Hay quienes piensan que escribir no es trabajar. Por Rodolfo Arévalo

Hay quienes piensan que escribir no es trabajar.

«En realidad supera cualquier otro esfuerzo, escribir te hace sentir, sufrir, llorar, reír, tan vívidamente mientras estás imbuido en tu historia»

Hay quienes piensan que escribir, tanto artículos, como periódicos, novelas, cuentos, informes, etcétera, no es trabajar. Deben pensar que lo que no hace sudar no lo es. En este sentido, montar en bicicleta unos cuantos kilómetros los domingos por la mañana, debería ser trabajo y no solaz. Para mi lo es, trabajo. No me divierte nada ver el camino que se estrecha unos kilómetros más adelante, haciendo infinito el recorrido, que no lleva físicamente muy lejos, salvo que estés de vuelta al mundo. Además este ejercicio cansa en demasía a las personas que no hacen ejercicio diario. Para mi que la obsesión por machacar tu cuerpo con duro ejercicio, es una especie de patología, “vigorexia” pura y dura.

 

Que sí, que está bien en la juventud, tiempo en el que tienes que quemar las ansias que tu cuerpo te transmite, pero que luego, si tienes un trabajo intelectual sobra porque, ya se queman calorías con el pensamiento profundo. Cree alguien, de verdad, que resolver problemas, tomar decisiones, leer informes, incluso libros que implican discurrir acerca del texto que se lee, no quema calorías y desgasta. Gran error, lo hace y a veces de manera tan profunda e intensa que puede llevar a la locura, ya lo cuenta Cervantes en Don Quijote, que solo leía para su fortuna novelas de caballerías. Pues imaginad a alguien que solo lee textos como la “Critica de la razón pura” ¡Ardiendo! En llamas saldrá como no se tome unos cuantos refrescos al terminar.

 

Optar por el ejercicio fijo o intelectual solo dependerá del interés que tengan los individuos por el mundo. Si solo quieres observar bonitas estampas naturales, tiene dos opciones, o tomar la bicicleta o ver fotografías del National Geographic. Bueno, miento, también puedes tomar un avión, un tren, un vehículo automóvil o simplemente moverte lejos con la imaginación.

 

La imaginación, no debe de ser algo innato a muchas personas, porque está claro que si lo fuera, en general los humanos deberían ser mucho más prudentes de lo que lo son. Ir en automóvil a más de ciento veinte por una autovía puede ser peligroso, no por uno mismo, que puede tener mucha pericia en la conducción, sino por los otros conductores que pueden tenerla o carecer de ella. Bastaría con dar clases de capacidad de imaginar, recordar a las personas su capacidad infantil para creer en los mundos fantásticos e imaginar los cuentos.

 

Un cuento podría ser para los más arriesgados, que su coche se sale de la carretera, da un golpe en la valla de protección y sale proyectado por el aire a cinco o seis metros de distancia volando por los aires, con el consiguiente posterior castañazo en el suelo. Lo siguiente imaginado podría ser su cuerpo sangrando como el de un cerdo degollado, tirado en el interior del vehículo que se ha incendiado y del cuál le es imposible salir. Bonita imagen verdad, bonita para imaginar y prevenir, no para vivir ¿verdad?

 

Es verdad que hay que ser agua y adaptarse, fluir, pero dentro de un orden, si no es así, no solo no se puede vivir en sociedad, sino que es muy probable que tampoco se pueda autónomamente, el riesgo de muerte es demasiado alto. Lo bonito de tener imaginación, efectivamente no es que puedas imaginar el accidente y cómo quedas tirado dentro de tu coche. Lo bonito realmente es que sientas como te duele el cuerpo, como la dislocación de un hombro te está haciendo polvo, como tu pierna está aplastada entre los hierros de la carrocería y no puedes salir de allí mientras ves cómo del depósito de gasolina sale el combustible y se acerca peligrosamente a algunas llamas que se han producido por el roce del metal de la carrocería sobre el suelo.

 

Entonces recuerdas como gritaban de dolor los condenados a muerte en la hoguera, y como ellos no puedes hacer nada para evitarlo. Pues eso, habría que amoldarse antes acatando las restricciones, y padecer solo de los imprevistos por azar, porque el azar existe. Pero de ninguna llamarlo a voces como queriendo decir, aquí estoy yo, soy sobrehumano y nada ni nadie puede conmigo, esa es una realidad infantil, pero ciertamente no una realidad adulta.

 

Hay quienes piensan que escribir, tanto artículos, como, periódicos, novelas, cuentos, informes, etcétera, no es trabajar. En realidad supera cualquier otro esfuerzo, escribir te hace sentir, sufrir, llorar, reír, tan vívidamente mientras estás imbuido en tu historia que, en ese momento la ficción imaginada supera la realidad, y ríes, sufres, eres feliz o lloras, porque cruzaste la cortina que separa muy finamente la coraza de la supuesta realidad. Deben pensar que lo que no hace sudar no es trabajar. En este sentido, montar en bicicleta unos cuantos kilómetros los domingos por la mañana, debería ser trabajo y no solaz. Para mi lo es, trabajo. No me divierte nada ver el camino que se estrecha unos kilómetros más adelante, haciendo infinito el recorrido, que no lleva físicamente muy lejos, salvo que estés de vuelta al mundo.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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