Esta historia es real. Por Rodolfo Arévalo

Esta historia es real.

«Esta historia es real y como decía Sigmund Freud a sus alumnos, “escríbalo, escríbalo”. Pues sí, hay que escribirlo que algo quedará»

Como decía Freud a sus alumnos, “escríbalo, escríbalo”. Pues sí, hay que escribirlo que algo quedará. Poco, quizás nada o quizás solo papel impreso para limpiarse la “retambufa” o el llamado Culo. Si culo, he dicho culo, culo, culo, que es un nombre español muy afortunado para una parte de la anatomía realmente bien colocada para poder sentarse erguido sin tener que padecer daño en los huesos de las caderas. Si fuéramos ingleses, diríamos el bottom, pero como somos Españoles pues decimos lo otro, lo que ponen en pompa para rezar sus oraciones otras culturas.

 

Los Cristianos para rezar se hincan de rodillas sobre una tabla de madera a propósito, adosada a los bancos de las iglesias, pero básicamente es para hacer lo mismo, postrarse ante la divinidad. Yo tengo la buena o mala suerte de no creer, pero no por convicción, si no porque no me permite mi configuración cerebral creer en cosas que no se pueden ver y tocar, soy un poco como Santo Tomás, aunque de santo tengo poco tirando a nada. Eso sí nunca hago daño a nadie salvo que me provoquen, con exabruptos e insidias. En ese caso no me para nadie aunque el individuo al que me enfrente mida una metro más que yo.

 

En ese estilo soy como mi madre, no dejo que nadie me tosa, y si me tose, que asuma las consecuencias. La primera es no contar para nada conmigo desde ese día en adelante. Casi todo el mundo sabe que respondo por la gente, casi por cualquiera que conozca, si puedo hacerle un bien. Pero hago constar que quién me la juega, dejará de existir para mi “in eternis”. Ya no habrá teléfono, ni chat, ni correo, ni nada de nada. Desapareceré como por arte de magia y no volveré a interactuar con ese sujeto nunca. Así pase un siglo o dos o tres. Se acabó. Se que soy muy dejado y que a veces he dejado de llamar a muchos amigos, pero quiero hacer constar, que no sé por qué ellos dejaron de llamarme antes. Uno debe respetar el deseo de otros a no tener contacto. Si llamas dos o tres veces y nadie te responde, lo normal es que pienses que no quiere saber nada de ti, o porque eres un puñetero coñazo o porque esta amargado y cansado de ti.

 

Eso sí soy muy amigo de mis amigos, si me han hecho ver en alguna ocasión que lo son. Tengo una amiga que lo es desde que ella tenía diecisiete y yo tenía veintidós. Acababa de salir de la mili, un día íbamos al cine y en una rotonda partida con avenida en medio, tuve que parar el automóvil porque el semáforo estaba en rojo. Un coche de color azul oscuro, siempre lo recordaré paró a mi lado. De pronto delante di mi coche un Renault cinco se paro en seco un vehículo de la policía. Un guardia se asomó por la ventanilla y diciendo “agáchense, agáchense” empezó a disparar su arma en dirección al otro coche situado a la derecha del mío. Mi primer instinto fue coger por la cabeza a mi amiga y ponerla sobre mis piernas, mientras yo me inclinaba sobre ella, intentando quedar por debajo del salpicadero.

 

Afortunadamente estar en la mili y haber ido a las practicas de tiro, me sirvió para mantener la calma y no moverme de esa posición mientras duró el tiroteo. Este finalizó, cuando el delincuente al parecer peligroso del vehículo parado a mi lado dio un volantazo a su derecha acelerando para salir como el diablo hacia el infierno perseguido por la patrulla.

 

Mi amiga estaba lívida aunque como es muy simpática pronto recuperó la compostura y rió como si no hubiera un mañana, cuando me confesó que sin darse al principio cuenta de nada pensó en que ponía su cabeza allí por otro motivo poco confesable. Esta historieta ha sido repetida por los dos en muchísimas reuniones de amigos y conocidos, con las respuestas jocosas esperadas. Parece sacado de una película americana, pero lo juro y la auténtica y pura verdad.

 

He de confesar que esos treinta segundos fueron unos de los más largos de mi vida. Luego cuando todo se serenó, fui con mi amiga a merendar a una cafetería y luego al cine. Por eso, como aconsejaba Freud a sus alumnos, lo escribo  que algo quedará. Poco, quizás nada o quizás solo papel impreso para limpiarse la “retambufa” o el llamado Culo. Si culo, he dicho culo, culo, culo, que es un nombre español muy afortunado para una parte de la anatomía realmente bien colocada para poder sentarse erguido sin tener que padecer daño en los huesos de las caderas. Y sobre el que poder doblarlas, en caso de que te veas en un tiroteo inesperado. No sé si ella que es creyente fue a darle las gracias a Dios, yo no, pero nunca está de más agradecérselo a la vida.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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