
«En cuanto al Plan Begoña, el nuevo testigo, el felón Sánchez quizás aclare esos datos que sólo la investigada parece seguir desconociendo»
No suelo escribir sobre la falacia del tiempo climático que los artífices de la nefasta Agenda 2030 nos repiten a diario a través de esos medios de manipulación masiva que controlan, con sus cada día más actores que meteorólogos que, al unísono, nos alertan en todos los telediarios y emisoras de las terribles olas de diferentes colores que nos amenazan. Ante eso, sólo me quedaría decir, como dicen en mi tierra, ¡Ozú, que caló! y agitar el abanico o paipay que no suelo usar.
Desde el pasado mes de abril nos vienen asustando –ese es el objetivo, el miedo que cuida el rebaño, cuando no es la COVID, el calor (si hace falta se combinan, y mejor)– con el verano más caluroso de la historia, en este país que, según los calentólogos de oficio, iba a ser un desierto en el año 2000 y hay más verde que entonces. Después de la primera ola de calor que anunciaron en mayo llegó, para estos artistas desmemoriados, otra “primera ola de calor”, esta vez de verdad, decían algunos de estos payasos del tiempo, en estos días de julio, en los que, nada menos, se podían alcanzar en Córdoba y su campiña la friolera de 41º-43º a la sombra. Los que somos de esa querida tierra, hemos padecido sus “templados” veranos entre 40º- 44º, normalmente y 46º- 48º algún día loco, en los tiempos que no existía aire acondicionado, y sin más refrigerio que el botijo y alguna brisa despistada que se colara en la hoya topográfica en la que el destino histórico quiso situar a la preciosa capital de la Catedral-Mezquita, única en el mundo cuatro veces Patrimonio de la Humanidad. No me extiendo más en esto y dejo para esos medios y seguidores el enlace de un magnífico artículo que explica exactamente lo contrario, el “descenso neto de temperaturas en la atmósfera del planeta”. Entiendo que puede ser duro para aquellos que nos hablaban de los objetivos del milenio, sustituidos por los de la citada Agenda 2030, abocada ya, también, al fracaso, que ahora empiezan a vendernos la 2050, pero de todo se sale. Por cierto, para los amigos del cambio climático, diré que hace unos días circulaba por las redes un recorte de prensa, según el cual el 30 de julio de 1876 había sido el día más caluroso de nuestra historia, registrándose 51º en Sevilla y 44º en Madrid.

No me voy a extender mucho en un hecho que casi pasó desapercibido en nuestros medios el pasado domingo, pero no puedo dejar de comentarlo por su relevancia internacional, que parece que no valoraron lo suficiente como para interrumpir sus emisiones. Me refiero al atentado que sufrió el expresidente y candidato republicano de los EE. UU., Donald Trump, que se quedó en un susto y un exagerado apósito en su oreja derecha. Sólo diré que, junto al penoso espectáculo del cada vez más decrépito candidato demócrata y todavía presidente del país, Jo Biden, este deplorable intento de asesinato, está sirviendo para reforzar al que con no pocas sombras fue desbancado de la presidencia en 2020 a la que, si no se repite con otro resultado, puede volver el próximo 5 de noviembre, primer martes después del primer lunes de ese mes.
Y vamos con otro de los episodios que nos deparó el principio de la semana, tras el no sé si sorprendente triunfo europeo de la selección española de fútbol que hizo morder el polvo a la de la pérfida Albión. Doy mi sincera enhorabuena por el triunfo a esta selección que está haciendo recuperar la ilusión en el equipo nacional a una parte de los que estábamos bastantes fríos en el ámbito internacional, desde que se bautizó como “La Roja”, en tiempos de Rodríguez Zapatero, creo recordar, unido a un anodino juego que, pese a algún sonado triunfo, aburría a las ovejas bajo la dirección de un técnico que no creaba afición, precisamente.
Llama la atención que sea la selección de fútbol lo único que parece despertar el sentimiento patrio, que desaparece después ante la triste y preocupante situación de un país al que la casta política, la izquierda por acción flagrante y la derecha por omisión, no sé si llamar cobarde o poco valiente, pero, desde luego, sí incapaz, fuera de lo económico o las relaciones exteriores. Un sentimiento alterado sólo por algunas partidas de energúmenos, como los que vimos el domingo en la última corrida de toros de Pamplona, donde se desplegaban sendos carteles con mensajes de “P..a España” y “P..a Seleccción” o en algún punto de Cataluña en el que venían a decir lo mismo en unos cuantos idiomas. Por eso he insistido en varias ocasiones, y lo mantengo, en que algo se debió hacer muy mal durante nuestra “ejemplar Transición”, cuando sólo lo futbolístico mueve a ese sentimiento de unidad –los demás deportes parece que lo despiertan menos o casi nada. Ni siquiera el tenis, que nos deparó otro gran triunfo, también el domingo–. Tanto en lo social, como en lo educacional, lo histórico, lo costumbrista o lo político, desde el respeto a las diferentes ideologías y formas de pensar, todas respetables, dentro de un orden, porque algunas se descalifican con sus actuaciones, no se observa en nada una idea de Patria-Nación por encima de las naturales diferencias.
Mi tesis, ya expuesta en otras ocasiones, es que, entre nuestros padres constitucionalistas –en sentido amplio, no sólo “los siete padres” firmantes– que, seguramente, hicieron un gran esfuerzo de concordia y paz –no todos, diría yo, visto lo visto, especialmente en las últimas dos décadas–, faltó alguno en la mesa de negociación que hubiera vivido y, sobre todo, tenido muy presente, el desastre político de los años 30’s, que acabó en la mayor polarización social de nuestra Historia y dio lugar al enfrentamiento entre españoles, la Guerra Civil de 1936-39. Una polarización que cada día se acentúa más en la España actual y que se manifestó en las sedes de las dos máximas magistraturas del estado, el Palacio de la Moncloa y el de la Zarzuela. En el primero, tensión y poca o nula empatía por parte de los ganadores de la Eurocopa de naciones hacia un presidente del gobierno protagonista, que los utilizó como fondo para su foto y al que algunos ni siquiera miraron al saludarlo y todo lo contrario con el Rey, donde el encuentro duró el doble de tiempo y todo fue cordialidad recíproca.
Paso de puntillas sobre la ya consumada ruptura PP-VOX, porque ya dejé clara mi opinión la semana pasada sobre “el tiro en el pie de los otros”, que “se” daba Santiago Abascal con su “espantá” de los gobiernos autonómicos en los que, a trancas y barrancas, se había conseguido colocar. Pero no quiero dejar de resaltar la supuesta justificación del autócrata vasco, que “rompe con Feijoo porque, acoger a 120 Menas, condena a la inseguridad a seis comunidades autónomas con 12 millones de habitantes”. Ya sabemos que Abascal es de letras, aunque poco, pero alguien de su entorno, más versado en números, podría haberle mostrado una sencilla operación con esas cifras. Lo que dice este señor significa que cada mena pondría en peligro nada menos que a 100.000 ciudadanos, algo que me parece un poco excesivo, fuera de que haya que regular de manera urgente la inmigración irregular, de menores y de mayores, con escasísimas mujeres entre ambos colectivos, circunstancia que sería digna de un exhaustivo análisis. Este asunto lo trata muy bien, a mi juicio, Alberto Núñez Feijoo, sin darle más importancia que la que tiene, en una entrevista que le hacía el pasado jueves, 18 de julio –mera coincidencia la fecha– Carlos Herrera en COPE, que me parece de interés y acompaño enlace.
Una entrevista realizada al día siguiente del pleno del Congreso en el que Fray Perico el rey del Bulo presentaba su Plan de Regeneración Democrática, de la que daba ejemplo el promotor ordenando hacer callar a la bancada del PP, a su marioneta que “preside” medio Congreso, Paquita Armengol. Feijoo explica también con claridad su opinión, y la posición del Partido Popular, respecto a dos de los temas de mayor relevancia que siguen ocupando los medios, esta semana también: la desfachatez, otra más, del Tribunal de Casación Sánchez-Pumpido con el caso de los ERE de Andalucía y la cada día más complicada situación judicial de la investigada “presidenta” de Pachi “Nadie” López, Begoña Gómez, del hermano errante de Falconeti y del abogado de la familia, el fiscal general del “establo”, Álvaro García Ortiz. Sin desdeñar explayarse en lo que el rey del bulo y presimiente del desgobierno calificó ampulosamente como Plan de Regeneración Democrática, que quedó el otro día como una nueva edición del “parto de los montes”, del que un avezado periodista como Carlos Alsina y otros hablan ya como Plan Begoña, con el que Producciones Moncloa quiere crear una cortina de humo para desviar la atención de lo verdaderamente interesante, cosa que no creo que consigan.
Respecto al primero, el PP se persona en la acusación del caso de los ERE y pedirá la retirada del presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, de la votación de los recursos presentados junto a la recusación de las magistradas Inmaculada Montalbán –ponente galardonada por su ahora exculpado Griñán– junto a María Luisa Balaguer, Juan Carlos Campo y María Luisa Segoviano, inmersos todos en posibles causas de incompatibilidad, integrantes de esa mayoría 7-4 que anticipa el resultado de las decisiones del supuesto tribunal de garantía… socialista, obviamente. Duele escuchar a uno de los principales responsables del mayor desfalco de fondos públicos que se había registrado en España, expresidente de la Junta de Andalucía y, para más inri, del Partido Socialista antes Obrero y nunca Español, el lamentable Manuel Chaves, decir todo ufano que “Hoy tengo la sensación de que por fin se ha hecho justicia. El TC nos ha dado la razón. No había trama política; no había ninguna confabulación política; no había absolutamente nada y vinieron a por nosotros y ahora ha quedado todo desmontado”. Pero por mucho indulto camuflado que le haya dado este tribunal “prostitucional”, los hechos son tozudos y ahí quedan.

En cuanto al Plan Begoña, continúan apareciendo datos que sólo la investigada parece seguir desconociendo o no queriendo darse por aludida, como esa insólita cátedra dada a una persona sin titulación académica suficiente o esos aproximadamente 25 millones de euros que recibió el grupo Barrabés a través de noventa y nueve adjudicaciones públicas, según un informe de la Guardia Civil reclamado por el juez Peinado. También, el propio empresario, que ya en 2021 era alabado en público por el enamorado de la investigada –no sé qué opinará al respecto su amiga Susana Sumelzo, declaraba el lunes ante el juez Peinado que en dos de sus numerosas reuniones con Begoña Gómez, en La Moncloa, estuvo presente Pedro Sánchez. Por cierto que, tras su declaración, ha visto cambiada su calidad de testigo por la de también investigado. La señora Gómez, como era previsible se ha negado a explicar nada acogiéndose a su derecho a no declarar en su segunda comparecencia judicial en la Plaza de Castilla. Que digo yo que se entiende que la presunción de inocencia esté siempre por delante ante cualquier investigado por evidentes que sean los indicios o pruebas, y que el investigado, la, en este caso, no declare en su contra, pero de ahí a que se niegue a responder las preguntas del juez, debería mediar un abismo.
Otra de las cosas que no entiendo muy bien del procedimiento procesal, pero es que no soy jurista. Lo cierto es que, después de 14 días, nada nuevo bajo el Sol. Era la única española que no sabía de qué se le acusaba y después de que el paciente juez Peinado se lo explicara en presencia de su abogado formal, Antonio Camacho, los de fondo son el fiscal general del Estado y el propio triministro Félix Bolaños, desde su gorra de Justicia, al que su jefe le ha ordenado que pare como sea los procedimientos contra su amada Begoña y contra su querido hermano, del que ahora se dice que mantiene otro tipo de relación, además de la laboral, con su contratador, el presidente de la diputación de Badajoz, al que, las malas lenguas, también domicilian en el palacete de Elba (Portugal). Como decía, su abogado formal, Antonio Camacho, ante los medios: “Mi representada, doña Begoña Gómez, no ha declarado no porque tenga nada que esconder y no porque ella no quiera dar explicaciones sino porque esta defensa le ha recomendado que no se hiciera esta declaración –parece que en Moncloa temen una posible metedura de pata de la “catedrática”– y por lo tanto, nuestra posición es, siguiendo el auto de la Audiencia Provincial, este procedimiento carece de objeto alguno en este momento”.
Termino con la defensa del siempre oportuno y ágil Óscar Puente y con la respuesta no menos ágil y oportuna de la de siempre por parte del PP, Isabel Díaz Ayuso. El primero justificaba la nueva no declaración de su defendida: “La declaración de Begoña Gómez, para lo único que hubiera podido servir es para alimentar un circo, al que alguien, desde las instancias judiciales, pondrá fin en algún momento –así lo están intentando don Alvarone y sus fiscales y el ministro tres en uno, Félix Bolaños–. No se puede seguir con una causa abierta en la que no hay pruebas, ni siquiera indiciarias, que incriminen a una persona y buscando en su vida, a ver si encuentran alguna. Esto, desde luego, no es lo que contempla nuestro derecho penal y entiendo absolutamente la decisión que ha tomado Begoña Gómez de no prestarse a esta situación”. Con el hermano no se atrevió, todavía.
Por su parte, la presidente de la comunidad de Madrid, era clara, como viene siendo habitual en ella: «Aquí estamos hablando de gente que ha pasado de gestionar saunas a gestionar cátedras universitarias con el nombre de La Moncloa y del Gobierno» . Y apostillaba también que «Ahora resulta que se persigue a la mujer del presidente o al hermano del presidente por ser familiares. Juraría que eso es lo que me han hecho a mí durante los últimos cinco años y no pasaba nada«.
Pues nada, la semana que viene, más y me temo que no mucho mejor, aunque el pueblo español siga de vacaciones llenando hoteles, gasolineras eléctricas y chiringuitos, a falta de ese pan y circo que volverá el sábado, aunque con menos intensidad patriótica, con el comienzo de los Juegos Olímpicos que se inauguran en París, ya veremos con qué medidas de seguridad y con qué éxito, en un país bastante desorganizado en este área.

