Conversaciones en el andamio: Parida por Ley. Por Francisco Gómez Valencia

Conversaciones en el andamio. Parida por Ley.

Es domingo, la hora del aperitivo y lo que caiga en el legendario bar del ranita. A tope de gente y a tope de ruido. No hay dolor, total: al fondo, en el plasma gigante donde vemos los partidos, sale sanchinflas haciendo aspavientos y poniendo caritas rodeado de focas aplaudiendo…

En el bar, nadie le hace caso.

-¡Y a_ora, que _ dos __pañeros y __pa_eras la _ RI_DA_ __rá POR LEY! Suelta el Sánchez…

– Y salta Pepe: ¿Parida por Ley?

– ¿”Comorrr”? –dice Manuel–.

– ¿Qué si ha dicho parida por Ley? –Replica Pepe–.

– ¿Parida por Ley? –Repregunta Rafa–.

– Será que cada Ley es una parida –asegura Josito–.

-Jajajajajaja (carcajada general)

– O que va a ser obligatorio ahora también parir por Ley –elucubra Manuel–.

– ¡Ya verás la Mari…! –Se oye de fondo– Jajajajajaja (carcajada general).

– ¡Noooo! La Mari va por cesárea el 23 se ponga como se ponga el Sánchez –asegura Rafa–.

– Igual es que va a repartir más dinero por Ley –asegura de nuevo Manuel–.

– ¡Que no tío: que ha dicho parida, que repartir ni que repartir…! –Asegura Pepe–.

– ¿Seguro? –Pregunta Josito–.

– Tío no sé: me haces dudar. Con tanto ruido no se ha oído bien pero “asín” de refilón, me ha parecido parida por Ley –dice Pepe–.

– ¡A ver… una de bravas, otra de rabas, los torreznos, tres cañitas , un vermú y el refresquito “pal” niño!

– ¡Ranita tú que oyes bien! ¿Qué ha dicho, parida por Ley? –Pregunta Josito–.

– ¿Parida por Ley? Jajajajaja. No hombre: paridad por Ley –asegura el Ranita–. Está noche cierra la Sole. Jajajajajaja.

– ¡Tus muertos! –Grita la Sole, desde los mandos de la freidora al fondo de la sala del consejo de administración–.

– ¡Ah, coño! Paridad por Ley.. ¡Buff! –Resopla Pepe y con un torrezno en la mano va y suelta– ¿Paridad los puteros? “Manu militari” con ellos: “cago en dioro”.

– ¿Ves? Lo que yo te decía: parida por Ley –responde Rafa, asintiendo de tal manera, que le mete un cabezazo al plato las bravas pero sin soltar la caña, eso sí–.

– ¡Eeeeehhh, eeeehhhh “cuidao” con las Ray-Ban tronco, que me has puesto perdido del tomate las bravas mamón!

– ¡Hostias las Ray-Ban!

– jajajajajaja ¿Ray-Ban? Del mercadillo…

– Jajajajajaja. Pues habíamos escuchado bien a la primera. ¿A qué si niño? –Pregunta Pepe–.

– ¡Ranita: que no te enteras… vente acércate anda y limpia aquí majetón! –grita Manuel, palillo en boca–.

– ¿Pero que ha “pasao”?

– Jajajajajaja –“sescojonan” todos incluido el niño que anda mas concentrado en zamparse todas las rabas, que en la parida de la paridad–.

– ¡Niño que luego no comes en casa y tú madre me cruje! – Dice Rafa–.

– Dale niño, no pares. Ahora os pongo más pan y otra de bravas ¿no? –dice el ranita-.

– Y otra de beber… Come niño, come, que si eso se piden más… jajajajajaja –le dice el padre –.

Feliz día de San Adriáno de Cesárea

Españistan 05|03|23

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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