Sin miramientos. Por Antonio E.

Sin miramientos

«En el extinto partido, otrora PSOE, la lluvia convirtió el habitual lodazal en el que siempre subsistió, en una charca infecta»

Que el PSOE haya perdido estrepitosamente en las elecciones gallegas, algunos lo esperaban, muchos lo deseábamos y sólo los que votan en posición decúbito prono ante su líder, lo temían. Me refiero lógicamente a aquellos que han hecho del culto a Sánchez, su fastuosa y delincuencial forma de vivaquear en la democracia española.  

Nos esperan aún grandes momentos, situaciones escabrosas en el salón de los pasos perdidos, escenas jocosas desde la tribuna del hemiciclo y algún que otro escarceo amoroso en alguna que otra comisión de justicia, en el que los cuernos políticos de algunos, alcancen tal envergadura, que ni siquiera los ciervos que habitan en los montes del Canadá podrían igualar.  

Nada de lo que ocurra en el PS (Partido Sanchista) será de extrañar, a no ser que a su máximo preboste le dé un ataque de dignidad, y huya escondido entre el forraje para caballos que exportamos a la península arábiga.  

Hasta aquí las pocas frases que he podido salvar del artículo semanal que iba a enviar a la redacción de esta singular revista que es La Paseata. El resto lo he eliminado gracias a la colaboración extraordinaria de un partido cuyas iniciales dejaron de ser respetables, justo un minuto después de que las pariera el que lo fundó. 

Ni siquiera podremos decir que llueve sobre mojado, de ninguna manera. En el extinto partido, otrora PSOE, la lluvia convirtió el habitual lodazal en el que siempre subsistió, en una charca infecta repleta de serpientes mocasín, caimanes de diez metros y un sinfín de bacterias y hongos a los que piadosamente llamaremos mangantes, adictos y rufianes de todo tipo de pelaje casta y condición. Me refiero, lógicamente, a todos aquellos que formaron y forman legión dedicados, al robo y al saqueo sistemático de los dineros públicos que, según una distinguida ignorante llegó a decir, no eran de nadie. 

Imagino que muchos de los que votaron al otrora partido obrero, sentirán vergüenza, o tal vez no. Otros dirán que el PP también robaba, y tendrán razón. Incluso algunos sentirán envidia de los que han esquilmado las arcas públicas, también. Pero, aunque todos meen en la piscina pública, nadie lo había hecho hasta ahora desde el trampolín como lo ha hecho Sánchez, y sus distinguidos nombrados.     

En el país donde un despreciable figurón se arrogó el derecho a señalar a los políticos corruptos, bajo ese estandarte se hizo con el poder, he aquí que se ha convertido, yo pienso que ya lo era, en el político más corrompido de toda nuestra historia. Corrupción no sólo es robar lo público, también lo es gobernar anteponiendo el bienestar propio, al de la ciudadanía que con sus impuestos te paga el sueldo.  

Sánchez es Sánchez porque controla todos y cada uno de los resortes de su partido, lo ha reconstruido para servirse de él. Lo diré de otra forma aún más clara: en el PS no se mueve ni una sola brizna de paja, sin que lo sepa Sánchez, ni una sola, por eso es Sánchez.  

Para hacer tal aseveración me he inspirado en la doctrina que el propio Sánchez utilizó desde el principio: hacer responsable de todo, con o sin conocimiento de ello, al que en ese momento o cualquier otro ostentara el poder. Por tanto, justo es que se le señale como máximo responsable, lo supiera o no. In vigilando a su o sus ministros porque es el presidente. E, in eligiendo, porque es su culpa en la elección de ese ministro o ministros.   

Al igual que la guillotina funcionó para todos los señalados por el Comité de Salut Públic de la Revolución francesa, también funcionó para que el que la inventó, Joseph Ignace Guillotín, fuera ejecutado. Aquí no se llegará a tanto, pero seguramente rodarán cabezas de ministros cargos intermedios, o por qué no, la del mismo Sánchez. 

¡Qué descaro tan sangrante! Cuando bajo la ineptitud de Sánchez morían a diario cientos de españoles, sus lacayos hacían caja cobrando a precio de oro lo que habían comprado a precio de saldo. ¿Nos toman por imbéciles culpando a un subordinado de ínfima categoría? Nos toman. ¿Esperan que nos creamos que el tal Koldo actuaba por cuenta propia? Lo esperan. ¿Creen que esta rapiña sistemática del dinero público quedará como otras tantas en el olvido? Lo creen.  

Sólo aquél que cree estar por encima de la ley podría estar tan seguro, adoptando medidas sin pasar por el parlamento, utilizando lo público como si fuera suyo, manoseando leyes o creando otras para beneficiarse de siete votos que le garantizan el poder, atreviéndose a hacer lo que le da la gana sin rendir cuentas a nadie, nombrando a inútiles y mangantes para asegurarse no tener contestación alguna en la dacha en que ha convertido la Moncloa. Lo hace porque sabe que al final de su carrera le espera la justicia que el mismo espera nombrar, en ello está. 

Lo peor de todo es el cinismo de este malencarado miserable, parafraseándole a él, no me cabe ninguna duda de que estaba al tanto de todo lo que ha acaecido durante su larguísimo mandato. ¿Cómo no iba a estar enterado de lo que sus más cercanos colaboradores estaban haciendo? Imposible de toda imposibilidad. 

Que hayan puesto el cortafuegos en Ábalos, el mismo que le hizo el discurso de su investidura poniendo el acento en la corrupción del PP, es demoledor. Larga carrera de latrocinios a manos del PSOE, desde el oro y obras de arte saqueadas que fueron cargadas en el yate Vita, pasando por los entonces Montes de Piedad del 1936 donde las clases obreras tenían depositados sus escasas alhajas, pasando por el Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil, la Expo, el Ave, la Cruz Roja, los ERES… hasta el atraco de las mascarillas. Miles y miles de robos a gran o menor escala, gracias al concurso extraordinario del partido de las cuatro siglas, cuatro mentiras que, en manos de la peor escoria política, han convertido España en su botín particular. 

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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