
(Tragedia)
Desde que el nazionalismo independentista catalán, allá en los albores del anterior siglo, cobró carta de naturaleza, sobre todo el de izquierda extrema, tuvo un solo objetivo en su ideario particular: destruir la estructura convivencial, acabar con la libertad y la propiedad particular, eliminar los enemigos de clase, acabar con familia y religión como núcleos asociativos de la sociedad, y construir un nuevo orden en el cual sobraba más de media población. Quien pretendió hacerse con el poder, para imponer sus reglas, bajo esas premisas tan sectarias y dictatoriales, sólo podía ser, un partido totalitario. ¿Les suena?
Estos eran los objetivos de la ERC y demás grupúsculos de la izquierda extrema de principios de los años treinta. Intentaron hacerlo el 6 de octubre del año 1934, mediante el pronunciamiento del golpista Companys. El gobierno de Don Alejandro Lerroux, gobierno legal de la República, apoyado por la CEDA, ganadora de las elecciones por amplísima mayoría en noviembre de 1933, lo sofocó.
El cenit de aquella tragedia se produjo dos años después: la matanza sistemática de muchos de los que consideraron prescindibles, bajo el mando de un criminal en serie, el “Molto Honorapel” Companys. Asesinaron por miles a ciudadanos catalanes al abrigo de la Guerra Civil, y posiblemente lo habrían hecho de igual forma, si hubieran logrado que el pronunciamiento de 1934 hubiera triunfado. Que hablen de democracia y libertad los sucesores de aquellos malhechores, induce a la carcajada. Que acusen a otros de fascismo, también.
Hoy día el gobierno de extrema izquierda socialista presidido por uno de los embusteros más abyectos de la historia, ha pactado el gobierno de España con reaccionarios vascos y catalanes, logrando que la izquierda extrema ETA y ERC, la derecha sectaria y anacrónica del PNV y la purria que dejó tras su marcha el ladrón Pujol, mantengan al dictador en el poder con un solo objetivo, liquidar España. Al otrora PSOE, rebautizado como sanchismo, y a los que reptan por sus escombros, lo único que les importa es asegurar la poltrona del que les paga.
El golpismo catalán hoy no mata físicamente, pero civilmente lo hace todos los días, robando derechos e imponiendo leyes liberticidas a los catalanes que se niegan a hincar la rodilla ante la delincuencia golpista organizada que les mal gobierna. La sentencia del Supremo que condenó a los golpistas catalanes, les define como tales.
(Esperpento)
Caricaturizar ínfulas, desdramatizar empeños, carcajearse de sus inquinas, reírse a mandíbula batiente de todos ellos, es la medicina más adecuada para rebajarlos a su estado natural, de inútiles y fracasados. En este mundo nadie es más que nadie, como nadie son los nazionalistas (con Z), sin la cobertura social y económica que les brinda el resto de España. Lo que viene a continuación es un buen ejemplo.
Esta es la historia de D. Francesc Reus Corominas, eminente antropólogo, bautizado Francisco Ruiz Conejera, nacido en Cantillana, provincia de Sevilla. Siendo aún un joven licenciado se desplazó como muchos otros a Cataluña, tierra de supuesta promisión donde los más listos hacían fortuna, y los más jetas, generalmente también.
Listo y cara como pocos, aprendió con rapidez cuál era el método más fácil para ascender en el escalafón social: hacerse nazionalista catalán. También se hubiese hecho nazionalista chino si hubiera hecho falta, pero no entraba en sus planes rasgarse los ojos con una cuchilla, razón por la cual optó por lo más fácil y sencillo: hacerse nazionalista catalán, más simple y mejor pagado, como tantos otros renegados demostraron tiempo después.
En política ser cara y tener jeta, es una característica muy generalizada entre los nazionalistas catalanes, apenas se nota. En el nazionalismo vascongado ocurre lo contrario: tienen mucha jeta, y se les nota demasiado en la cara. Ser bilbaíno imprime carácter, ser alavés o guipuzcoano también, quizá un poco menos, pero a partir del cuarto chiquito están más nivelados.
El antes Paco, ahora reconvertido en Francesc, planeó el siguiente paso a dar: acercarse al poder como único medio de trepar en el escalafón, y de paso hacerse rico. Se hizo pasar por experto en estudios de razas y etnias caucásicas, tema del cual había leído en algunas ocasiones, mientras esperaba turno en el dentista. Le fue fácil hacerlo en un ambiente donde todos iban de farol, y el que no lo iba, terminaba pagando la fiesta.
Lo primero que detectó fue que todos los presentes expelían ventosidades con acento de Vic, incluso los eructos tenían que ser con idéntico acento. Francesc, antes Paco, logró en apenas una semana ser un virtuoso en tales menesteres, eructando y ventoseando como nadie, con exquisito acento de Vic.
Acogido en el sancta sanctorum como uno más, lo siguiente que hizo fue matricularse en la universidad de Barcelona donde cursó un máster muy catalán: la muy excelsa y provechosa asignatura de Melollevo Ypalasaca, máster obligatorio en el mundo de la política de aquellos tiempos. Curiosa carrera donde el 3% de mil son cinco mil, comisiones aparte. Francesc, antes Paco, acabó la carrera con las notas más brillantes, superando a los que hasta entonces habían obtenido de media diez sobre quince, logrando sacar quince sobre diez.
El antiguo charnego, ahora furibundo nazionalista, fue entronizado como ejemplo a seguir. Pasó de ilustre desconocido, a doctor en lo que se terciara, sin que nadie osara pedirle acreditación alguna.
Para que su felicidad fuera completa le faltaba casarse con alguien posicionado, a ser posible mujer. Sin este requisito no podría ascender al altar nazionalista, donde todo buen jeta tiene la poltrona asegurada. Ante todo, las apariencias, aunque también estaba muy arraigado el engaño la patraña y el embeleco.
Francesc, antes Paco, conoció a su mujer un minuto antes de dar el “sí quiero”, logrando alcanzar el récord en materia de noviazgo corto y barato. Su ahora esposa era la dueña de un tanatorio, razón por la cual su regalo de bodas consistió en treinta trajes de color negro, de dudosa procedencia.
El ahora Francesc ni era rumboso, ni le gustaba la rumba, lo suyo era escalar escotes sin necesidad de usar escalas, o, mejor dicho, para qué usar escalas si a mitad de camino existen repechos mucho más accesibles y gratificantes. El premio era muy sustancioso, llegar a la gruta, y una vez allí, clavar la pica en Flandes. Bonita explicación de cómo se podía hacer alpinismo sin saber en qué consistía la escalada, en todo caso a Francesc el método le era indiferente con tal de culminar su ardoroso empeño.
Su mujer era de armas tomar, imperiosa en la cama y dictadorzuela fuera de ella, razón por la cual Francesc empezó a vestir traje negro a perpetuidad. Desde entonces, al doctor Francesc, antes Paco, dado su sempiterno atuendo, se le empezó a conocer como el doctor Muerte, motivo por el cual empezó a estudiar los orígenes del pueblo catalán. Ni que decir tiene que su labor como antropólogo la empezó a realizar en los cementerios abandonados. He aquí al doctor Francesc vestido de negro eterno, tan mimetizado con los negros ataúdes que por entonces destapaba con ardorosa fruición en busca del origen de la nación catalana.
Sabedores de su ingente trabajo en profanar tumbas viejas, el gobierno catalán le otorgó una beca dotada con seiscientas mil pesetas de las de entonces, a la que se restó el 3% habitual para engrosar el estipendio del Honorapel Pujolone. Fue entonces cuando el recalcitrante Conseller en Cap para asuntos de Manipulación y Propaganda, el ínclito Artur Mons, incluyó una cláusula en la que había una prima de treinta mil pesetas, menos el 3% habitual, por cada cien años más de antigüedad que el doctor Francesc acreditase que tenía la nación catalana.
A Francesc, antes Paco, le hicieron sabedor de la cláusula, qué mejor que engrasar el aparataje de propaganda que untando al que tendría que tasar la antigüedad del entramado nazionalista. Que aliciente más jugoso que cobrar a la carta, sin tanto esfuerzo. Como buen nazionalista catalán, en que se había convertido, vio el cielo abierto, aunque aquel invierno estuvo siempre nublado. El virus catalanofóbico tan arraigado en la cartera de todo buen nazionalista, hizo que tramara un plan, a todas luces jugoso.
Tras dos meses de inexistente investigación comunicó al gobierno catalán que en breve daría a conocer la nueva buena. Adelantó al Molto Honorapel que el pueblo catalán era mucho más antiguo de lo que hasta ahora se conocía. El Molto sólo pensaba en el clin clin de la pasta que tendría que soltar. La presentación del hallazgo, dada la importancia del descubrimiento, tendría lugar en el parlamento catalán.
El día del acto, tras unas palabras biensonantes y misteriosas, pronunciadas en una jerga ininteligible, pero con acento de Vic, el doctor Francesc, antes Paco, pasó a dar los detalles. Habló sin pausa ni prisa durante tres horas y media, ahorrándose de tres a cuatro letras por palabra, tal y cómo había hecho siempre el Molto Honorapel Pujolone. Los allí presentes quedaron estupefactos, nadie entendía nada, pero les sonaba tan bien el mamotreto, que nadie quiso romper el hechizo. En el turno de preguntas representó como nadie al buen nazionalista catalán: contestó a todo sin decir nada. Hurtó lo principal, y terminó asegurando que lo importante era lo obvio y lo esencial lo hallado. Los aplausos fueron estruendosos, apabullantes. Mientras unos pusieron cara de asombro, otros quedaron asombrados de como un charnego les había superado en superchería y engaño. El estudio fue declarado secreto, no así el resultado. Que un buen dato no te arruine la inversión.
Internamente la data de la antigüedad del pueblo catalán quedó establecida en la no desdeñosa cifra de quince millones treinta y nueve mil pesetas con veintidós céntimos de aquellos tiempos. Que una vez pasado por el despacho del Honorapel Pujolone ascendió a veintitrés millones trescientas cuarenta mil pesetas y un céntimo, más el 3% habitual. Traducido a años se tasó en seis mil años nueve meses y cinco días, más que el anterior registro. La antigüedad del pueblo catalán más bien parecía una condena.
A consecuencia del éxito obtenido, el doctor Francesc, antes Paco, falleció en extrañas circunstancias a consecuencia de una indigestión moral. La viuda le amortajó para la ocasión, embutido en uno de sus negros trajes, y tras diez minutos de velatorio se procedió a su incineración.
Cualquier verosimilitud con la realidad no será coincidencia. Los nombres han sido extraídos al azar de la antología del robo, tomo 3, páginas 69 a 96, capítulo 2017, tomo XXXIV.
Que nadie crea por un solo instante que a estos tipos les importa Cataluña, y los catalanes. Llevan así desde que se instauró la democracia, arruinando Cataluña, enriqueciéndose a sí mismos, mientras los catalanes son cada vez más pobres. A las pruebas me remito: hoy día Cataluña está en bancarrota. Ellos y solo ellos, los nazionalistas (con Z), son los verdaderos culpables.
La carraca catalana, historia de un timo, donde los timados hemos sido todos los españoles.
