
«La armonía existente entre la Antigüedad, la historia y la belleza natural hacen que la visita a Sirmione sea inolvidable»
Al pie de Los Alpes, en el Lago de Garda, uno de los tres grandes lagos del norte de Italia junto al Lago Maggiore y el Lago de Como, se encuentra Sirmione, una bella localidad situada en una pequeña península que se adentra en el lago.
Gracias a su posición geográfica privilegiada ha sido poblada por numerosas culturas, ya desde la Edad del Bronce custodiando un hermoso patrimonio histórico y monumental en la que las ruinas del pasado romano se alternan con la historia medieval, edificios religiosos y palacios del Ottocento, todo ello en un maravilloso entorno natural.

Anterior a la época romana los habitantes de la zona vivían en palafitos en el lago; los romanos, conocedores de las buenas propiedades de sus aguas construyeron un impresionante complejo termal. La ciudad se convirtió en lugar de recreo con elegantes villas de familias adineradas, de ellas sobreviven las ruinas de la que perteneció al poeta romano nacido en Verona Gaius Valerius Catullo (87- 54 a. C.), con una extensión de aproximadamente dos hectáreas conocida como Las Grutas de Catulo. (siglo I a. C.). Fue diseñada en varias alturas, con un espacio central ajardinado y vistas espectaculares al lago. Asignar el nombre de “Grotte” (grutas) proviene del siglo XV, en el que se llamaba así a las ruinas abandonadas y cubiertas de vegetación. Posteriormente, al descubrir que se trataba de una villa romana se continuó llamando de la misma forma. Las ruinas de Las Cuevas de Catulo nos muestran cómo en el mundo romano la belleza y la suntuosidad eran aspectos altamente considerados.

Tras la dominación del territorio por parte de los pueblos lombardos a partir de finales del siglo VI procedentes de Europa del norte, el periodo medieval es importante para Sirmione. El pueblo invasor atravesó el norte de la península itálica hasta Verona, estableciendo su capital en Pavía. Sirmione tenía una posición estratégica, controlando las comunicaciones entre Brescia y la citada Verona.
Sirmione adquirió cierto poder que perdió tras la caída del poder lombardo a manos de Carlo Magno (¿?-814), rey de los francos. Algunas propiedades eclesiásticas pasaron al conocido monasterio San Martín de Tours en Francia, quedando la ciudad como un pequeño centro fortificado sin tanto poder administrativo.

Sin embargo, más avanzada la época medieval, Sirmione experimentará un resurgimiento, convirtiéndose en autónoma y directamente dependiente del poder imperial, como se confirma en un documento de 1220 en el que el emperador Federico II (1194-1250) otorga a los habitantes de Sirmione privilegios imperiales, entre ellos el derecho de pesca sobre el lago.
Se documentan varias Iglesias del siglo VIII, San Martino, hoy en día Santa María la Mayor, San Vito y San Pedro en Mavino, esta última situada en una colina con frescos del siglo XIV y una Madonna del Trecento o la Iglesia de Santa Ana, la primera al entrar en el casco antiguo tras pasar el puente levadizo junto al imponente castillo, uno de los lugares más emblemáticos de la localidad.
El Castillo de Scaligero, situado en un punto estratégico y que constituye un ejemplo no usual de fortificación portuaria en todo el mundo, lo mandó construir la noble familia veronesa Della Scala en el siglo XIII junto a otras edificaciones de defensa en el entorno.

Junto a la playa de Punta Grò se encuentra La Casa del Pescador, un espacio museístico en el que profundizar sobre la vida de la pesca y los pescadores, reconstruyendo la historia y el ambiente del pasado; tecnología y herramientas interactivas ayudan a aproximarse a un antiquísimo oficio tan presente en la zona.
Un paseo por el centro histórico nos sumerge en la fascinante península de Sirmione contemplando el paisaje natural, edificios históricos y pequeñas plazas desde donde divisar el lago. Un lugar agradable en el que las flores embellecen las calles y en el que se siente el paso de la propia historia. El Castillo se alza con sus grandes muros y torres a la entrada del centro.
Sirmione ha despertado siempre interés en los viajeros y es un lugar atractivo para muchos, su mágica atmósfera ha fascinado siempre a artistas, poetas y famosos. María Callas (1923-1977) vivió junto a su marido Giovanni Battista Meneghini (1896-1981) en una preciosa villa situada en la parte alta, hoy propiedad privada. La famosa soprano disfrutaba de bellos paseos por Sirmione, lugar donde encontraba la paz y tranquilidad que necesitaba en su ajetreada vida artística.

La bella ciudad es un lugar que inspira romanticismo y exalta la pasión. Como curiosidad, uno de los puntos quizás más fotografiados por las parejas que visitan Sirmione y sellan su amor con un beso, es donde se sitúa un cartel callejero que forma parte de la tendencia del arte contemporáneo, conocida como “Street Art” (Arte callejero) muy de moda en todo el mundo. En este caso se trata de un cartel en el que aparecen las figuras de una pareja besándose con las palabras “Kiss….please” (Besa….por favor).
El artista de Brescia Lillo Marciano (1951-2022), muy unido a Sirmione, lo realizó en 2009 y es una exhortación a besarnos y al amor en un entorno natural privilegiado, como el mismo escultor afirmó es un Monumento al beso y un homenaje al poeta Catulo cuya memoria está ligada a Sirmione, autor de los famosos versos, de los que extraigo algunos, a la mujer que fue el amor de su vida y su musa, Lesbia…
“Viivamos , oh Lesbia mía, vivamos y amemos,
y los rumores de los viejos más severos,
todos en un as estimemos…”
…” Dame besos mil, después ciento,
después mil otros, después un segundo ciento,´
después sin cesar otros mil, después ciento,
después, cuando muchos miles hiciéramos,
los revolveremos todos para perder la cuenta…”

La propuesta de los baños termales en Sirmione, gracias a sus aguas sulfurosas y sus excelentes propiedades como fuente de bienestar y prevención para determinadas afecciones respiratorias, dermatológicas o reumatólogas, la convierten en uno de los centros termales más conocidos y frecuentados en Europa.
La armonía existente entre la Antigüedad, la historia y la belleza natural hacen que la visita a Sirmione sea inolvidable. Un lugar encantador para visitar en el Lago de Garda que ofrece una atractiva oferta de eventos culturales, música, poesía, exposiciones y visitas guiadas para disfrutar del arte y la naturaleza, sobre todo en periodo estival.

Un lugar privilegiado sobre el que Stendhal, gran amante del país transalpino, ya elogió en una de sus obras: “Las riberas del lago de Garda, que forman los contrastes de los bellos bosques y de las aguas tranquilas, puede que sea el más bello paisaje del mundo”. Hemri Beyle, Stendhal (1783-1842).

