¿De dónde viene toda esa gente solitaria? Por Rodolfo Arévalo

¿De dónde viene toda esa gente solitaria? Eleanor Rigby

«Vivimos un mundo enorme en el que apenas conocemos a los individuos que se cruzan con nosotros en el día a día»

Esta mañana, viendo pasar gente, tapándose por la lluvia en la calle, me he hecho la misma pregunta que se hacen los Beatles en la canción Eleanor Rigby. ¿De dónde viene toda esa gente solitaria? ¿A dónde pertenece toda esa gente solitaria? Vivimos un mundo enorme en el que apenas conocemos a los individuos que se cruzan con nosotros en el día a día. Quizás salga de nuestra boca un buenos días, si el que cruza es conocido, a veces ni siquiera lo vemos, si estamos inmersos en nuestros problemas, necesidades y mundo. Todo esto puede ocurrir incluso con gente que vive en una misma comunidad de vecinos cerrada.

 

Recuerdo que esto no sucedía antes en los pueblos pequeños, como el que habito ahora. Tengo en mente las vacaciones que con doce años hacía con mis padres en el pueblo valenciano de Benifairó de Valdigna en el que mi madre, niña de la guerra, estuvo acogida durante toda su duración por una familia de campesinos. Benifairó es un pueblo pequeño un poco más pequeño que el mío actual, pero recuerdo que la gente se saludaba cuando por la noche paseaban por las calles y cruzaban por las casas de los vecinos.

 

Para los habitantes mayores de mi actual Pueblo, esto sigue siendo una costumbre y si voy por una calle en verano, y algunos están sentados frente a la puerta de sus casas, suelo decir buenas noches y contrariamente a lo que pasa incluso en un ascensor cualquiera, las personas contestan con un buenas noches. Creo que cuánto más grande sea el numero de vecinos de una población, menos corrección humana hay entre unos y otros.

 

Podría ser que algunos vean a los demás, no como vecinos, si no como competidores sociales. Esto no tiene mucho sentido entre las edades que tienen muchos de los implicados, podría tenerlo si fueran jóvenes que solo se conocen de vista y tienen que vigilar su estatus frente a competidores eróticos y amorosos, pero a la edad que tienen, ¿a quién podrían llevarse, como novia, que sea esposa o lo que sea de otra persona añada sentada en el quicio de la puerta?

 

Somos extraños los seres humanos, queremos vivir en sociedad, pero recelamos de ella. El otro día me acerqué a una señora que paseaba un perrito muy bonito, para hacerle una carantoña al animal y noté cómo ella, no estuvo muy receptiva hasta que comprendió que, lo único que me acercaba a ella, era la simpatía que me causaba su perrito. Ahora somos ya vecinos conocidos que intercambiamos a veces algunas peroratas, sobre variopintos temas de actualidad o sin ningún sentido.

 

Creo que poco a poco hay que recuperar la confianza en los vecinos, sobre todo los cercanos, el frutero, el pescadero, el de la tienda de ultramarino, la dueña del café de la esquina y un largo número de personas a las que vemos todos los días. Deberían dejar de ser los dueños de la panadería o la librería y convertirse en verdaderos vecinos, casi amigos, conocidos en los que poder depositar nuestra confianza y porque no algunas alegrías y penas.

 

Las relaciones sociales son las que nos hacen hombres y mujeres, seres vivos sociales. Por eso me mueve el corazón oír la canción del grupo musical The Beatles, puntero que fue de los sesenta, Eleanor Rigby, porque se parece mucho a cada uno de nosotros inmersos en un mundo en la que la mayor parte del resto de humanos nos desconoce y por supuesto no se tomarán ni la mínima molestia en intentar que esto no sea así.

 

Por todo esto, cuando llega el día en que partimos de la vida a otra parte, solo estamos realmente en el sentimiento de quienes, de alguna manera, rompieron las barreras para acercarse a nosotros, o viceversa. Por eso viva la canción Eleanor Rigby, dice la letra: Mira toda esa gente solitaria. Eleanor Rigby recoge el arroz en la iglesia donde se ha celebrado una boda, vive en un sueño, espera en la ventana, usando su cara que guarda en un frasquito junto a la puerta. Quién es esa Eleanor Rigby, de dónde viene, a dónde va, que espera de la vida, como es feliz, o como sufre, y por qué. Toda esa gente solitaria, ¿Quiénes son? Esta mañana, viendo pasar individuos por la calle, me he hecho la misma pregunta que se hacen los Beatles en la canción Eleanor Rigby. ¿De dónde viene toda esa gente solitaria? ¿A dónde pertenece toda esa gente solitaria? Tal vez solo haya que preguntar…

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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