De Constitución a Constitución y tiro porque me toca. Hagan juego, señorías. Por Antonio de la Torre

De Constitución a Constitución

«Mientras, el aberrante proyecto de ley de amnistía redactado por los que se quieren beneficiar de ella, sigue dando pasos»

Comenzaba la semana, o terminaba la anterior, según se mire, con la “sorprendente” victoria de Vladimir Putin, que se impuso en Rusia, al más puro estilo búlgaro, con una abrumadora mayoría del 88% de los votos. Seguía con el informe definitivo de la Comisión de Venecia que dejaba definitivamente malparado al “ministro Tres en Uno” y el decreto de adelanto de elecciones en Cataluña y avanzaba un poco más el desafío del cobarde prófugo Puigdemont anunciando su candidatura por Junts a las mismas.

Pero, en España, la semana vino marcada por el 212 aniversario de la Constitución de Cádiz, más popularmente conocida como la Pepa por haberse promulgado el día de San José, 19 de marzo de 1812, mientras seguimos hoy con la voluntad firme de nuestro desgobierno –y sus cómplices necesarios– de acabar, por la puerta falsa, con la más duradera con diferencia de las siete cartas magnas que vieron la luz en estos más de dos siglos de historia “constitucional”, interrupta cada dos por tres, en alternancia con otros cuantos proyectos que se quedaron simplemente en eso

Pero hay que volver a la triste realidad de las cada día más enfrentadas y distantes dos Españas que la citada Constitución trató de unir con el esfuerzo de todos y que la explosiva llegada por ferrocarril de un auténtico cáncer para la democracia, primero, el paso de un mal cirujano que no supo usar el bisturí con la contundencia necesaria, después, y el asalto traidor y tramposo al poder de un personaje sin principios, permitieron aflorar las metástasis que hoy nos abocan a una cirugía mucho más agresiva de la que nos gustaría.  

Mientras, el aberrante proyecto de ley de amnistía redactado por los que se quieren beneficiar de ella, sigue dando pasos frente a la cada día más abundante contestación de no pocos órganos jurisdiccionales internos e internacionales, ha seguido creciendo el que hace escasamente un mes se destapaba como “Caso Koldo” en alusión al asesor del exministro de Transportes y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, que nos va dejando tal cúmulo de irregularidades y personajes implicados que ya está muy cerca de convertirse en el “Caso Pedro Sánchez”. Ambos frentes se están abriendo de tal forma que hacen crecer un patente nerviosismo, tanto en la mayoría socialista del ejecutivo como en el propio partido que lo soporta. Y ya sabemos que ese nerviosismo, lejos de producir la más leve explicación sobre lo que se les pide, se traduce en una puesta en máxima producción de la maquinaria de la Moncloa para atacar al adversario político, cada día también, más enemigo, con ese característico “Y tú más” al que nos tienen tan acostumbrados.

Se escapa del alcance de este artículo la simple enumeración de las numerosas pruebas e irregularidades que se van conociendo sobre las compras de mascarillas desde los diferentes ministerios y comunidades, la utilización de las tan famosas, como en gran parte inútiles, PCR, las empresas implicadas y su relación con personajes “relevantes” –perdón por la hipérbole– de la política española o del entorno familiar de algunos de ellos, etc. Baste decir que, según ABC, informes de la Guardia Civil sitúan a la esposa de Koldo Aguirre como testaferro de la trama tras montar una empresa consultora para blanquear ingresos obtenidos a través de las mordidas. A su vez, El Confidencial tuvo confirmación de Globalia sobre los encuentros de su consejero delegado con la esposa del presidente, Begoña Gómez, mientras se negociaba con fondos públicos el rescate de la empresa, así como que esta compañía acordó financiar con 40.000 euros las actividades de Begoña Gómez en el Instituto de Empresa.

Sin duda, lo que más espacio informativo, escrito o en imágenes, está ocupando estos últimos días, es la guerra abierta desencadenad desde el desgobierno y su partido, contra el enemigo a batir desde el comienzo de la plandemia covidiana, Isabel Díaz Ayuso. Se reedita, con más inquina si cabe, lo que en su día fue un ataque fallido, a través de su hermano, que la propia fiscalía, “su” fiscalía, –¿De quién depende la fiscalía? Pues eso– archivó. Ahora le tocó el turno a su actual pareja, a raíz de una inspección fiscal conocida tras la filtración a los medios de una información privada, que la propia titular de quien depende la Agencia Tributaria, Marisú “Chiqui” Montero, anticipaba en los pasillos de la cámara, casi cinco horas antes de que dos de sus medios lo publicaran. Una más que posible y muy grave ilegalidad, como explicaba el que fuera director de la citada Agencia, Ignacio Ruíz Jarabo. Pero no voy a entrar en la “causalidad” de que Hacienda enviara a la Fiscalía el ‘expediente Ayuso’ el mismo día que el juez pidió la inspección de la trama Koldo  ni en la denuncia presentada por el Colegio de Abogados de Madrid por infidelidad en la custodia de documentos y revelación de secretos, que ya veremos lo que da de sí.   

Prueba de esa guerra declarada para tapar sus propios frentes, fueron las palabras del presimiente en su última comparecencia en el Congreso: Señor Feijoo, le exijo la dimisión de la presidenta de la comunidad de Madrid después de lo que hemos conocido. Aunque le cueste el puesto, señoría, exija la dimisión y las responsabilidades políticas a la presidenta de la comunidad de Madrid y entonces empezará usted a ser algo creíble en la ejemplaridad y en la lucha contra la corrupción”. Todo ello  entre risas de su viceprimera y ministra de Hacienda, que amenazaba desde su escaño con el dedo a algún diputado de la bancada popular mientras se leía en sus labios un “Cuidao, cuidao…”

Y no contento con esa sarta de falacias, se despachaba el viernes desde Bruselas con un discurso, cargado de titubeos y una pésima expresión en muchos momentos, fruto de la mentira que ni su acreditada “profesionalidad” con los “cambios de opinión” podía disimular. Un discurso ante los medios   que destilaba odio y que, por su zafiedad, he querido transcribir íntegro para que se pueda apreciar mejor lo que una simple escucha no permite, posiblemente, captar bien: «Yo creo que, de seis años a esta parte, tenemos una oposición, la del Partido Popular, una oposición absolutamente destructiva. No se conoce una propuesta ni una solución ni una oferta de pacto –esto recogía su fiel y sectaria La Sexta, a un gobierno que ha tachado de ilegítimo –lo que sin duda es por muy legal que se quiera–, desde el primer momento, por distintos motivos. Pero, ‘en (sic) lo que subyace, realmente es, un no reconocimiento del resultado de las urnas ni en 2019 ni por supuesto tampoco en el año 2023 –cuando, por cierto, ganó el PP y sólo la torticera suma heterogénea de los resultados permitió a Pedro I el Mentiroso conformar un gobierno vendido al nacionalismo, de ahí tal vez lo de ‘ilegítimo’–. Tenemos una oposición destructiva –no como yo, que levanto un muro para que no gobierne la derecha ni la ultraderecha que ha pasado a ser… unn… una suerte de oposición tóxica, una oposición que utiliza… bueno, pues, propuestas como la ilegalización de partidos políticos que no piensan como ellos, la inhabilitación de la presidencia del gobierno, en este caso mía, por una denuncia que la propia Oficina de Conflictos de Intereses –que depende por cierto de su ministro Escrivá y que nadie dudaba que no iba a apoyar– ha archivado o el insulto, la mentira y, en definitiva, inocular odio en la sociedad española para polarizar y confrontar –viendo lo subrayado hasta aquí, entenderán que no me mueve animadversión alguna cuando comentaba lo de la ‘mala expresión’ del discurso–. Yo creo que, en buena medida, lo que está sucediendo en la comunidad de Madrid tiene que ver con esto, que todo este ruido, todo este ruido, tiene que ver con el silencio del señor Feijoo ante el caso Ayuso –antítesis de la “transparencia” que él y sus corifeos demuestran en cada comparecencia o explicación ante los medios–. Creo que después de las noticias conocidas hoy, el señor Feijoo no tiene excusas ni tampoco la señora Ayuso tiene argumentos, para ‘no dimitir o exigir su dimisión –hubiera acertado de haber invertido el orden, pero ni por casualidad acierta este “Cervantes” de nuestra lengua–. Y es, lo que espera todo el mundo, toda España –menos, visto lo visto, los que le dimos mayoría absoluta al PP en Madrid, en Andalucía, en Galicia o mayorías holgadas en hasta diez comunidades más–, el que el Partido Popular asuma su responsabilidad y le exija su dimisión a la señora Ayuso como presidenta de la comunidad de Madrid y presidenta del Partido Popular. Porque, criticar la corrupción de un tercer partido –¿cuál es el segundo?–, es lo sencillo, luchar contra la corrupción y tomar medidas, en tu propio partido, es… lo relevante, es lo importante y yo, como presidente del gobierno y también como secretario general del partido socialista, creo que he tomado decisiones contundentes, rápidas, ejemplares, cuando –¿cuándo?–, por desgracia, pues… hemos sufrido algún caso de corrupción –la mentira dificulta el verbo–. Lo que tenemos que ver es que el Partido Popular pues no tape esa corrupción, sino que expulse esa corrupción de su organización política. Y es lo que se espera –como llevamos años viendo non los ERE, FAFFE, ISOFOTÓN, Marea, mascarillas, PCR, etc., etc., etc. y no sigo porque me faltarían etcéteras por poner.  

Y respecto a la última de las cuestiones ¿no?, el ambiente, efectivamente, de polarización –exactamente la que abrió su maestro Zapatero con la ley de Memoria Histérica que Mariano Rajoy no derogó– yo creo que tiene que ver con esto que le digo. Tenemos… ¡ah!, bueno, pues, un partido político, dirigido por el señor Feijoo, que llegó al liderazgo del Partido Popular –evidentemente no se acuerda de cómo llegó él a la secretaría general del PSOE tras ser expulsado sólo de la ejecutiva, que no del partido, por intentar manipular unas urnas ni a la presidencia del gobierno con una moción de censura adulterada por una “morcilla” añadida en una sentencia después de que el anterior se enfrentara a la señora Ayuso por un caso de corrupción que denunció y, antes al contrario, en lugar de asumir esa responsabilidad de la señora Ayuso, lo que hicieron fue expulsar a quien denunció esa corrupción, al señor Casado. Quizás por eso el señor Feijoo no se atreva, no quiera o no pueda –lo dice el “valiente” que regala la soberanía del Sahara al rey de Marruecos que lo tiene cogido por… el Pegasus israelí, que no sabemos por dónde lo tendrá cogido también a él y a parte de sus ministros y a la hija de Sabiniano Gómez, con la que comparte colchón nuevo en la Moncloa (testaferro de Sauna Adán y otros garitos de los que gusta frecuentar su gente y sabe Dios quien más y lo que de ahí se deriva)–, exigir responsabilidades políticas a la señora Ayuso. Pero, en segundo lugar, el señor Feijoo se presentó ante la ciudadanía española diciendo que no venía a insultar, que venía a hacer una política para adultos… Bueno pues…, la mentira, el odio, los insultos… –no como los “piropos” de su mampoministro Óscar Puente que llamaba al novio de Díaz Ayuso ‘amigo con derecho a roce’ y no hace mucho «sinvergüenza» a la consejera de Movilidad y Transformación Digital de la Junta de Castilla y León, María González Corral–.“Y creo que es importante, porque esta tarea de desvelar esta estrategia que busca polarizar, desmovilizar, al electorado, generar desafección política… todo esto no, no puede hacerlo solamente los partidos políticos que estamos sufriendo este ataque. Aquí hay una polarización, claro que sí, pero una polarización asimétrica. Aquí hay gente que insulta –como el citado Óscar Puente y los portavoces del partido, gobierno y Congresoy gente que somos insultados; hay gente que ataca –como los corifeos de Producciones La Moncloa– y gente que somos atacados; gente que miente –‘como yo, que cambio de opinión a diario’, no se atrevió a decir– y gente que tratamos de hacer de la verdad, pues –no pudo seguir sin colar un ‘pues’–, nuestra forma de hacer política. Y eso, bueno, pues, no puede llevar a la equidistancia, también de los propios medios de comunicación, entre la verdad y la mentira o a un empate entre quien ataca y quien es atacado. Y esto, lo han visto ustedes, ha habido medios de comunicación eldiario.es de Escolar y El País del Grupo PRISA– que han… reflejado todo lo que está sucediendo en el caso Ayuso –en todo caso sería el caso González Amador–, de fraude fiscal, de mentiras de la presidenta de la comunidad de Madrid y la respuesta que han tenido por parte del Partido Popular ha sido, pues amedrentar a esos medios de comunicación, señalarlos e incluso, no solamente la dirección del Partido Popular a nivel nacional, reprochar y señalar a esos dirigentes, la señora Ayuso y el señor Miguel Ángel Rodríguez, sobre actitudes que son absolutamente antidemocráticas, sino que asumir, en primera persona, esa forma de hacer política y de señalar a los medios de comunicación –no me negará el lector que cuesta un poco entender esa forma de expresar su empecinado ataque a Madrid–. Por tanto, no es un tema que afecte solamente a los partidos políticos que sufrimos esas mentiras y esa forma de hacer política; yo creo que es un desafío que nos concierne a todos, a los medios de comunicación, a los partidos políticos y en definitiva a toda la ciudadanía, que creemos en la política como un instrumento de transformación y de progreso y que no estamos dispuestos a ver como la democracia y la política se embarran –como el polvo de la toga de su amigo Conde Pumpido. Quien quiere embarrar la política es porque está de barro hasta arriba –palabra de socio de BILDU, ERC, BNG, PNV, JUNTS y SUMAR, Podemos y franquicias–. Y… y es bastante evidente que hay algunos partidos políticos que cuando tenemos casos de corrupción, pues actuamos con contundencia, ejemplaridad y rapidez –nada más ‘contundente, ejemplar y rápido’ que la sentencia de los ERE– y otros partidos políticos que lo que hacen es tapar esa corrupción y elevar el ruido para que no se escuche el silencio sobre aquello que no hacen. Pero que exigen a los otros. Y creo que eso, bueno, pues, es algo que tenemos que hacer los partidos políticos, pero tienen que hacer también los medios de comunicación y sin duda alguna también, el conjunto de la ciudadanía. Hay medios de comunicación, que su silencio es clamoroso, ante el intento de amedrentar a compañeros y compañeras de los medios de comunicación por parte del Partido Popular, de Madrid y de la dirección nacional. ¿Por qué no lo hacen? Pues es una pregunta legítima, que nos podemos hacer muchos.  

Creo que me extendí un poco más de lo normal, así que acabo con la intervención del portavoz del Partido Popular Miguel Tellado: Le repugna la corrupción, pero convive con ella… Decían que venían a acabar con la corrupción y están enterrados en el fango más asqueroso de la corrupción política. Se aprovecharon de una pandemia, directamente para robar. Miembros de su partido, compañeros de esa bancada, que algunos están presentes aquí (la cara de Gracita Bolaños era un poema) y que serán investigados por la justicia una vez que el gobierno colabore. Miren, ya cayó Koldo, han hecho caer a Ábalos y ahora la sombra de duda se cierne sobre distintos compañeros de su partido. ¿Va, este gobierno, a colaborar con la justicia o va a seguir callado como han hecho los últimos dos años que conocían todo esto?”. Me temo que la respuesta volverá a ser ¿Qué parte del NO, no entienden?

Y todo lo anterior sin que, a la tardía hora en que dejo mi reflexión de hoy se haya producido la dimisión, o el cese, de la marioneta –y posible investigada– balear que preside, todavía, la mitad más tres (siete de JUNTS incluidos) del Congreso de los disputados

 

 

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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