
«Me temo que en Cataluña volveremos a ver a Puigdemont de “President” y a Salvador Illa, sujetando el candelabro»
Decía el otro día Ayuso, que había que trabajar para volver a disfrutar de la Barcelona de las Olimpiadas, quizás de manera un tanto frívola, pues parece que no sabe o no se acuerda –seguramente porque por entonces, la criatura solo tenía catorce añitos–, de lo que sufrieron y padecieron los catalanes, por culpa de la avalancha, las inversiones, y las intrigas políticas.
Personalmente nunca dudé de la perfecta combinación “triparty” entre los valores burgueses, la perfección y el desorden. La Primera cualidad la representó la soprano Montserrat Caballé, la perfecta y viciosa excentricidad, la aportó el vocalista de Queen, Freddie Mercury (posteriormente elevado a los altares), y por supuesto el desorden le corresponde, a las autoridades políticas empeñadas en los engaños y la corrupción institucional.
El encendido “fake” del pebetero, gracias a la flecha de fuego, obviamente no encendió la chispa de la llama olímpica, si no la del desencuentro absoluto entre los socialistas y la burguesía catalana que representaba Convergencia. En mi opinión, esta metáfora, representa la auténtica y genuina falsedad catalana del 3% por parte de unos, y la posterior asunción del sistema corrupto, por parte de los otros.
Como escribió Rafael Jordán en “El Periódico” el 27/07/22, “el doble discurso de Jordi Pujol fue una de las claves de su éxito en los 23 años de presidente de la Generalitat, la carrera olímpica del 92 es el paradigma de esta actitud. En el plano político, como gobernante, apoyó una candidatura que contribuiría a proyectar Catalunya en el mundo, pero paralelamente activó los resortes del movimiento nacionalista para asegurar la ‘catalanización’ de los Juegos. Aquella táctica, sin embargo, estuvo a punto de descarrilar con ocasión de los incidentes que rodearon la inauguración del Estadio Olímpico”.
Quizás Ayuso, por orden o conveniencia, a lo que se refiere sin nombrarlo, es al lamentable y vergonzoso intento de Feijóo, por blanquear a lo que machaconamente denomina “el PSOE bueno”, por su defensa del espíritu nacional contra la histórica rebeldía Catalana, mediante las argucias en forma de pinza llevada a cabo por entonces por la dupla socialista formada entre Pascual Maragall y Narcís Serra, con Miquel Roca (de CDC) de cómplice.
Sea como fuere, a día de hoy hay cuatro opciones resultantes del “carajal político y social”. La primera supone que los independentistas sumen la mayoría necesaria. La segunda, que las izquierdas puedan gobernar. La tercera, que se logre aquello que se negoció groseramente fuera de España, entre Santos Cerdán y el “honorable fugado”. Y la cuarta; que se produzca la repetición electoral. Si se da el caso, sólo será para dar gusto a Junqueras, mientras Sánchez le hace “la trece catorce” escenificando otro paripé, el cual serviría para que Sánchez y “el fugado”, ganarán tiempo, pasarán las elecciones europeas y mientras tanto, trabajaran para absorber el electorado de sus respectivos contrincantes a izquierda y derecha. Esta opción serviría para que “el sedicioso” ya estuviera amnistiado y así conseguirían, que la lucha cuerpo a cuerpo entre “ambos zumbados”, parezca democrática de cara a Europa y el electorado sanchista.
Personalmente creo que si “los indepes” suman, habrá acuerdo seguro, aunque cada vez creo con más firmeza que ERC, la CUP y los Comunes de Sumar, se la van a pegar, a base de bien. De ser así, me temo que volveremos a ver a Puigdemont de “President” y a Salvador Illa, sujetando el candelabro, demostrándose que como ya sucedió en la antigua Roma, liberar a sediciosos sólo sirve para empoderar a la corrupción.
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Españistán a 11 de mayo 2024
