Guerra contra los muertos. Por José Crespo

Guerra a los muertos. Fotografía de la Hospedería de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (Madrid)

«Los herederos políticos de los que perdieron la guerra hace más de 80 años han iniciado una absurda guerra contra los muertos»

Es evidente que toda guerra se hace contra los vivos, no contra los muertos. Convendría que los saqueadores de tumbas, los ansiosos de la profanación recordasen aquel hecho ocurrido tras la victoria de emperador Carlos I de España y V de Alemania sobre las fuerzas protestantes en la batalla de Mühlberg durante la guerra de Esmalcalda (1546/47). Tras la entrega de la ciudad de Wittenberg el 23 de mayo de 1547, se dice que algunos de sus generales pidieron al emperador Carlos abrir la tumba del hereje Lutero, aventar sus restos y entregarlos a la hoguera a lo que el emperador habría respondido: «Ya ha encontrado a su juez. Yo hago la guerra contra los vivos, no contra los muertos«.

 

Se dice también que que el emperador conocía que el cadáver de Lutero habría sido sacado de su tumba por precaución, y trasladado a un lugar conocido sólo por muy pocas personas. Cierta o no aquella sentencia imperial, la verdad es que el emperador pudiendo haberlo hecho no permitió el saqueo de la ciudad y menos de la tumba pues tras la apertura de la misma en la iglesia del castillo, realizada el 14 de febrero de 1892 se comprobó que allí descansaban los restos del reformador.

 

Creo que es una lección para Sánchez y su corte comunista, heredera de los que perdieron la guerra contra Franco. Dejemos claro que Franco derrotó al comunismo ideología que nada tiene ni ha tenido nada que ver ni con la libertad ni con la democracia, y ahí está la prueba con decenas de millones de muertos a sus espaldas. El Frente Popular solo pretendía convertir España en una república socialista soviética en cuyas instituciones sólo ordenase la bandera roja tal como soñaba Largo Caballero.

 

Han pasado casi cinco siglos y hoy en España la izquierda revanchista de socialistas, comunistas e independentistas que hoy gobiernan España, no encontramos ni un ápice del sentimiento de nobleza y dignidad que mostró el emperador. Quizás deberían recordar aquello de «Paz, piedad y perdón» que es como se conoce aquel discurso pronunciado por el presidente de la Segunda República, Manuel Azaña, el 18 de julio de 1938 en el Ayuntamiento de Barcelona, a los dos años del comienzo de la guerra civil. Discurso que contiene un mensaje de reconciliación elaborado con la intención de preparar a la opinión pública para lograr una mediación internacional y no prolongar la guerra que decididamente provocó la guerra civil tras sembrar el odio entre españoles.

 

Hoy, ante la incapacidad de unos niñatos criados a los pechos del odio quieren ganar una guerra reescribiendo la historia, para ello los herederos políticos de los que perdieron la guerra hace más de 80 años han iniciado una absurda guerra contra los muertos y para ello no les importa actuar en templos sagrados, esos templos que quemaron y de cuyos restos humanos hicieron mofa profanándolos y fotografiándose con ellos.

 

Ya sacaron al general Franco, héroe militar que antes del alzamiento recibió la Legión de Honor Francesa, que tanto tiempo y esfuerzo llevan perdido algunos para que se la arrebaten. Ahora quieren sacar a José Antonio Primo de Rivera y «resignificar» el Valle de los Caídos, símbolo de reconciliación al amparo de la Cruz más grande del mundo y que si tuviéramos políticos de talla, con visión de futuro y perspectiva de conjunto bien podría ser un Memorial militar dedicado a los Caidos por España en todas las guerras de nuestra Historia.

 

En esa carrera de la profanación hace unos días se llevó a cabo la exhumación de los restos del general Queipo de Llano, y también se anunció, que quieren sacar del Alcázar de Toledo los del general Moscardó y Jaime Milans del Bosch. Con ello pretenden conseguir lo que no consiguieron durante la brutal guerra civil provocada por ellos, es decir, expulsar a los defensores del Alcázar, sobre la base de una orwelliana disposición, que no merece llamarse ley si ello quiere significar «Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados« como es la «ley de memoria democrática«, que nada tiene que ver con la memoria y menos con los conceptos de reparación ni de reconciliación, que ya hicieron mis abuelos, ya que quiere borrar la historia y reescribirla según su propio deseo, y por supuesto menos tiene que ver con la democracia.

 

Esto ocurre cuando las leyes no emanan del Valor más importante que debe regir nuestras vidas, pensemos como pensemos, igual, parecido, diferente o radicalmente opuesto, me quiero referir al Amor, del que derivan todos los Valores, como el sacrificio, la generosidad, la entrega… Cuando no es la nítida luz del Amor la que nos alumbra el camino sino la que en penumbra nos arroja al tortuoso laberinto de espejos creado sobre las 3R, rencor, revancha y resentimiento, entonces caeremos víctimas bajo la herramienta de las 3M, la mentira, el miedo y la manipulación, y en esas estamos.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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