Hay muchos Otto Piffl en la España de nuestros días. Por Rafael Gómez de Marcos

Hay muchos Otto Piffl en la España de nuestros días

«Hay muchos Otto Piffl en la España de nuestros días. Se les identifica por su escaso sentido del humor y su afición desmedida por la retórica»

La identificación de la izquierda con la cultura ha sido uno de los clichés propagandísticos que más éxito han tenido ya desde mediados de los años 60. La RAE dice que la cultura es el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico, cualquier democracia real debería fomentar, auspiciar y celebrar que sus ciudadanos fueran cuanto más cultos mejor. No creo que los políticos en España hayan tenido en general el más mínimo interés en que esto sea así. La primera y sangrante prueba de lo que afirmo es su incapacidad a lo largo de estos años para ponerse de acuerdo en cuál debería ser el modelo educativo, piedra angular sobre la que edificar la cultura de cualquier país.
Pero quiero dejar claro que coincido con Ortega y Gasset cuando expreso «Ser de la izquierda es, como ser la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral» Y que todo lo que no es izquierda no es derecha, y que el centro político es una entelequia y el centrismo como ideología no existe. Dicho esto, la cultura no es ni de izquierdas, ni de derechas, ni de “centro”, ni de ninguna parte. La cultura es una de las manifestaciones que tiene el ser humano y el ser humano, estructuralmente, no tiene nada que ver con las ideologías. No pertenece a los que se llenan la boca con ella y les importa un pimiento y esos pueden pertenecer a cualquier partido.
Yo desconfío por igual, tanto de los que desde las instituciones, desprecian la cultura, como de los que dicen apreciarla. Como dice el viejo Aristóteles, uno es lo que hace y no lo que dice. Y ahí nos encontramos con contradicciones primordiales entre los artistas que se autonombran de izquierdas. La Cultura siempre ha defendido el libre pensamiento y la libertad de expresión. Hay países que tomaron como esencia de sí mismos estos principios y hay otros que fueron más renuentes a este derecho ciudadano, caso de nuestro país.
En España, el debate en los medios (y en la calle) sobre la relación de la Cultura con la Izquierda política se suele referir a las declaraciones de algunos actores o cantantes populares, a la cuestión de si esos actores o cantantes se mueven por altruismo o por interés y si el gobierno de turno los trata mejor o peor en función de sus simpatías. Me parece que este tipo de planteamiento distorsiona y trivializa completamente el debate porque reduce la Cultura al Espectáculo. Parte de esa izquierda que se arroga la defensa de la cultura, las letras y las artes ha vetado a nivel nacional la vuelta del Lazarillo, de Cervantes y de la Generación del 27, entre otros, los programas nacionales de Literatura, los de Grecia, Roma, Egipto, Bizancio, el Reino Visigodo, la Reconquista y un largo etcétera en los temarios de Historia.
España es una construcción romana, cristiana y occidental, y eso para la izquierda no es sino la Historia de la opresión y las luchas de poder. La izquierda no se siente heredera ni de la revolución de Cádiz ni de la Restauración; no hablemos ya de la Reconquista. Y así lo ha demostrado siempre: el PSOE ha permanecido al margen de cualquier sistema representativo desde la Restauración Canovista (recordemos la amenaza de muerte de Pablo Iglesias hacia Antonio Maura) hasta Largo Caballero y el golpe del 34. Un rechazo a unos contenidos que reflejen la herencia cultural española se debe sencillamente al rechazo de la izquierda hacia esa construcción nacional occidental llamada España, con la disculpa que todo suene más interactivo y participativo. Un camelo.
Hay muchos Otto Piffl en la España de nuestros días. Se les identifica por su escaso sentido del humor y su afición desmedida por la retórica. Algunos salen a la calle para participar en las algaradas, creyendo que están reviviendo el espíritu de la Revolución de Octubre. Piensan que la insurrección callejera es el preámbulo necesario a la revolución del proletariado, que cumplirá el sueño del Mayo del 68: ahorcar a todos los burgueses con sus propias tripas. Eso sí, casi todos acaban como Otto Piffl (Uno, dos, tres de Billy Wilder), disfrutando de los privilegios de la vida burguesa, felizmente casados y con una larga hipoteca (o herencia) que les permite establecerse en un chalet con barbacoa y piscina o en un piso del barrio de Salamanca.
El conocimiento científico no es ni de derechas ni de izquierdas, la ciencia no es patrimonio de la izquierda, la ciencia tampoco está en el ADN de la izquierda, la izquierda no nació de la ciencia, ni la ciencia es de izquierdas. La ciencia existió durante siglos sin necesitar izquierdas ni derechas, creciendo en cada época en la medida de sus posibilidades técnicas y del conocimiento acumulado. Punto en el que debemos acordarnos del fracaso del lysenkoísmo, otra perversión de la ciencia para hacerla servir como excusa de un sistema ideológico, político y económico, sencillamente porque era pseudociencia. Quienes nunca aceptarán la ciencia, son aquellos que no tienen sus ideologías solo para consumo propio, sino que viven con la aspiración de imponerlas a quienes piensan de otro modo. Estos, los de mentalidad autoritaria, siempre pervertirán la ciencia para sus propios intereses, sean de izquierdas o de derechas.
El error es confundir progreso con progresismo. O ciencia con ideología. Las lecturas de Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y de 1984 de George Orwell, resultarían de gran ayuda para comprender lo expuesto.

Rafael Gómez de Marcos

Enamorado de la vida, reivindico mi infancia, mi verdadera patria, tres pilares, El Capitán Trueno, The Beatles y Joan Manuel Serrat, me fascina la ópera, me encanta bailar bachata y considero que decir cine americano es una redundancia. TVE no vio en mí ningún talento tras más de treinta años de servicios, Talento que me concedió la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión en reconocimiento a mi trayectoria profesional. Nunca he estado afiliado a ningún sindicato y jamás he militado en ningún partido. Mi cita de bandera es una frase de José Ortega y Gasset: "Ser de la izquierda es, como ser la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral".

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