
«Finalmente, parece ser que don Narciso aceptó reunirse con Joe Biden, en la Casa Blanca: resolvió no hacerle un feo, al pobrecito»
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Finalmente, parece ser que don Narciso
aceptó reunirse con Joe Biden, en la Casa Blanca:
resolvió no hacerle un feo, al pobrecito,
pues le afectan los desaires lo que no está escrito
y hasta temieron que pudiera llegar a estirar la pata.
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Biden, en reciprocidad, se vistió con sus mejores galas
y fue, la Casa Blanca, un hervidero de parabienes;
que no se recibe todos los días a personalidad tan magna,
como lo es, a todas luces, nuestro insigne presidente.
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Téngase en cuenta que pronto presidirá, España,
el Consejo de la Unión Europea: al cabo, es lo que toca;
de suerte, pues, que al yayo Biden no le queda otra
sino postrarse a los pies de dignidad tan docta,
por más que, a sus 80, tenga hecha puré la espalda.
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Pese a que el Sr. Sánchez se andaba con muchas prisas
-dejó en España asuntos ineludibles y muy serios-,
se le sirvió un refrigerio, con las viandas más exquisitas;
y, según ha trascendido, no dejó, el tío, ni las migas;
pues en el viaje nada comió porque se lo pasó durmiendo.
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En definitiva, hay que congratularse de que Sánchez
aparcara, siquiera 24 horas, su empaque habitual;
no en vano considera él, con su empatía proverbial,
que también los mandatarios simplones e ignorantes
de países lejanos, atrasados o algo extravagantes,
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tienen derecho al honor de recibir al presidente Sánchez,
siquiera sea en una visita relámpago presidencial.
Por fortuna, no obstante, le tendremos de vuelta cuanto antes. ¡Menos mal!
Con todo, se comenta que pese a encuentro tan breve
se dieron momentos de lo más delicados y tirantes.
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Verbigracia, cuando a Mr Biden, inelegante, le dio por soltar:
-Por cierto, Pedro: ¿Qué será de vuestra tan consolidada democracia
-que nada tiene que envidiar a la que en EE.UU. hay-,
si, a las elecciones por celebrar en España,
hay partidos que presentan, con toda la cara,
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a candidatos con delitos de sangre… y tal y tal.
¡Y yo que me quejo del puto Trump!
Por un instante, pareció que hasta podía cortarse el aire
y una mosca que revoloteaba dejó súbitamente de volar:
Por cierto, Joe: en el Capitolio de California,
¿sabes tú, por un casual, qué diantre fue
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de las estatuas de Colón y la reina Isabel?
Cuentan que a Biden se le puso cara de ausente.
Y le endilgó al presidente Sánchez, de repente:
-Con franqueza, Pedro: no la conozco a ella ni le conozco a él.
Y aunque nuestro dignísimo presidente
estuvo a un tris de quebrársele la quijada,
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irguió la figura, apretó el nudo de su corbata,
«miró al soslayo…, fuese… y no hubo nada.»
Y ya disculparán que acá les traiga
el tan famoso verso de Cervantes;
pero, dado que la cosa casi presagiaba sangre,
no quería sino dejarles la cosa clara:
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no llegó la sangre al riachuelo
pese al cruento y delirante duelo
de tan desmesuradas petulancias.
Y quedó, allí, así constancia
de su patético talante de reyezuelos.
¡Vaya: no se sorprenden ni pizca, veo!
Por supuesto: son Uds gente avispada
y nada les sorprende que diga de ellos.
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De otro lado, ¿a quién habría de extrañar
su evidente antipatía y su mutua desconfianza:
Joe está claro que a Pedro envidia su juventud y su prestancia.
¿Y Pedro: en qué fuego arde su recelo y su ciclópea fatuidad?
¡Claro: a él, los españoles están a punto de darle por saco;
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mientras que ese triste vejestorio, ese jodido yayo,
hasta los 86 años, nada menos, pretende gobernar!
¡Ah, y qué mala es la envidia, y qué mala la codicia,
cuando una y otra no son sino fraudulentas ‘coronas’
con las que uno ansía desesperadamente ‘reinar’!
