Conversaciones en el andamio: Loco por el gim. Por Francisco Gómez Valencia

Conversaciones en el andamio. Loco por el gim.

– ¡Bueno, bueno: que alegría de verte!

– ¡Hooolaaa, te veo muy bien!

– Pelín pasado de peso, pero mira; acabo de venir del gimnasio Marbella, ahí al lado del intercambiador y he pillado una oferta de seis meses por 119€ con IVA ¡Un chollazo que flipas!

– ¡Ah que bueno! ¿Qué, te vas a empezar a machacar?

– Bueno todavía no porque me tengo que equipar bien y vale una pasta ¿sabes? Zapatillas, chandal, camisetas, pantalones cortos, calcetines, mallas, yo que sé: ¡unos mil pavos!

– ¡Mil pavos! ¿Pero tú que pasa que no tenías nada preparado y haces como el Gobierno: improvisar, soltar la pasta y luego ya veremos a ver?

– Que sucede: ¿que tu nunca has gastado sin tener un plan?

– Pues mira precisamente esta mañana he llenado el deposito y he palmado los 20 cts. por litro, y no lo tenía previsto…

– ¿Ves? A mi eso no me pasa; yo siempre echo lo mismo, 20€. A mi no me la pegan, yo controlo muy bien mis gastos…

– Ya veo ya…

Feliz día de San Adriano.

Españistan 09|01|23

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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