El “Zapatazo” (Una defensa de la cultura). Por Diego Pardos 

El zapatazo

«Ente tanto pedo o ventosidad, tantos eructos y tanta zorra recuerdo otras manifestaciones culturales pretéritas, como el célebre zapatazo de Norma Duval»

Televisión Española es un ministerio que siempre está comprometido con la cultura y que sigue fiel a su vocación de servicio público. Un botón de muestra fue la aparición brevísima de una futbolista dándonos las uvas desde la Puerta del Sol, la pasada Nochevieja, cobrando tan sólo unos pocos miles de euros de nuestros impuestos. A la misma hora, durante más minutos y por muchos menos euros y un catarro, la periodista María Durán se plantó en la calle Ferraz al tiempo que se golpeaba una piñata con forma de muñeco. En una entrevista concedida a Rebeca Crespo para Periodista Digital, la bella alicantina aseveró que “la piñata es la de un tío con la nariz larga de mentir. La piñata puede ser de Pinocho o de cualquier persona fea”. Estas declaraciones me molestaron mucho en su día, ya que quienes gozamos de un apéndice nasal prominente podemos ser guapos y hasta apuestos. Tenerla grande (con perdón) también tiene su atractivo, como demuestran los ejemplos del actor Juanjo Menéndez o del expresidente Felipe González. 

Abundando en el hecho cultural, Televisión Española fichó como reportera para la Gala de los Premios Goya a una ferviente admiradora de don Pedro Sánchez, la abogada Inés Hernand, nacida Hernando, como bien nos han recalcado Jiménez Losantos (que llamó en su día “nenita” a la Durán, y desde entonces la pobre no pega ojo del disgusto) y Santiago González en su sección radiofónica La República de los Tonnntos. Y apuntando que también el hermano de Sabino Arana hizo algo parecido con el apellido de su esposa. En estas cosas estaba yo el martes cavilando cuando me encuentro la mañana siguiente este argumento antes de redactar mi columna. (Ya el escritor Rafael García Serrano, en el prólogo a su novela La ventana daba al río nos da cuenta de que el título hubo de cambiarlo, ya que el inicial de La otra orilla iba a ser un estreno de José López Rubio y que además, Hemingway había publicado un relato llamado Al otro lado del río.) Luego a mí no me queda nada más que ampliar esa información, de la que tuve conocimiento hace años por el libro de Jon Juaristi El bucle melancólico. Allí, en el capítulo Tartarín en Vizcaya se cuenta que Luis Arana contrajo matrimonio con una cocinera aragonesa, Josefa Egüés Hernando, que pasó a euskaldunizar sus nuevos apellidos: Eguaraz Hernandorena, y del mismo modo acaso doña Inés haya trocado su Hernando, quizá por esnobismo, en un Hernand presuntamente afrancesado. 

Volviendo a la Televisión Española, hay que decir que para abundar en el hecho cultural -como digo- a esta admiradora de la iconosfera presidencial se le escapó un eructo ante las cámaras (probablemente por la emoción del momento); comportamiento que merece -sólo faltaría- nuestra indulgencia por tratarse de un caso aislado. Pero hay quien no perdona y vierte su mala uva en insidiosos versos de taberna: 

 

De la tele es nuevo icono 

del regüeldo Inés Hernand, 

que vale para un stand 

lo mismo que sirve un mono. 

 

Uno creía que la relación de lo escatológico con lo cultural eran extravagancias de nuestro más celebrado premio Nobel, don Camilo José Cela, que viajaba por la Alcarria (a pie o en Bentley), escribía novelas, sentaba cátedra como académico y con la misma naturalidad nos participaba sus untuosas alubiadas en forma de ventosidades o flatulencias, origen de posteriores fábulas. Pero ahora nos enteramos de lo de doña Inés y nos alegramos del progreso de nuestra cultura, de nuestra televisión y de nuestro cine. 

Quien esto escribe, sin embargo, entre tanto pedo o ventosidad, tantos vapores  o eructos y tanta zorra y tanto chapero siempre preferirá otras manifestaciones culturales pretéritas, sin duda más inofensivas, espontáneas y simpáticas como el célebre zapatazo de Norma Duval en Onda Cero durante El estado de la nación de Luis del Olmo: El receptor fue Jimmy Giménez-Arnau, que se había mostrado grosero con la vedette, musa de la derecha aznarista, y la escena se produjo ante la presencia de José Luis Coll, Antonio Ozores, Chumy Chúmez y Alfonso Ussía. Qué no  hubiera dado un servidor por estar allí… sin tanta cultura ni tanto icono. 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020).

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