Un hombre del 23-F. Por Diego Pardos

Un hombre del 23-F

«Cuando medio país -antes llamado España- pasó De camisa vieja a chaqueta nueva (1977), el hombre del 23-F permaneció fiel a sí mismo»

Que así se reconocía don Fernando Vizcaíno Casas, pues vino al mundo un 23 de febrero de 1926, a las doce treinta horas y en la ciudad de Valencia. Seguramente por acompañarle, su amigo Tip (Luis Sánchez Polack) eligió el mismo año y lugar para hacer lo propio: nacer. En el prólogo al libro Treinta Santos Varones y una Gamba don Fernando nos revelaba un secreto. Y es que su autor en realidad se llamaba Telémaco Intravenoso Pachanga, de ahí las siglas TIP. Grandes hombres estos del 23-F. Me ha faltado estudiar la vida y obra de don Luis. Puedo dejar al amable lector, sin embargo, una breve loa de Vizcaíno, un texto publicado en La Gallina Ilustrada (en junio de 2019) para su sección La pluma azul. He aquí lo escrito entonces: 

 

Por fin llegamos a Valencia en el tren de la mañana. ¡Jesús, qué viaje desde Teruel! Camino de la pensión, un cartel anuncia en la plaza que hoy torean Manolete y Arruza. Preguntamos por la calle Ribera. Y enseguida la primera discusión de recién casados: Josefina quiere ir a la catedral, a rezar a la Geperudeta, y luego un refresco de horchata en Santa Catalina. Y comprar encajes y bordados en la plaza Redonda. Y yo pretendo escaparme a tomar un café a Casa Balanzá, que tiene vistas a la del Caudillo -y ustedes dispensen-, donde un matrimonio elegante me cuenta que debo llevar a mi joven esposa al célebre establecimiento Paraguas Vizcaíno, allí mismo, “donde se fabrica lo más nuevo y fino”. Así que voy con mi mujer y entramos: “¡Cuánto objeto raro! Y no es nada caro”. Nos atiende doña Antonia, que nos vende un abanico. Su marido no puede pedir más: al próspero comercio se suma la certeza de que su único hijo, perito mercantil, le sucederá en el negocio… 

Casa Balanzá Valencia

 Pero ¡ay!, el chiquet de Vizcaíno se empeña en estudiar Derecho e irse a Madrid, quién sabe si para siempre. En Valencia quedarán sus padres, y esos impermeables paraguas “que conocen de seguro desde el húngaro hasta el chino”, según la célebre mazurca publicitaria de tiempos de la II República. De ella y de la guerra trata Zona Roja (1987), donde se hace presente además de lo terrible, una melancolía que no abandonará en sus más entrañables obras, desde Mis queridas nostalgias (1970) a Hijas de María (1983) o Chicas de servir (1985). Y donde el tipismo valenciano aflora para llegar a Entremeses variados (1991), broche de raro y tierno prodigio. 

Desde La senda iluminada (1949), estreno en el género dramático, hasta su obra póstuma Nietos de papá (2003), ha pasado medio siglo. Con Franco el anecdotario, la entrevista, la crónica, el cine. Sin Franco el fenómeno sociológico de sus novelas: la ironía y el sarcasmo que  suponían para él la antiviolencia. Dijo “adiós a los paraguas”, y cuando medio país -antes llamado España- pasó De camisa vieja a chaqueta nueva (1977), él permaneció “fiel a sí mismo”. 

Plaza redonda Valencia

 Admirador de sus amigos de  La Codorniz, era en el fondo uno de ellos. ¡Cómo no se divertiría en sus noches de Navacerrada haciendo la “crónica” de Las autonosuyas (1981),  parodia “en clave de humor desenfrenado” (al decir de García Serrano) que, llevada al cine por Rafael Gil contradijo su propio aforismo, pues no siempre “humor con humor se paga”. Al menos en ciertos Entes Autónomos. 

Mientras bailo con Josefina en Lara, el famoso paragüero toma su vermú en el chaflán de Balanzá con el doctor Sorní, y comenta la insólita noticia de que nada menos que un humorista, don Wenceslao Fernández-Flórez, sea nombrado académico de la Docta Casa: “A dónde vamos a ir a parar”. 

 Yo por si acaso, me dispongo a leer nuevamente las picantes historias de  Niñas… ¡al salón! (1976).  

Y luego quizá me dé una vueltita por Rigat… ¡Camarero, un jeriñac! 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020).

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