Reírse de uno mismo está bien. Por Rodolfo Arévalo

Reírse de uno mismo está bien.

«Por no perder la inocencia juvenil es por lo que reírse de uno mismo está bien. Es algo que difícilmente puedes hacer antes de pasar a una edad»

Reírse de uno mismo está bien. Es algo que difícilmente puedes hacer antes de pasar a una edad en la que el sexo opuesto, como dice el chiste, te empieza a ser “indisoluble”, más que necesario e imprescindible, se transforma solo en palabras “sinagogas”. No porque te amarguen los dulces, sino porque que te salga carísimo o te de exactamente igual. Luego, ya puedes reírte a mandíbula batiente de casi todo, hasta de la muerte, por muy tiñosa, “guadañosa”, asquerosa y puñetera que la veas.

 

Total, el pasar del ser al no ser solo es un instante más de la puñetera existencia. Eso claro está, si puedes conseguir que te den morfina o lo que sea necesario para que no duela la vida en forma de articulaciones u otras causas físicas que son mucho peores. Aunque el estado, protector del individuo quiera o no el propio tipo te defienda, pidiéndote que enarboles recetas a diestra y siniestra de algún doctor, que sabe por supuesto más que tú, lo que te duelen los huesos y porqué. Y sí, te hace la receta pero a base de que pierdas un tiempo muy valioso por lo poco que te va quedando.

 

¡Por lo menos que lo que acabe contigo no te haga daño! Debe pensar el estado, que el daño sanitario se lo haces tu a él en gasto aunque pagues tú las recetas. Claro que al final del acto mortal, que no salto mortal, porque estaríamos hablando de otra cosa, ya nada te va a doler, por lo menos de la manera en que te duelen las cosas cuando estás vivito y coleando.

 

Yo, coleando no me encuentro hoy en día a menudo, sí, por el contrario, permanezco vivito y aburrido cuál hongo en una placa de Petri. Si pudiera ser un hongo cabrón y perjudicial al menos podría reírme un rato, enviaría algunas esporas a joder vivos a algunos individuos que ya te suelen joder de por sí a ti y a tus convicciones.

 

Pero para eso hay que tener la suerte de Luis Pastor, que supo distinguir entre una placa de Petri estropeada y la penicilina. O poseer una mala leche de tres al cuarto… o de tres cuartos y no de litro. Lamentablemente la industria cultural, por muy culta que sea, nunca crece en plazas de apuesta por nuevos o viejos valores y casi nunca si no son de reconocimiento actual, porque lo mollar, lo que hace “pupita” social, por ser una sátira de lo que te rodea, nunca o casi nunca es celebrado por tus contemporáneos, por muy reconocido que sea años o décadas después.

 

Los vicios y estupideces contemporáneas, no pueden ser esgrimidas frente a los que las perpetran… ¡Es que se cabrean! Vamos que no querrás que doña Pepita la del cuarto se agarre un rebote del tres por ciento, para eso ya están los políticos de los que se trate en cada ocasión, porque agarrarse, ¡se agarrarán!.

 

No me grites todavía, no me grites por favor porque la guitarra mía, porque la garganta mía grita y llora cuando dice: “estoy sin blanca, sin Pepa, y sin Angustias diversas, rubias o morenas, incluso pelirrojas”. Comer zanahorias se convierte en vicio nacional irremediable, incorregible y probablemente mortal, no de necesidad, si no de necedad. ¿¡Qué le vas a hacer!?

 

La realidad es terca, y fría, como no uses el famoso «Termotactil», (escrito así para no causar demanda), y es que si no vas calentito, vas de “retambufa” y cuesta abajo. Igual que como cuando con la edad te haces un “pipí” y sabes que no vas a llegar al wáter a tiempo. La causa puede ser que empieces a no retener bien la orina, que eso implica o pañal al canto o bronca de tu mujer o de la persona interfecta de que se trate. “La vida es así, no la inventado yo” Por eso creo que los Beatles cantaban eso de Help, I need somebody help… y yo “sere feliz iz iz iz”. Los Bravos “los chicos con las chicas deben estar” Y ni estando todos juntos, después de cierta edad “pueden cantar ar a ar a ar”.

 

Pero no nos impedirán que hasta el amanecer podamos escribir, gritar y vociferar y hasta los muertos van a comprender que tienes que vivir, que tienes que vivir y ser feliz i i iz i i iz. Es por esto, por no perder la inocencia juvenil por lo que reírse de uno mismo está bien. Es algo que difícilmente puedes hacer antes de pasar a una edad en la que el sexo opuesto, como dice el chiste, te empieza a ser “indisoluble”, más que necesario e imprescindible, se transforma solo en palabras “sinagogas”. No porque te amarguen los dulces, si no porque que te salga carísimo o te de exactamente igual. Luego, ya puedes reírte a mandíbula batiente de casi todo, hasta de la muerte, por muy tiñosa, “guadañosa”, asquerosa y puñetera que la veas.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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