
«Por desgracia esto es Iberia, lugar en donde la cultura e inteligencia no abundan. Solo la practican y la tienen unos pocos»
Si no fuera porque me duelen a veces las articulaciones, juraría que estoy muerto, que todo a mi alrededor son solo desvaríos de mi mente calenturienta, que deambula por el túnel hacia la luz del más allá. Debe de ser ya el único lugar en el que hay algo de luz e inteligencia, conocimiento y serenidad. Pero no, me pincho y sangro, de hecho, esta mañana arreglando un enchufe me he pinchado con las tijeras el dedo índice de la mano y el espeso y rojo líquido vital ha manado.
Tampoco detecto debajo de mi cuerpo astral ningún ser vivo consecuente con la racionalidad humana, si acaso detento zombies, movidos a golpe de teléfono móvil, publicidad y consignas políticas variadas, por supuesto todas ellas aglutinadoras de civilizaciones. Vamos lo que querían algunas personas, no sé si insignes, pero sin duda políticos del hoy y del ayer.
Los temas que circulan por el ágora actual global y unificadora de pensamiento, palabra, obra y omisión, para los intereses de unos pocos, mucho más avispados que la masa en general, son apabullantes. Pero por desgracia esto es Iberia, lugar en donde la cultura e inteligencia no abundan. Solo la practican y la tienen unos pocos. Luego muchas veces me enfrento con noticias, tanto en radio, como en televisión, que parecen irreales. Podrían ser estas de otro sistema solar, uno en el que haya seres vivos sin cerebro y que gritan solo consignas que les pasan otros seres vivos, pero vegetales, también carentes de cerebro.
Podría estar viviendo en otro planeta diferente a aquel en que nací, la Tierra, pero mi olfato denota el olor a sudor corpóreo animal. Y en los baños públicos el penetrante olor a tigre que todos conocemos. Peor, denota ideas desprovistas de toda inteligencia y racionalidad. Que pena que los seres humanos, no hayan podido desprenderse de su animalidad corporal, ni aún poseyendo una inteligencia enorme, salida de no se sabe dónde.
Son estas ideas, por decirlo de alguna manera, producidas y articuladas por bocas que merecerían, por vacías de contenido, un buen cosido de labios, para que no se abrieran ya nunca más. Puede que sea verdad, que nada exista salvo lo que imaginamos y mi imaginación esté enferma. Aunque dudo que mi imaginación esté en ese estado. Más bien podría pensar en que o no he evolucionado a peor intelecto, o que muchos de los demás tengan ablandadas sus neuronas de tanta música a niveles ensordecedores o publicidades idiotizadoras.
Como decía Machado en España nueve cabezas embisten y una sola piensa, lo cuál después del tiempo transcurrido, no deja de ser patético. Esta es la razón por la que muchos hacen vibrar sus cuerdas vocales sin saber realmente si sus sonidos y pensamientos están justificados o no. No seré yo quién les aclare las ideas, desde que tenía veinte años tenía las mías muy bien colocadas en las neuronas. Tocaba con una banda de rock and roll en algunos locales de Madrid y en uno de ellos coincidí con una persona que realmente pensaba, Javier Batanero, claro que eran otros tiempos. Contaba Batanero cosas que de verdad eran importantes, como la muerte de su perro en un poema. Acababa diciendo: “por las noches cuando bajo al parque, todos los perros del barrio te echamos de menos”, pues eso Javier, tu y otros pocos al parecer, habéis sido los últimos poetas pensadores de este siglo de imbecilidad supina. En donde a las hamburguesas algunos les colocan las patatas fritas sobre la carne y estupideces similares.
Esto no es una manía personal, no, hay que publicitar para que otros que piensan menos que eso, puedan jactarse de hacer lo mismo que el anuncio. No sé pero recuerdo un poema del que es autor Gabriel y Galán, “Mi Vaquerillo”, probablemente dice algo que está en desuso “¡Que horas, que auras! ¡Para hacerse de acero los cuerpos para hacerse de oro las almas!”.
Ni más, ni menos, impresionante la fuerza de las palabras. Por eso empezaba diciendo que si no fuera porque me duelen a veces las articulaciones, juraría que estoy muerto, que todo a mi alrededor son solo desvaríos de mi mente calenturienta, que deambula por el túnel hacia la luz del más allá. Debe de ser ya alguno de los pocos lugares en el que hay algo de luz, inteligencia, conocimiento y serenidad.
