Don Narciso y el Clan de las Enredaderas. Por Antonio E.

Don Narciso y el Clan de las Enredaderas.

«El que vino a refundar la transparencia, la prostituyó hasta la náusea, dejándola a las puertas de la casa de socorro, desnuda y medio muerta»

Lo normal, lo lógico, lo deseable en un buen gobernante, es que éste se rodee de los mejores, de los más cualificados, de los más capaces, incluso de aquellos que, sin tener títulos rimbombantes, tengan la suficiente integridad moral como para dar cauce a lo único que no se puede estudiar en ninguna parte, sentido común, eficacia y rectitud. Sin embargo, cuando el encargado de hacerlo, es un tipo incapaz, inútil, un figurón empedernido, un sectario de taberna, un cursi sin fronteras, un sociópata enamorado hasta las trancas de sí mismo, en definitiva, un amoral sin escrúpulos, el asunto cambia radicalmente.

En este caso, lo que hace un individuo de esa calaña es conformar un equipo con sectarios maleables, inútiles advenedizos, también con correveidiles apesebrados, adornado de sujetos y sujetas zafios toscos y zascandiles, resumiendo, se rodea de elementos cuyo nivel es francamente mejorable. Es más, los escoge a su imagen y semejanza, preferentemente cínicos y chanchulleros.

Don Narciso escoge a sus esbirros sabiendo de antemano que nunca le llevarán la contraria, que jamás alzarán la vista ante su arrogante figura, y que jamás dirán nada que vaya en dirección contraria a lo que su amo “piensa”. Un equipo compuesto de floreros de todo a cien, en el cual sólo cabe poner flores de plástico. Parafraseando a BernardSu excelencia Don Narciso, nunca admitiría… que otras flores opaquen su grácil presencia.

En el caso que nos ocupa y preocupa, el peor enemigo de Don Narciso, es él mismo. En los anales de la historia no ha habido jamás un hombre cuya palabra esté más desprestigiada que la de este deleznable sujeto. Miente a todas horas, miente mañana y tarde, de madrugada y al amanecer, incluso se miente a sí mismo, miente hasta a su propio espejo ¿Cómo no iba a mentir también a los que le votaron? Concluyendo, la palabra de Don Narciso nunca cotizará en bolsa, es como una de esas empresas que aun antes de nacer, ya han confeccionado su propia esquela.

La mentira como método, el sistema a los pies de un truhan ensoberbecido ¿Qué más podía ansiar un recalcitrante embustero? Engañar hasta a su conciencia, sólo está al alcance de algunos elegidos, elegidos para pasar a la historia de los sin vergüenzas sin conciencia.

Otra cosa es que en su empeño triunfe, en este caso cabe decir que sólo engaña, a los que paga por dejarse mentir. El resto se reparte entre los que se dejan, y los que no pueden hacer otra cosa que dejarse mentir, ya que su soldada depende de ello, y de Don Narciso y sus enredaderas.

Si alguien piensa que Don Narciso no está al tanto de todo lo que ocurre a su alrededor, se equivoca. En su satrapía particular nada se mueve sin su aquiescencia, y mucho menos en su partida, ya que su partido feneció de indignidad cuando no lo expulsó a patadas por cómo se había comportado con él. Eso no significa que exonere a su partido, principio y presente de algo tan anacrónico y pestilente, como un pagaré firmado por cualquiera de sus antiguos referentes.

Don Narciso se hincó de rodillas, ante todos los que vivían de infringir el código penal. Se erigió como redentor de chequistas y revolucionarios de tasca, de criminales y demás chusma infecta e infecciosa. Había que remontarse muchos años atrás, para encontrar a alguien tan sumamente obsequioso con rufianes, delincuentes y escombros, en suma, deshechos de muladar.

Don Narciso fundó su propia cohorte de aduladores, hizo su particular casting entre reconocidos aduladores idiotas y fracasados, tan ávidos de medrar en vidas ajenas, como de inflar sus cuentas corrientes. Si San Pedro fundó la Iglesia, Don Narciso hizo lo propio, fundando su propia Leibstandarte, naturalmente sin las connotaciones trágicas de aquella.

El que vino a refundar la transparencia, la prostituyó hasta la náusea, dejándola a las puertas de la casa de socorro, desnuda, magullada y medio muerta. El sistema fue muy sencillo, para los sátrapas siempre lo es: configuras lo que quieras, con los elementos que tu elijas y les pones a trabajar bajo tus órdenes. Las reglas estaban para saltárselas, o para derogarlas, o como en su caso, para servirse torticeramente de ellas.

Últimamente Don Narciso habla mucho de la “patria”, que nadie piense que su “patria” es la Patria que todos conocemos, él se refiere a su “patria” particular. Todo lo que Don Narciso dice hay que entrecomillarlo, es la única forma decente de entender lo que dice, lo que piensa, y lo que trama. Una advertencia a sus exégetas, si no quieren volverse locos, adopten mi consejo, a diferencia de lo que ellos acostumbran, es gratis.

Hasta el tirano más repugnante tiende a defender una pizca su “patria”, este no, al contrario, la vende y la traiciona a diario si con ello gana un minuto en los noticieros. En su boca la palabra patria suena raro, tan raro como oír a un borracho recitar un trabalenguas.

El que vino a combatir la corrupción no dudó en unirse a ella, con tal de sentirse como el Tito Berni, rodeado de gráciles y obsequiosas rameras. Cada día que pasa le sitúo más en las páginas de sucesos, en otras no. Hace unos días aludió a que le gustaría pasar a la “historia” de no sé qué manera, le auguro que no será así. A la Historia, con mayúscula, pasan los grandes hombres, las grandes figuras, los grandes estadistas, nuestros grandes conquistadores, navegantes, militares y personas ilustres de las ciencias y la cultura, aquellos que hicieron grande a España. Los traidores, los menguados, los cobardes, las ratas, los malversadores, los criminales etarras, pederastas, politiquillos y fulandangas, chorizos y nazionalistas, basura y zorras baratas, todos ellos pasarán a la única “historia” que podrían pasar, a la de las cloacas.

Siento ser tan reiterativo con esta temática, pero ante este chorreo de escándalos, lo primero es lo primero, y lo primero, no aguarda.

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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