Oración o minuto de silencio. Por José Crespo

Oración o minuto de silencio.

«El minuto de silencio no es otra cosa que un invento masónico para desterrar la oración de la esfera pública»

Escribo estas líneas desde el vómito que me provoca el recuerdo de las imágenes del narciso psicópata dando el obsceno pésame desde el atril del Congreso a sus socios de gobierno los etarras de Bildu, por el suicidio en la cárcel de un criminal terrorista y es que como dijo Bukele: cuando un gobierno no combate la criminalidad es que son cómplices.

Los católicos no guardamos un minuto de silencio: rezamos por nuestros muertos, por nuestros Caídos. El minuto de silencio no es otra cosa que un invento masónico para desterrar la oración de la esfera pública. Los cristianos no guardamos minutos de silencio por los fallecidos: rezamos por su alma y la oración no es silencio, es diálogo activo con el Padre Eterno. Al menos que cuando un católico se ve forzado a guardar ese minuto silencio se santigüe, para que quede claro que lo que está haciendo es rezar y quede claro en qué cree.

 

A partir de 1717 la masonería cobraba fuerza en Inglaterra cuando cuatro Logias de Londres se unieron para formar la Gran Logia de Londres y Westminster (UGLE) que hoy en día sigue reuniendo a 270.000 miembros y cuyo Gran Maestro es actualmente Su Alteza Real el Duque de Kent Eduardo, primo de Isabel II y nieto de Jorge V.

 

Eduardo VII, hijo mayor de la reina Victoria y rey inglés entre 1901 y 1910, fue iniciado en la masonería en Estocolmo en 1868 por el rey de Suecia, Carlos XV. También lo fueron su hijo, Jorge V, que reinó entre 1910 y 1936, y su nieto, Eduardo VIII, que se sentó en el trono brevemente en 1936 antes de abdicar.

 

El primer minuto de silencio conocido de la historia humana se guardó, a las 11 horas del 11 de noviembre del año 1918, fecha de la firma del armisticio de la Primera Guerra Mundial. El gesto lo aprobó el rey inglés Jorge V a propuesta de un soldado australiano que había participado en la contienda. Desde aquel momento se fue generalizando en la esfera de la cultura anglosajona, plural en religiones.

 

A España llegó tarde, porque aquí se rezaba un Pater Noster, dado que la sociedad era mayoritariamente católica, pero conforme los masones fueron arribando a los poderes públicos se fue adoptando la costumbre del minuto de silencio, precisamente a través del fútbol, deporte importado de las islas británicas.

 

Los años republicanos fueron la consagración en España de la práctica del minuto de silencio… o los cinco minutos de silencio, porque aquí para ser más originales se aumentó el tiempo. La exageración en España siempre ha sido una característica muy propia de un pueblo copista abandonando las costumbres católicas tal como vemos por ejemplo en la celebración de la Navidad.

 

Hoy, el acto del minuto de silencio se encuentra arraigado entre obispos, curas y laicos… bien seguidos de un Padre Nuestro, porque ya nadie habla ni reza en latín, o simplemente mediante ese silencio aparente sepulcral, aunque el ruido ciudadano e industrial de fondo no se detiene. En esta secularización de las costumbres católicas entró de cabeza aquel saludo matinal de los pueblos españoles: ¡Buenos días, nos dé Dios!, recitado y contestado cuando se cruzaban los vecinos, o cuando se entraba en cualquier lugar público o social. Al salir siempre se exclamaba: ¡Queden, ustedes, con Dios! que era contestado con un abreviado: ¡con Dios!

 

Hoy desgraciadamente ya nadie saluda a nadie ni en el paseo, al llegar a la parada del bus o cuando te cruzas por un sendero de montaña, como mucho, se suelta un escueto: !Hola!, desvaído y de compromiso que o no recibe respuesta o un simple ¡Adiós!.

 

La forma ‘adiós’ proviene del acortamiento de una forma de despedida que antiguamente se utilizaba de un modo más formal y que decía ‘A Dios seas’, ‘A Dios te encomiendo’ y ‘Te encomiendo a Dios’, que también se transformó en el mencionado ‘Con Dios’, que algunas personas en los pueblos siguen utilizando.

 

Este gesto del minuto de silencio se ha banalizado tanto, que ya carece de sentido pleno. Ahora mismo es el arma más cercana que tiene en propiedad tanto el laicismo reinante, el relativismo dominante, como el fariseísmo invencible, y el buenismo complaciente. Las tragedias terroristas y los recientes y brutales crímenes han demostrado el arraigo y generalización de las costumbres de la cultura poscristiana en Europa.

 

En España llegamos más lejos, asesinan los terroristas del narcotráfico a dos guardias civiles destrozando sus cuerpos con las hélices de la narcolancha y el presidente del Gobierno se calza el esmoquin y se va de fiesta a los premios Goya para que le adule el rojerío de la poscultura cinematográfica, el ministro del interior prohíbe en toda España a los agentes del cuerpo la asistencia de uniforme a los minutos de silencio o cualquier acto de luto y homenaje, y todos permanecen silentes menos la viuda en Pamplona que mantiene la dignidad ante la Cruz impidiendo que el traidor que desmanteló la unidad contra el narcotráfico impusiera una condecoración sobre el féretro de su esposo. Padre Nuestro que estás en los Cielos, cuida de ellos a la espera de nuestra llegada.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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