
«Este ya no es mi mundo: la corrección, el saber estar y ser es algo difícil de encontrar hoy en día por estos lares que aprendieron de innumerables culturas»
Una vez mi padre, estando grave en un hospital, me dijo “Este ya no es mi mundo”. Le pregunté el porqué. Me contesto con algunos ejemplos. “Vivimos una sociedad en que las mujeres en vez de serlo han pasado a decir en público cosas como “si te gusta, ¡tíratelo!”, lo que no deja de ser una ordinariez”. Luego siguió, “si cedes el paso en una puerta, te miran mal, algo así como si pensaran: Este machista de mierda”… “En la radio y la televisión señores y señoras que se suponen son licenciados en periodismo dicen cosas como “han habido fiestas” “fue como muy entrañable” y despropósitos por el estilo”. Esto era lo que más le descolocaba. Y lo malo, lo peor, es que nadie se asombra ni protesta. Decía: “¿Cómo puede un licenciado en Periodismo hablar tan rematadamente mal?”.
El mundo que él conocía desde luego, era un mundo educado, altamente educado y correcto. Entre diplomáticos una palabra u opinión fuera de tono o contexto, podía significar un enfriamiento de las relaciones. Hasta para la comida en otras embajadas había que tener cuidado si algo no te gustaba. Esto no se podía decir, simplemente podías argumentar que estabas mal del estómago y que preferías tomar algo más ligero. Desde luego entre sus amigos contaba con un especialista catedrático de Historia de América en la universidad de Sevilla, de un Psiquiatra licenciado en Neuchâtel, Suiza, algún que otro ingeniero naval así como un alto comisario de la policía nacional.
Mi padre hablaba en Español, Francés e Inglés, entendía y hablaba también bastante Italiano y Catalán, tenía una biblioteca de quince mil volúmenes, que al parecer mi madre malvendió unos años antes de su muerte para trasladar su residencia a Palma de Mallorca lugar en el que trabajaba mi hermana. Allí paso los últimos diez años de su vida. Estaba casi ciego y aunque no podía leer consiguió con la ONCE unos casetes en los que personas de la organización leían libros. La mayor parte eran novelas, pero entre col y col, había alguna lechuga con más enjundia e interés.
Durante las vacaciones de verano, cuando iba a Palma era yo quién solía leerle algún libro. Recuerdo que le gustó mucho uno de Richard Fortey titulado La vida: una biografía no autorizada, publicado por Taurus. Recuerdo que su biblioteca fue vendida por un millón de pesetas del año ochenta y nueve. Estuve con él, rescatando unos trescientos libros que mi madre le autorizó a llevarse en el traslado. Nunca vi una persona más entristecida que él en aquel tiempo. Los libros eran su vida. Tenía algunos desde que tenía doce o trece años el resto los fue comprando a lo largo de su vida.
Yo sabía que el traslado a Palma era como si fuera su sentencia de muerte. Tras haber pasado una operación Bill Rot dos, que consiste en eliminar todo el estómago, dejando apenas un trocito para hacer la digestión, adelgazó lo que no está escrito. Delante del espejo decía, “parezco un judío recién salido de un campo de concentración”. Estaba tan débil, que tardo varios años en pasar a tener un peso normal y una fuerza normal como para ponerse en pié y andar.
Hoy todo aquello ya no son más que recuerdos incluso hasta lejanos. A mi tras una pausa de diez años, después de los quince en que no leí nada de nada, me volvió a capturar la lectura ferozmente a la edad de veinticinco años. Cuando de pequeño alguien me preguntaba ¿Qué hace tu padre? Contestaba con una lógica aplastante, mi padre lee todo el día. Afortunadamente no me pasó como a un amigo que es catador de vinos, a su hija le preguntaron ¿Qué hace tu papá?, con inocencia contestó, mi papá bebe. La llamada de la profesora a la madre fue casi inmediata. El asunto se aclaró por fortuna y mi amigo recuperó su, por un momento, perdida honra. Cosas que ocurren en la vida, y que ya te acompañan para siempre como parte de tu bagaje cultural. Pero esto viene a cuento, porque cada día nuestra sociedad evoluciona a peor y como decía Ortega y Gasset, la masa se acaba imponiendo. Efectivamente, la corrección, el saber estar y ser es algo difícil de encontrar hoy en día por estos lares que estuvieron bajo innumerables culturas, como para haber conformado un pueblo mucho más culto y refinado. No sé porqué por desgracia esto no ha sido así.
