
«A tal punto le puede, a Sánchez, la mezquindad, tan miserable se muestra en todos sus actos, que le causa a uno auténtica vergüenza ajena»
(1)
Debemos realmente celebrar
que no esté hecha aún la España actual
para la irrupción triunfante de ningún tirano:
a tal punto le puede, a Sánchez, la mezquindad,
tan miserable se muestra en todos sus actos,
que le causa a uno auténtica vergüenza ajena
(2)
tomarlo como ser humano.
No exhibe un solo tic, un solo mohín que no delate
al déspota vil que habita en él a todas horas;
y es así que en sus ansias de pisotear, a todo trance,
a cualquiera que asome para hacerle sombra,
se vea irremisiblemente impelido a sujetarse
(3)
a ser puñal siniestro y a ser letal curare,
como su mirada ruin y sus odiosas poses continuamente abonan:
La de ‘pérfidos enemigos del pueblo’ que habría ya hallado,
de haber podido dar rienda suelta a su íntimo tirano;
(4)
ese que, nuestra tenue democracia, su estallido feroz de momento ahoga.
¡Ay del día en que pueda gobernarnos a golpe de cadalso
y bajo el atroz imperio de su cetro, de su látigo y de su soga!
