
«El caso de Bill Fay es un paradigma de la crueldad de la industria del entretenimiento y de la inmoralidad universal del negocio musical»
Bill Fay fue uno de los muchos canta autores melancólicos e introspectivos surgido en la estela de Dylan a finales de los años 60 del pasado siglo en el Reino Unido. Tras el fracaso comercial de sus dos primeros discos, “Bill Fay” (1970) y “Time of the last persecution” (1971) desapareció de la escena musical.
Los años silenciaron su trabajo, fue olvidado e ignorado. Se pasó décadas trabajando de jardinero, arreglando cosas, reponiendo comida en un supermercado. Pero en 2012 reapareció a punto de cumplir los setenta con un nuevo álbum, “Life is People”. El retorno de un hombre con un inmenso talento y con escasa suerte. ¿Por qué me identificaré yo tanto con este tipo de personajes? Quizás la respuesta este en el lema y logotipo del Ayuntamiento de Sevilla.
“Life is people” es un trabajo intimista, positivo y sensible, marcado por el hipnótico piano de Bill Fay, un disco reposado que gana con cada escucha y que está cargado de esa sabiduría popular que contiene la buena música. Un trabajo tan inesperado como mayúsculo, con unas letras de reflexiones maduras sobre la vida que ha dejado atrás, el dolor, la pérdida y la fragilidad humana desde la visión de un hombre tolerante y humilde, que nunca ha sentido el vértigo del éxito y que no precisa de artificios, que también ha vivido la vida y ha experimentado el amor, que llega a su ocaso sintiéndose en paz consigo mismo y entregando su gran obra, al menos la conocida.
Bill Fay ha sabido cerrar sus heridas, un premio que ya es suficiente para él, quizás yo lo consiga algún día. El caso de Fay es un paradigma de la crueldad de la industria del entretenimiento, de la miopía —intencionada, eso es lo peor— de los manejadores de los gustos colectivos y de la inmoralidad universal del negocio musical, responsable de la vulgaridad imperante.
Hoy es un día en el que… En días como hoy suelo acudir a “Life is People” y a su monumental tema “Cosmic Concerto (Life is People)” en el que percibo una paz que acaba en tormenta, en un crescendo que pone los pelos de punta: la vida es la gente y nada más y me dejo llevar a un lugar en donde me veo como una pulga en el cosmos relativizando la importancia de mis preocupaciones. La paz absoluta.

