Microactivos).

Otro supuesto es ser titular de un derecho digital y la usurpación del mismo. Se les denomina NFT`s (Not Fungible Token) o certificado digital de autenticidad (imagen, video, texto, archivo) cuyo verificación acredita que tal pieza no se va a duplicar. Podríamos decir que es una forma de criptoarte y venderla está generando un mercado digital muy lucrativo y también susceptible de usurpar.

Entramos entonces en la vorágine legal de entender qué ley aplicar a contratos generados en el metaverso: Dónde se comete el delito; dónde estoy comprando si la realidad virtual donde puedo adquirir un derecho tiene el servidor en el otro lado del mundo o dónde tributa esa operación. Ahora mismo se hacen ya compraventas de propiedades inmobiliarias virtuales.

Todo lo anterior pasa por lo que ya manejamos un alto porcentaje de la población: Su identidad digital o firma, cómo protegerla, ya que los mecanismos que existen no son totalmente seguros. Actualmente la Guardia Civil y Policía, aun creando unidades de ciberdelincuencia están muy lejos de aplicar la detención y puesta a disposición judicial de una entidad inventada, no por menos irreal. Ahora bien sí pueden camuflarse para investigar en las redes sociales o con avatares “cibervigilantes”. La dificultad, identificar a quien está detrás de un dominio que puede ser duplicado, triplicado…y más.

Los puntos básicos de cualquier regulación, a modo de ejemplos serían:

Partir de la premisa necesaria ha de ser que lo que es delito en el mundo real también es en el mundo virtual, y que el avatar no deje de ser una representación ficticia de un sujeto real.

Ha de poner límite y cuanto más a las asociaciones que en el mercado inmobiliario virtual se agrupan para operaciones que un individuo no puede sostener, aunque los ciberbancos ayuden a controlar las entradas de pagos.

Prohibir reclamos ciberpublicitarios y ofertas comerciales que pidan datos personales

Limitar que las grandes plataformas (Facebook, Google, Amazon…) impongan su normativa, porque en tanto lo hagan, dejarán fuera la regulación general protectora; por lo que una norma marco se impone.

Eficacia en el control, igual que se detecta un virus informático, una transacción engañosa o delictiva tendría que ser identificada al instante, haciendo que el enlace pasara directamente a un servidor de investigación.

La protección legal siempre es reactiva y tardía a la realidad social, por lo que, aunque de otras cosas no estemos tan conformes, la regulación multinacional es imprescindible, y si fuera mundial, como lo es el ya antiguo código de la circulación, mucho mejor. De momento tenemos a la Unión Europea que suple el déficit de nuestros menguados dirigentes (a los que solo su propia superviviencia importa) y mantiene la dignidad de la persona en su centro de interés.

Maria del Mar Codeseira Campazas

Máster en Dirección de Personal y Desarrollo de Equipos por la Universidad de Valladolid y Master en Derecho de Empresa en Confederación Española de Asociaciones Empresariales por la Escuela de Práctica Jurídica UNED, he realizado además diversos cursos de especialización en materias jurídicas en instituciones como el Colegio de Abogados de Madrid o Consejo General de la Abogacía. Me inicié profesionalmente en el Servicio de Orientación Jurídica para el Colegio de Abogados de Madrid, prestando servicios en Juzgados de Plaza de Castilla y Juntas Municipales de distrito. He participado además en la redacción de artículos legales para la revista jurídica Usus Iuris y premios Secciones del Colegio de Abogados de Madrid y ejerzo de Abogada desde 1993, principalmente en materia civil y socio-laboral para autónomos y pymes. Adscrita a Turno de Oficio social, civil y penal.

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