
«Los madridistas somos como los griegos de las tragedias atenienses antiguas, cuyas vidas se sucedían en un angustioso trajín olímpico»
Sale Villarejo en esta España nuestra de falso periodismo insinuando que el Madrid ha pagado a los árbitros, pero estoy muy tranquilo porque sé perfectamente que el Real Madrid no ha hecho nada entre otras cosas, y en primer lugar, porque el Madrid ha ganado menos títulos en España que en Europa en los últimos años.
En segundo lugar los anti madridistas intentan dar credibilidad a este personaje sobre todo porque necesitan cogerse a un clavo ardiendo para desviar la atención y decir veis es el Madrid ya que llevan toda la vida hablando Del Real Madrid, asegurando lo malo es el Real Madrid.
Incluso alguna persona en televisión insinuaba que pagaban a Negreira para igualarse con el Madrid.
Y claro entrevistan a Villarejo en RAC1 y luego algunos programas culés dicen que los madridistas estamos impactadnos por la noticia para llamar la atención, dicen en superlativo que los madridistas estamos en estado de shock.
Los anti madridistas harían mejor en preocuparse en lo suyo principalmente el Barcelona y dejar de intentar escurrir el bulto pensando siempre en el Madrid, que por cierto y sin perder un minuto, sacó un comunicado diciendo que va a demandar a este señor, y a otra cosa mariposa.
Esto es la vieja táctica del ventilador, por aquello del mal de muchos consuelo de tontos.
Se la cogen con papel de fumar para atacar al Real Madrid y hay quien se consuela así, qué la vamos a hacer. El Madrid ha hecho lo que tiene que hacer
Se nos reprocha escribir, a los que escribimos, porque escribir no vale para nada. ¿Sería mejor callarse? Conste que no lo sé, no tengo ni idea, mi ánimo no es de ofensa, sino de genuina curiosidad. ¿Qué puede hacer alguien que no es ni abonado, ni socio, ni público asiduo del Bernabéu? Personalmente puedo ir al próximo partido que se juegue en casa, comprarme una entrada y ponerme a gritar.
El Bernabéu sin embargo ya no es el mismo de antes, para lo bueno, que es mucho, pero también para lo malo, que es sin embargo algo. Por ejemplo, una tontería: el otro día nadie silbó a Alaba cuando tocó su primer balón, en el partido contra Las Palmas, tras el dantesco derby que se marcó el amigo austríaco.
Lo que quiero decir es que se ha modernizado mucho, se ha dulcificado también, y la criatura testamentaria que habitaba en sus entrañas y que esculpía con dolor y sangre a las leyendas que marcarían a fuego la historia del club, ya no existe: ahora todo es un movimiento joven, dinámico, contemporáneo, de animación, mucho más sano y despolitizado, pero diferente.
Por ser honestos, la cuestión, para el aficionado de a pie, es ardua. Se parece a lo que ocurre con la política. El madridista, como sujeto político, por ejemplo, es sospechosísimo siempre, a priori, porque representa esa España ni “plural” ni “diversa” ni políglota contra la que llevan gobernando desde las guerras carlistas.
Los supuestos sujetos de soberanía, en España y en Europa, ven como se deciden cosas de gran trascendencia para sus vidas en lugares remotísimos sin contar para nada con sus opiniones. En ese sentido los madridistas somos como los griegos de las tragedias atenienses antiguas, cuyas vidas se sucedían en un angustioso trajín olímpico en donde ellos ni pinchaban ni cortaban, pero pagaban largamente todas las consecuencias.
En el caso del pago al vicepresidente del CTA por parte del Barcelona, al aficionado le han quitado lo más sagrado, que es la fe en la pureza del juego, de un juego por otra parte en donde se anudan sentimientos, lealtades y una parte esencial de su propia identidad. Lo que se pierde es mucho más importante que lo material y a diferencia de ello no tiene repuesto posible: es como la leche que se derrama de un cántaro que se rompe.
Pero como habíamos empezado este artículo con el ánimo de proponer alguna solución, yo quiero igualarme a esos abajo firmantes del centrismo político y articular un breve manifiesto de puntos elementales cuya exigencia sólo es aplicable a nosotros, los aficionados, a título individual, no colectivo.
El madridismo ya ha pasado por batallas semejantes, y si algún resquicio hay para la iniciativa popular, sin duda puede ser trabajado por una afición, la nuestra heterogénea, numerosísima y universal, que ya ha hecho cosas parecidas.
Ladran luego cabalgamos.
¡Hala Madrid!

