
«Este relato, de una intensidad plena, contiene una gran representación de las pasiones humanas y los desenlaces que les son inherentes. Imprescindible»
Hay obras de la literatura que, como señalados lienzos, mantienen intacto el mensaje y la calidad de su elaboración. Más allá de la fama y trascendencia, que suelen ser justas y merecidas, del autor, el impacto en quien se adentre en su relato, al igual que al ver que no mirar un cuadro, siempre se renueva al paso de los años. adquieren la categoría de clásicos, por su valor, influencia e incidencia, pero mantienen una fresca actualidad en lo que, principalmente, se refiere a las conductas humanas; los sentimientos y emociones, la actitud hacia ellos, el éxito o el fracaso.
Al adentrarse en «Muerte en Venecia» se puede distinguir en breve la búsqueda de la pasión de hombre que, condicionado por su fama y a riesgo de naufragar, decide emprender una travesía no exenta de desencantos con la intención de dar más sentido a su propia vida. Y ello le lleva a Venecia, sinigual lugar de belleza, historia y misterio singulares, le lleva hacia un entorno idílico. Es allí, donde el deseo y la adoración llevan al protagonista de esta excepcional novela a renunciar a todo, incluso a sí mismo.
Tomas Mann, Premio Nobel de Literatura en 1929, ensayista y narrador, refrendó con esta obra y las que a continuación vieron la luz un reconocimiento prístino que desde muy joven siempre le acompañó. Manuel Vicent dijo de «Muerte en Venecia» que «Hay, entre los resquicios de esta historia, un abismo que ella deja entrever y que inmediatamente identificamos en nosotros mismos«.
Este relato, relativamente breve, de una intensidad plena, contiene una gran representación de las pasiones humanas y los desenlaces que, en tantas ocasiones, les son inherentes. Imprescindible.

