¡MUY BUENOS DÍAS!
Comenzamos la mañana de este jueves con la obra de un artista en el que se puede encontrar en cada una de sus obras fantasía y magia.
Además, os diré que hoy cuento con la colaboración de Francisco Gómez Valencia. De él os diré es un colaborador habitual de esta revista y en sus artículos aporta interés, buen hacer, así como notas de humor.
Ígor Egórov. Gomel (Bielorrusia) 1964. Pintor surrealista. Estudió en la Escuela de Arte de su ciudad natal, continuando su formación en la Escuela de Arte de Minsk. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas. Miembro de la Unión Bielorrusia de Rusia desde el año 1997. A continuación, pasaré a mostraros la obra y nuestras letras.

«Montañas ocultas» por Francisco Gómez Valencia
La señal del regreso
No es ni media noche y me susurra lo de
siempre, hoy: luces tenues, sombras, música
celestial, que suerte, ¿no será medieval? ¡No
gracias! Ya piloto en la oscuridad, es mi sueño,
es mi oscuridad.
Me atrapa, quiero escapar. Bendito café,
maldito sueño, ¿ya llega? Escucho a lo lejos…
¡Que te llama Morfeo! ¿Morfeo? Que feo. Me
escapo y salto, ¡aquí mando yo! ¿Seguro?
Escucho murmullos, crujir de paredes, olor a humedad
y ascuas a medio apagar. Veo
sombras, larguísimas, ahora tengo frio… Respiro
miedo, camino para atrás, ¿retrocedes? No. Te
he dicho que camino para atrás. Salto, tropiezo,
caigo al vacío o eso creo mientras vuelo pero
mientras, observo la pasarela, menudo viaje me
estoy pegando amigo. Menudo viaje me estas
dando ¿No hay final? Se ve que no, aunque;
noto cierta paz por fin. Vaya pues no, que va…
me agobio, me escapo, me rio de ti y.. regreso
al punto de partida, ya descanso, eso creo.
¡Otra vez música! ¿Celestial o medieval?
Que va, es la melodía del móvil ¡Ah, que triste final!
Y que lo digas, suena a realidad..
De acuerdo, mañana te espero… aunque no sé;
igual tardo en regresar, pues me he perdido
contigo por tu anhelo de soñar.
Tranquilo, sabrás volver.
«Montañas ocultas» Por Mila Soyyo
Necesito un amigo que me acompañe
a ese sueño profundo e inalcanzable.
Necesito encontrar aquella llave
que quedó en una puerta y no se abre.
Tengo un barco sin redes,
pescador tú si que puedes
tengo una manta en mi mano,
con ella me arropo y me tapo.
Nubes sabor a chicle o a caramelo
ojos que observan será un anhelo
ves una mano dulce te tiende un beso
allá que marchas aunque esté lejos.
Y volar, volar, tras la grandeza de ese, tu sueño.
No me caigo, no es eso; nubarrones, blanco o negro
se percibe la tormenta, disipada ente arcos y algo erecto
creí que cogía un tren, perdí una maleta cargada de miedo
no ves el sentido, deprisa, en vuelo, yo te lo cuento.
Llegué hasta el puente, geoda encuentro
reclamo mi pérdida, un trozo de cuero
eso es lo que recibo, no entiendo nada
me quejo, lo digo y solo hay silencio.
¡Vaya a reclamar si no está contento!
Un sobresalto recorre mi cuerpo y despierto
miro donde estoy, es mi cama y pienso
falta mi equipaje… ¡Qué tenía dentro!
Nada había, ni tan siquiera maleta.
Cogí un barco sin redes,
solo una manta que me abrigase
del frío para encontrarte en el sueño,
amor, no te encuentro… te pierdes.
***
Aquí finalizo, agradeciendo a Francisco su colaboración, una persona con un gran ingenio. Agradezco a Manuel la confianza depositada día tras día en mí y, por supuesto, porque sin él, esto no sería posible.
Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos un feliz jueves y no me voy sin
deciros antes… ¡Gracias por leernos!
MMB

