
«Mientras tanto, la sociedad civil tiene que seguir llenando las calle y demostrar que los españoles todavía creemos en la justicia y la igualdad»
Nadie podrá negar que desde que llegó Pedro Sánchez cum Fraude al gobierno, a caballo de la “morcilla gürteliana” de su amigo José Ricardo de Prada, y, especialmente, desde que revalidó su hegemonía tras las elecciones del 10-N de 2019, el salto de líneas rojas ha sido una constante, que lo acredita como campeón indiscutible de esa especialidad no recogida aún en la “panoplia” olímpica. Tiempo al tiempo, si este personaje continúa al frente del que ya sería para entonces ejecutante, que no ejecutivo (Dios no lo quiera), en 2036, año en que Madrid podría ser sede de los Juegos Olímpicos. No me negarán que no tendría su morbo, al ser 2036 el año del centenario del comienzo de la derrota del rojerío. Pero dejémoslo ahí, que noto que me estoy creciendo.
Lo cierto es que ya vivimos que “Con Podemos no dormiría tranquilo, como el 95% de loa españoles”, pero llevó a la vicepresidencia a PabLeni n Iglesias; “Traeré al prófugo Puigdemont para que rinda cuentas ente la Justicia” y “lo ocurrido en Cataluña es sin duda un delito de rebelión”, que luego trajo los indultos de los cabecillas, la rebaja a sedición y la eliminación de este delito; “Con BILDU no vamos a pactar, si quiere se lo repito cinco veces, o veinte”, pero pacto con ellos los PGETA, me imponen la ley de Vivienda, me apoyan para gobernar Navarra y les regalo a cambio la Alcaldía de Pamplona; “Querían la amnistía y la autodeterminación y no tienen ni una ni otra, ni las van a tener”, pero ya tenemos la primera en tramitación de urgencia en el Congreso y la segunda en espera. Todo eran líneas rojas insalvables que se han ido saltando en la espiral de despropósitos y mentiras que caracterizan al ya consagrado como Pedro Felónez I el Mentiroso, que hizo de la mentira su leitmotiv y el de su gabinete de cotorras parlantes.
No cabe duda de que un cierto sentido del humor puede ser una de las mejores medidas para sobrellevar este esperpento diario al que nos tiene (casi) acostumbrados la banda de la Moncloa y sus palmeros legislativos del hemicirco parlamentario. Sin duda, esto debe haber sido lo que ha llevado a alguien a pensar que tanta “línea roja” puede tener que ver con una súbita afición por los colores de los dos Atléticos, Bilbao y Madrid o, tal vez, por el Girona FC de Gerona, equipo revelación esta temporada, con su aquel nacionalista, al ser el club del fugado de Waterloo –creo recordar que el día anterior a su fuga (domingo 27 de noviembre de 2017) estaba en el palco del estadio municipal Montilivi, viendo al recién ascendido a Primera División pocos meses antes–. Así pues, se podría llamar a Sánchez y sus cotorras ministeriales “la banda del Atleti”. Pero a mí me parece que pudo ser otra la causa de este sainete y es que nuestro presimiente Pinóchez y sus corifeos sean víctimas de esa afección visual conocida como daltonismo, cuya más conocida variante creo que es la confusión del rojo por el verde, lo que hace que en realidad no sean seguidores atléticos sino del Betis o, por extensión, de mi Córdoba CF, los dos, portadores de esos colores que otro traidorzuelo, apóstata por más señas, como fue el mal llamado “padre de Andalucía”, Blas Infante, adoptó para la bandera de la Tierra de María Santísima.
Tras este pequeño desahogo introductorio, vayamos lo más brevemente posible, que no lo será tanto, me temo, con la actualidad semanal que empezó con la antesala de la “convención” –no hay duda de que “convencidos” los tiene a casi todos los suyos– del PSOE en La Coruña. Allí lanzó su brindis al Sol en relación a la Educación, que tan mal parada viene saliendo en los sucesivos Informes PISA, especialmente en Matemáticas y Comprensión Lectora. Lo que no deja de ser responsabilidad exclusiva suya, tras seis años de desgobierno y, sobre todo, después de la desastrosa LOMLOE que nos dejó su exministra Isabel Celaá, la de “los hijos no pertenecen a los padres”, premiada después con la Embajada en el Vaticano. Allí nos dejó otra de sus ocurrencias al anunciar un plan de refuerzo en matemáticas y comprensión lectora para cinco millones de alumnos, en un discurso que tuvo que ser interrumpido porque un joven sufrió una indisposición, no sé si al escuchar lo de las «Matemáticas socioafectivas» que quiere fomentar el gobierno con quinientos millones de euros, con los que dar un complemento económico a los docentes para incentivar que las enseñen de la forma en que promueve la Ley, “con un enfoque competencial cercano a la vida cotidiana de los estudiantes”. No me sorprende el desmayo. Pero de lo que no se entera este showman es de que todo lo que no sea fomentar el esfuerzo y el mérito y buscar la excelencia, no va a sacar a España del pozo en el que sus antecesores –de uno y otro color– y él mismo, la han sumido durante décadas. Dejo aquí un enlace de algo que escribí al respecto hace casi diez años, rescatado de otros tantos atrás o más, que, desgraciadamente, sigue vigente.

Empezaron después los intentos de justificar la aberrante ley de amnistía y las críticas a los jueces por parte de algunos miembros del PSOE y del gobierno. Comenzó la nueva “portacoz” del partido sanchista, Esther Peña, que se estrenó así: “La democracia será más completa si incorporamos a aquellos actores que tuvieron, por una u otra circunstancia, que salir en 2017” –por ejemplo por haber intentado un golpe de Estado–, utilizando un nuevo eufemismo, “democracia de la generosidad”, para intentar camuflar la sumisión al prófugo. Y en esa misma línea, no podía faltar el ministro Tres en Uno, el fiel Gracita Bolaños, que decía esto a los medios el día que se cruzaba otra línea roja ampliando, vía enmienda, el alcance de la pretendida amnistía: “Hemos pactado con los grupos parlamentarios que apoyan la tramitación de la ley de amnistía dos enmiendas técnicas que mejoran una ley que ya era sólida de por sí técnicamente, completamente conforme a la Constitución –no opinaban así, días antes, los letrados de la Comisión de Justicia del Congreso (por cierto que han dimitido tres y el Interventor) ni infinidad de asociaciones de jueces, fiscales y juristas de reconocido prestigio– y al derecho de la Unión Europea”. Todo, para introducir un importante matiz que desdice lo que recogía el artículo dos del proyecto de ley, respecto a los delitos de terrorismo: “Y lo que hacemos es que se mantiene el terrorismo como un delito exceptuado de la ley de amnistía, siempre que suponga una violación grave de derechos humanos, tal y como dice la directiva europea y tal y como dice el convenio europeo de DD. HH. y libertades fundamentales. Es decir, dijimos que el terrorismo se quedaba fuera de la ley de amnistía y fuera se queda… cuando supone violaciones graves de derechos humanos”. Una nueva falsedad, perdón, “cambio de opinión”, puesto que el propio Diccionario de la R. A. E, ya define Terrorismo en tres acepciones como: “1. Dominación por el terror. 2. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. y 3. Actuación criminal de bandas organizadas que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos”. Es decir, lo que fueron los actos de 2019 en Cataluña, especialmente en lo que se refiere a la acepción tercera. Pero con tal de seguir en el poder, el sátrapa de la Moncloa es capaz de distinguir dos clases de terrorismo, uno bueno, si no mata, y otro malo. Bolaños se creció después un poco más para que no hubiera duda de su propósito de establecer estas dos clases de terrorismo: “Quien crea que es comparable el proceso independentista con el terrorismo que sufrió España durante décadas, está confundido”. “Com’usté” diga.
Contra esta “generosidad legislativa” se pronunció Mª Jesús del Barco, presidente de la Asociación Profesional de la Magistratura: “La Unión Europea no reconoce dos tipos de terrorismo. Cualquier acto de terrorismo ataca a la dignidad de las personas y a sus derechos fundamentales”. Añadiendo lo que muchos decimos: “Llega Puigdemont y echa una gota a la línea roja y ya es blanca, ya es verde”, para dejar esa pequeña esperanza que nos queda a algunos: “Confío en Europa y en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE)”.
También fue claro Eligio Hernández, el que fuera fiscal general del Estado con Felipe González y miembro del CGPJ y del Consejo de Estado. Apeló al Artículo 573 del Código Penal, que he buscado y que, en su punto 1 comienza así: “Se considerará delito de terrorismo la comisión de cualquier delito grave contra la vida o la integridad física…” y no puede calificarse de otra forma el lanzamiento desde una azotea de un adoquín a la cabeza de un policía nacional, que le rompió el casco y le produjo una fractura de la base del cráneo que lo ha llevado a terminar su carrera profesional. No se queda ahí el citado artículo, sino que el mismo punto sigue así: “…cuando se llevaran a cabo con cualquiera de las siguientes finalidades: 1.ª Subvertir el orden constitucional… 2.ª Alterar gravemente la paz pública… 4.ª Provocar un estado de terror en la población o en una parte de ella”. Preguntado sobre la negativa del actual fiscal general, Álvaro García Ortiz, a emitir el informe que le pedía la Mesa del Senado, también fue claro: «La fiscalía general del Estado tiene la obligación de velar por la independencia de los jueces. Por consiguiente, tendría que haber emitido ese dictamen que además está previsto por la ley. El fiscal no está obligado a obedecer al gobierno –eso debía ser antes de aquello de, “¿De quién depende la fiscalía?”–». Y apostilló su comentario con un nada dudoso «Hay motivos para una cierta desconfianza en el FGE actual. Se han saltado todas las líneas rojas que ellos mismos han establecido».
Y no fue menos contundente contra la amnistía el presidente castellanomanchego Emiliano García-Page que, el pasado miércoles, charlaba “inocentemente” en un corrillo en la Feria Internacional de Turismo, FITUR, con sus colegas de Valencia, Andalucía y Murcia, los tres del Partido Popular, y, como el que no quiere la cosa, dice “A mí están a punto de extraditarme. Lo que ha hecho el PSOE es de tener una tensión máxima, echar a todo dios que se le opone. Nadie se imagina lo que sufro”. Y todavía fue un poco más lejos: “Estamos en el extrarradio de la Constitución. Estamos a punto de pisar la frontera constitucional. Ese límite me gustaría que no se pase nunca”. Obviamente, no sentó nada bien en su partido y el autócrata Fray Perico envió a su pistolero mayor, Óscar Puente: “Yo creo que quien está en el extrarradio del Partido Socialista Obrero Español, es el señor Page desde hace bastante tiempo”. Y como si de un duelo del western americano se tratara, no tardó la respuesta: “El que gana a la derecha y a la extrema derecha en este país, no está en ningún extrarradio. Me importaría que todos los demás hicieran lo mismo, ganar al PP. A ver si voy a tener que pedir disculpas por ganar las elecciones”. Y hete aquí que debió recibir un mensaje de Pedro I el tirano y, en la línea que ya nos tiene acostumbrado el manchego, recogió velas: “Mi intención es que gobierne el PSOE, pero con el menor precio posible. La Constitución ha sido viable por el Partido Socialista y lo que quiero es que siga siendo viable. Lo que el PSOE tiene claro es que está dentro de la Constitución. Los demás están fuera«. Supongo que con esto último se refería a los socios de su partido, pero no debió atreverse a tanto.
Al final, la esperanza judicial llegó en forma de auto del juez de la Audiencia Nacional que instruye la causa de Tsunami Democratic, Manuel García Castellón, que dice que las graves lesiones antes citadas son incompatibles con el derecho a la vida y a la integridad física que recoge el Artículo 15 de la Constitución y el artículo 2 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Y además, hace extensiva la responsabilidad a Puigdemont, del que recoge una conversación con uno de sus compinches en la que dice que “el problema puede venir si hay algún muerto». Recordemos que en el bloqueo que los CDR hicieron del aeropuerto de El Prat, murió una mujer víctima de un infarto que no sé si fue por causa de los desmanes, pero que podría serlo, y que al policía nacional antes citado y a otro compañero les faltó poco para tener un final trágico. Un auto, que Eligio Hernández calificaba de ”impecable para cualquiera que lea el artículo 573 del CP”. Pero ahí salió El País “Pravda” con su titular tendencioso: “El juez García Castellón maniobra para anular el blindaje de Puigdemont”. En la línea que ya había dejado la vicetercera Teresa Ribera, la semana pasada, que en esta ocasión replicó su colega de contubernio, el ministro de inCultura, Ernest Urtasun, que quiere “descolonizar” los museos estatales: “Nosotros consideramos que sí, efectivamente hay actuaciones judiciales que tienen una motivación política detrás y, por lo tanto, lo denunciamos”.
Veremos cómo acaba la tramitación de la ley de amnistía en el Congreso y qué puede hacer el Senado, aparte de retrasarla al máximo, pero no olvidemos que todavía quedan dos asuntos que, vista la flexibilidad/sumisión del partido sanchista con tal de salvar el sillón de su jefe, pueden superar el récord de salto de líneas rojas, la autodeterminación en Cataluña y extender la amnistía a los presos de ETA que todavía están en prisión.
Esperemos que, como también decía Eligio Hernández hace unos días, el Tribunal Supremo y el magistrado de la Audiencia Nacional, García Castellón, planteen cuanto antes “una cuestión de inconstitucionalidad o una cuestión prejudicial ante el TJUE, que suspenda inmediatamente la eficacia y la aplicación de la ley de amnistía”. Porque del actual Tribunal Constitucional, como también decía el exfiscal general del Estado, se puede esperar poco.
Mientras tanto, la sociedad civil tiene que seguir llenando las calle y plazas de nuestro país y este domingo hay otra oportunidad en Madrid de demostrarle a toda Europa que los españoles todavía creemos en la justicia y la igualdad.

