Crónicas fascistas. Por Antonio E. 

Crónicas fascistas

«Han convertido España y nuestros barrios en un parque temático de delincuencia y sólo escribo lo que los sindicatos policiales comunican a la ciudadanía» 

A nadie, a excepción de Sánchez y su gobierno de inútiles, se le escapa el gravísimo problema que para España está significando la entrada ilegal de millones de personas, en su mayor parte de origen musulmán. Lo que la mafia política europea dio en llamar acogida humanitaria, eufemismo tan ridículo como interesado, se ha convertido finalmente en invasión incontrolada, sin que los que lo propiciaron tomen medidas para solucionarlo.  

¿A qué intereses obedecía tamaña insensatez? Piensen mal y acertarán, la mafia sólo se mueve por dinero, y en la extrema izquierda social comunista mucho más. ¿Tiene algo que ver, inconfesable, la falta de principios e ideas de la que tanto adolece la progrez? O tal vez es tanta la degradación moral de esta basura ideológica, que no duda en poner en jaque la convivencia de sus propios ciudadanos, con tal de seguir ordeñando su propia iniquidad. En nombre de qué principios condenan a las clases más desfavorecidas, a convivir con los que se niegan a aceptar las reglas del país que los acoge. 

En base a aquella falsa realidad que trataron de vendernos, y que hoy día oculta el actual desgobierno español, nadie quiere hablar del tema por dos motivos muy claros: o bien por temor a ser tachado de racista, o bien por terror a ser señalado como fascista por la inquisición gubernamental. La misma patraña de siempre, a la razón un tiro, y si se resiste, dos. 

Cualquiera de los dos motivos sería válido para estos apóstoles de la impostura y el sectarismo. Por mi parte, lo trataré como parte interesada que soy, sin ambages y sin temor a ser denunciado por algunos de los comisarios políticos, a sueldo de este grupo de impresentables. La opinión sigue siendo libre, por tanto, hago uso de mi libertad para decir lo que pienso, sin más. 

En esta dictadura, buenista progresista, se ha llegado al extremo de silenciar un problema que sufren a diario millones de españoles, haciendo como que no existe. Mientras tanto, sigue aumentando exponencialmente el número de personas que llegan a nuestro país de forma y manera ilegal. 

Para este gobierno la solución consiste en recibirlos sin saber previamente quiénes son y a qué vienen, para a continuación encasquetarlos a martillazos en nuestras ciudades sin orden ni concierto, dejándolos con alevosía premeditación y nocturnidad entre nosotros. Ni saben exactamente el número de ellos, ni sus identidades, ni su estado sanitario, ni sus antecedentes policiales, ni nada de nada. Y lo que es aún peor, ni saben ni les interesa de qué vivirán una vez estén libres de vigilancia.  

A este gobierno de totalitarios no le pidan que vigilen la frontera terrestre con Marruecos, ni las marítimas con África, ni aérea, ni ninguna otra que pudiera existir, no lo harán. Ni patrullar nuestras aguas territoriales para impedir que las decenas de barcos nodriza sigan remolcando los cayucos hasta casi tocar las playas españolas de Canarias, tampoco lo harán. ¿Y por qué no lo hacen? La respuesta es tan obvia que hasta asquea no responderla. No hay otra: porque Marruecos no deja que su siervo, el servicial y apolíneo Sánchez proteja, como es su deber, las fronteras españolas. Quien manda ordena, y a Sánchez sólo le queda obedecer. Excepcional castigo, para el individuo más engreído del panorama político internacional.  

Han convertido España y nuestros barrios en un parque temático de delincuencia, donde bandas latinas, cuando no los pobrecitos menas de más de veintidós años, ocupan parques y centros de ocio, extorsionando chantajeando y robando a visitantes y comerciantes de dichos barrios. No lo digo yo, sólo escribo lo que diferentes sindicatos policiales comunican a la ciudadanía.  

Delincuencia latina y de color, escenificando el medievo a golpe de machetazos, excepcional forma de manifestar sus ancestrales costumbres. Mientras tanto, el Daluege de la Moncloa malgasta su tiempo remirándose en el espejo, ensayando el penúltimo desplante con que amenazará a Feijóo. 

La ocupación de inmuebles con sus enseres dentro, a veces con el dueño hospitalizado, para convertirlas en focos de delincuencia, generalmente organizadas, están a la orden del día. ¿Para eso pagamos impuestos? La cobardía de la ciudadanía española es repugnante, mientras la vivienda sea la de otro, qué más da. ¿Qué harán cuando sea la suya? 

Ocupan viviendas particulares, amparados en leyes que les permiten hacerlo. Roban en metros estaciones aeropuertos y lugares donde la afluencia de multitudes les permite pasar desapercibidos. Constituyen bandas y mafias dedicadas a la prostitución, el tráfico de drogas y los robos sistemáticos, un largo etcétera de delitos que les permiten vivir como nuevos ricos, sin que la ley les pueda ser aplicada  

¿Es normal que tanta inmundicia asole nuestras calles? O quizá es el nuevo orden mundial el que exige dejar que manadas de musulmanes violen a nuestras mujeres y apalicen a los que les hacen frente. La degeneración de la progrez, ha traspasado todos los límites, los de la derecha mayoritaria ni sabemos cuáles son, ni lo sabremos nunca, simplemente esperan a heredar el desastre.   

Otro asunto: ¿por qué extraña razón debemos mantener a cientos de miles de marroquíes, familias incluidas, si se sabe que no han venido a trabajar? Se habla de dos millones doscientos mil los marroquíes que vegetan en España sin trabajar, sumen los de otros países y la angustia les terminará por rematar. Los vagos no cuentan en el censo de los parados, pero sí en el de los que consiguen pagas, subsidios y derechos a espaldas de los imbéciles españoles. 

Visiten nuestros barrios, observen y después critiquen estos comentarios, si es que aún les queda decencia. ¿Otra forma de entreguismo al marroquí? Como regalarles la ciudadanía española. Si no lo es, se le parece mucho, las pagas a esta gente son cuando poco escandalosas, en comparación a la que perciben miles de españoles que sí trabajaron duramente durante muchos años. ¿Otro voto cautivo? Mucho me temo que sí.  

¿Por qué razón no se repatría a sus países de origen a la delincuencia reincidente? ¿Es normal que haya miles de ladrones con cientos de detenciones por delitos de hurto? Mientras la ciudadanía indefensa sufre esta lacra, la basura gubernamental hace obscena ostentación de decenas de escoltas que les amparan y protegen día y noche de ella. 

Cientos de preguntas, miles de incógnitas sin que nadie las responda. El gobierno de la transparencia, opacado por su más que acrecentada obscenidad.  

Mientras este gobierno obvia el problema, ocultando sus consecuencias, su única respuesta es acusar de racista al único partido que se preocupa de lo que tenía que ser su principal obligación, defender y mirar por el bienestar de los que sufren en su diaria existencia dicho problema, y no abandonarles a su suerte, hablo de VOX. Las cosas hay que decirlas con claridad meridiana, lo cual no significa que se haga proselitismo por nadie en concreto. 

Mientras acabo estas líneas nos enteramos de algo que sería normal en cualquier república bananera, más bien chavista o putiniana, qué más da, pero nunca en un estado que se cree de derecho y democrático. Acabamos de saber que el fiscal general del estado tenía que haber cursado la denuncia de la trama de las mascarillas en su momento, y no lo hizo porque faltaba un mes para las elecciones del 23-J. Esclarecedor. 

Antes de aquellas elecciones hice en estas mismas páginas un comentario que fue muy criticado por muchos. Escribí que Sánchez no estaba capacitado ni moral ni éticamente para convocar elecciones limpias y democráticas. El que hace lo contrario a lo que dijo que iba a hacer es un farsante, un indigno charlatán, un miserable y rastrero traidor. Las elecciones del 23-J fueron un gigantesco fraude, más propias de Maduro o Putin, que de un político decente, digno y demócrata. 

Después de esta ignominia y lo que vino después, ¿de qué nos asombramos?  

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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