África no es solo un continente. Por Rodolfo Arévalo

África no es solo un continente

«No solamente hay que llegar a Europa, hay que abandonar África y ¡África no es solo un continente! Es una historia, una cultura, una evolución cultural y social»

Sigo con el tema Africano que está tan de moda. Es curioso ver como se imaginan África, la mayor parte de las gentes que solo la ven por documentales o por las noticias de televisión. “Todo es muy malo, todo son circunstancia adversas para que los africanos puedan prosperar”. Esto en principio pudiera parecer así, pero no lo es tanto. Lo que necesita África, no es dinero, lo que necesita es que, por un lado, occidente deje de explotarla en su beneficio, dejando muy poco para los oriundos, y que los lugareños de aquellos países reciban algún tipo de educación, como la que reciben los hijos de sus Presidentes en Europa.

 

Por otra parte hay que luchar contra sus dirigentes dictadores, para quitárselos de encima, asunto harto difícil muchas veces, si no es por las armas, porque pasa lo de siempre los favorecidos por el régimen, no lo permitirán. Cuando esto sea una realidad, África se comerá económicamente la mitad del mundo.

 

Es bonito pensar en términos de benefactores, como lo parecía en la época de las recaudaciones para los niños de África, temporadas de las huchas del Domund, que portaban los alumnos de los colegios “para el hambre en el mundo” y que solamente servía para mantener al clero, que eso sí, vivía y luchaba bastante cerca de los indígenas, para enseñarles y llevarles a una vida mejor.

 

Conocí yo en el antiguo Zaire a una monja de célebre nombre político español, que no voy a citar, que convivía día a día con el pueblo africano y se partía el brazo con ellos para enseñarles a estudiar y sobre todo a trabajar en su provecho. De monja solo tenía el nombre, porque ni siquiera usaba hábito. Era una monja que podía partirte el cuerpo y el alma de un solo manotazo, pero es que África obliga a ser así, porque de no serlo puedes ser devorado por ella.

 

En este sentido contaré brevemente cómo una vez en un camino de cabras en medio de árboles, me pararon dos policías completamente borrachos y armados. Su intención era quedarse con el Range Rover que conducía. Hasta me hicieron bajar del coche. Afortunadamente les hice ver que se trataba de un vehículo diplomático y así capeamos el temporal. No sé como serán las cosas cuarenta años después de haber estado por allí, pero, aunque haya variado un poco, me temo que no mucho, será parecido. No hay más que constatar, como los más jóvenes huyen de allí atraídos por los falsos oropeles de los cuales ellos no disfrutarán, por lo menos en mucho tiempo, cuando llegan en Cayucos o de otra manera.

 

No solamente hay que llegar a Europa, hay que abandonar África y ¡África no es solo un continente! Es una historia, una cultura, una evolución cultural y social. África te acompaña ya siempre en la vista, en las sensaciones, en los olores, aunque no seas oriundo de allí, o sea que imagínense ustedes que lo fueran. África impresiona, aunque solo sea por su paleta de colores. Véase que África del sur, o por los menos sus grandes ciudades destacadas, como Johanesburgo o El Cabo, no tienen absolutamente nada que ver con el resto del continente. No se trata tanto de humanidad, si no de desarrollo humano, científico, intelectual y social. Si comparamos cualquier gran ciudad de Sudáfrica con cualquier otra parte de África, nada tienen que ver. Es más podrían ser un Nueva York cualquiera. Es más salir de la capital o de los suburbios diseñados por Europeos y para Europeos es volver al principio de los tiempos, añadiendo solo quizás, la violencia de las sociedades tribales y pre medievales.

 

Hace ya treinta años que no voy por allí, pero, salvo contadas capitales de países concretos, las circunstancias no deben ser muy diferentes. Esto no sería ni malo, ni bueno, si detrás no estuvieran intereses tanto de mandatarios dictadores, única forma de gobierno que por allí conocen, reducto de la estructura tribal y medieval, como de los intereses comerciales occidentales. Éstos perpetúan dictadores en el poder. También, por otra parte y de rebote, ayudan a algunas regiones a desarrollarse y adquirir un nivel económico más alto. Por mucho que te puedan contar por aquí, la realidad de aquellos países es feudal. El presidente manda, al presidente hay que obedecer, y es él el único que tiene derecho, si así lo considera, a cortarte la cabeza.

 

Es triste que al principio del siglo veintiuno sea así, pero lo es. Hay varias humanidades, por mucho que los “machacantes buenistas”, con sus ideas de “tente tieso estupefacto”, machaquen el suelo con los pies, las diferencias entre humanidades de muchas velocidades, (para que lo entiendan), desde el punto de vista del conocimiento, de los saberes técnicos y culturales son enormes. Para reducir estas distancias, tiene que llover todavía mucho. Y eso que en el Ecuador llueve a cántaros, como cantaba Bob Dylan. Por eso decía que, es curioso ver como se imaginan África, la mayor parte de las gentes que solo la ven por documentales o por las noticias de televisión, desconocen su realidad. “Todo es muy malo, todo son circunstancia adversas para que los africanos puedan prosperar”. Esto en principio pudiera parecer así, pero no lo es tanto. Lo que necesita África, no es dinero, lo que necesita es que, por un lado, occidente deje de explotarla en su beneficio, dejando muy poco para los oriundos y por otro lado educación y cultura, la que sea, propia o importada pero cultura del siglo XXI.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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