
«La progrez ve el problema desde su atalaya particular con decenas de escoltas a su servicio, donde el hedor no les alcanza y la miseria no les estorba»
Mientras la progrez trata de justificar lo injustificable, la ciudadanía española cada vez más indefensa e indignada, asiste incrédula al desbarajuste propiciado por la inacción de un gobierno sobrepasado por su propia inutilidad y sectarismo. Gobierno cuyo presidente está más atento al devenir de sus propias miserias, que de la gobernanza de un estado al que desde el primer minuto de su mandato se propuso hundir.
Vayamos al tema, varias preguntas indispensables y una amenaza que tratar, los llamados menas y el coro celestial que los ampara y protege. ¿Quién se creen que son estos irresponsables políticos para arrogarse la educación y la tutoría de miles de jóvenes extranjeros, teniendo éstos, padres y gobierno? Lo ético, lo decente, es que padres y gobierno marroquí ejercieran sobre ellos la patria potestad que les es inherente por parentesco y legalidad. Por tanto, si son hijos de marroquíes y súbditos marroquíes, los únicos responsables moralmente y políticamente son sus padres legítimos y el gobierno marroquí, no ninguna institución española. A no ser que a través de ellos medren miles de figurones de todo pelaje y condición, mafias y oscuros personajes incluidos, que tengan con dicho tinglado su particular modus vivendi.
Hacer proselitismo a espaldas de la ciudadanía que paga sus excesos, es tan inmoral y excesivo como repugnante y oneroso. A la vista de ello, tal y como se produce, se podría asegurar tajantemente que no son pocos los que viven de la carne que surte el sultán, no cabe otra explicación. Por tanto, no existiría tal problema si desde el primer segundo se procediera a la inmediata devolución a su país de origen.
¿Por qué oscura y miserable razón tenemos que ocuparnos de este problema? A día de hoy los delitos en los que participan jóvenes y no tan jóvenes marroquíes, han aumentado de forma alarmante, haciendo de nuestras calles una especie de jardín temático, donde el delito reina y la delincuencia tribal encuentra reconfortante cobijo ¿Hasta cuándo vamos a seguir sufriendo esta degradación?
Me limito a repetir lo que los portavoces policiales dicen un día sí y el otro también. Mientras al gobierno lo único que le preocupa es succionar a conciencia la verga, política, de los que aseguran el sueldo al reputo innombrable, la ciudadanía soporta estoicamente que le violenten la existencia
Resulta altamente sospechoso que los medios estabulados en la Moncloa silencien por sistema la nacionalidad de los delincuentes marroquíes, mientras airean con estruendosos titulares, cuando el autor o los autores de una salvajada son basura autóctona. A estas pocilgas mediáticas les corresponde decir por qué silencian y omiten palabras como marroquí, subsahariano, latino o gitano. En cambio, hacen ostentación de otros términos, más acordes con su propio parentesco, como facha, fascista o ultraderecha. A día de hoy sigo sin descifrar de que estercolero han extraído a tanto inmoral, aunque no cuesta mucho imaginarlo, por su hedor les reconoceréis, otra explicación son los más de 240 millones de euros regados a los medios afines, a discreción y sin anestesia.
Mientras tanto nos desayunamos a diario con violaciones de todo tipo, hurtos menores o mayores a mansalva, robos y saqueos de negocios a manos de turbas organizadas cada vez más atrevidas, ocupaciones de pisos y locales con las bendiciones del propio gobierno, sin que la “ley oficial” mueva un solo dedo, tráfico de drogas etc. ¿Por qué razón tenemos que soportar tamaña afrenta a manos de esta chusma indocumentada?
La semana pasada nos enteramos de como utilizando el cumpleaños del rey marroquí, hubo una especie de amnistía que puso en la calle a miles de delincuentes, que, bajo amenazas de condenas más fuertes en caso de volver a reincidir en el delito, tomaron el camino más fácil, marcharse a España. Somos millones los que nos preguntamos si el “ministerio del interior” está para reprimir estos delitos, o para ayudar con sus políticas a que se perpetúen, viendo la respuesta que se ha dado al hecho, mucho me temo que tal hazaña ha sido permitida cuando no propiciada. Quien cede a un chantajista, nunca paga la deuda, si no que la acrecienta.
La misma pregunta, esta vez más directa ¿Por qué oscura y miserable razón tenemos que soportar a la delincuencia marroquí? Y lo que es aún más sangrante ¿Por qué tenemos que callarnos y no denunciar esta afrenta al sentido común? Qué bien se habla del inmigrante, yo prefiero llamarles invasores o como poco ilegales, cuando no se les tiene que aguantar, o sufrir. La progrez ve el problema desde su atalaya particular con decenas de escoltas a su servicio, donde el hedor no les alcanza y la miseria no les estorba. Qué bien se habla de la mierda cuando el hedor no os llega, sectarios.
Qué decir de la mayoría de los nacionales del mismo país, que en lugar de venir a trabajar e integrarse, han venido por centenares de miles a vivir de nuestra más que demostrada estupidez. Disfrutan de nuestra sanidad, enseñanza, caridad y demás servicios gratis total, mientras procrean a marchas forzadas para vivir a cuenta de los imbéciles que pagan con sus impuestos tamaño estipendio. Repito ¿Acaso tenemos la obligación de mantener a centenares de miles, quizá millones, de súbditos marroquíes? Al parecer sí.
Yo exigiría a la clase política que visitasen nuestros barrios, que vivieran unas semanas entre ellos, que sufrieran en sus carnes amenazas e insultos, palizas y chanzas. Que vieran como estos getas disfrutan carcajeándose de unos servicios, en los que no han derramado una sola gota de sudor. Que sintieran el miedo que nuestros jóvenes sienten al entrar en un parque llevando un móvil en el bolsillo o unos pendientes, aparentemente valiosos, y que luego hablasen, si es que para entonces les quedaban ganas y estómago para hacerlo.
A España han llegado muchos criminales, ratas inmundas que solo son detenidas, después de haber asesinado a un ciudadano español, sea mujer o hombre. Todos y cada uno de los asesinatos, robos, estragos o violaciones tienen un solo responsable, el que ha hecho de su alta magistratura su única forma posible de prosperar en su vida particular, sin pararse a pensar ni un solo momento en que es el máximo responsable del bienestar de los que le pagan el sueldo.
