
«Una obra que no defrauda y que nos recuerda que el dolor y las viejas heridas regresan como el eco de los secretos que callamos»
Si algo caracteriza a una buena novela del género negro es su capacidad para mantener una intensidad en su intriga que, aunque con giros y sobresaltos, alcance la constancia. Esta vertiente literaria que tantos adeptos ha cobrado en las ultimas décadas, aficionados o apasionados del «noir» y que tantos recursos ofrece a la televisión y al cine, tiene, también, la virtud de facilitar unos moldes de los cuales nacen infinitos relatos en lo cuales las características singulares del autor o autora ponen la diferencia.
El mérito de atrapar con su lectura un libro, es el conjunto que suma la virtud por atesorar los elementos que captan la atención, que entretienen, junto a la virtud de quien lo escribe en sumar datos e imaginación en una trama cuya resolución se aviene al final de sus páginas.
Este es el caso de «La grieta del silencio«, séptima creación de Javier Castillo, autor español que pese a su juventud es ya un especialista del género y que cuenta con una envidiable legión de seguidores, de ahí el explicito reconocimiento del público.
La desaparición de un niño, con los consiguientes traumas familiares, los recovecos de una posterior investigación que se adentran en recuerdos de un pasado misterioso que, a raíz de este trágico suceso, revive en el presente. Castillo, para ello recupera uno de sus personajes más icónicos, Miren, y que fue protagonista en la afamada «La chica de nieve» para desarrollar esta narración laberíntica, enigmática y de impacto con gran maestría. Una obra que no defrauda y que nos recuerda que «el dolor y las viejas heridas regresan como el eco de los secretos que callamos«.

