
«Ahora la prensa ya no es el cuarto poder, sino el tercer puntal que soporta este edificio en ruinas, mugriento, lleno de humedades, olor a mugre orina y defecaciones»
Aborrecido aspirante a periodista progre:
Ahora que acabas de licenciarte, y tienes la cabeza llena de pájaros de todo tipo, vengo a exponerte en qué estado está la profesión desde el advenimiento de tu futuro dueño y señor, el déspota Pedro Sánchez. Considero conveniente avisarte antes de que cometas algunos errores imperdonables, tales como tener principios, dignidad honor o ética, pero sobre todo algo más importante: valor y amor a la verdad. No te preocupes, esos méritos no te serán necesarios en el camino que estás a punto de comenzar. Los tiempos han cambiado, y ahora la prensa ya no es el cuarto poder, sino el tercer puntal que soporta este edificio en ruinas, mugriento, lleno de humedades, olor a mugre orina, defecaciones y descomposición, que es el gobierno que preside Pedro Sánchez Pérez Castejón, repito, tu futuro amo.
En primer lugar, y por si aún no has reparado en ello, las televisiones se han convertido en un medio obsceno, agrio y desabrido, siempre al servicio de la propaganda oficial, cuasi subversivo, propiamente dicho en un elemento de programación mental muy efectivo. El mismísimo Joseph Göebbels palidecería de envidia al ver propaganda de verdad y no la filfa que salía de su voz chillona, vacía de matices, pero inconmensurablemente repleta de bazofia. Pero ciñámonos a tu futura labor. Sin ir más lejos, notarás que los informativos ya no informan: sólo presentan una sucesión de noticias enlatadas, casi siempre irrelevantes o al servicio de los intereses ideológicos de la izquierda extrema social comunista, al más puro estilo bolivariano.
Si los días vienen movidos, un poco del ámbito internacional o reseñas breves sobre alguna manifestación del todo irrelevante en Barbados, pero que sume a la causa. Convenientemente encuadrada, la imagen de 50 manifestantes puede venderse como si fueran 50.000 (en la actualidad España es primera potencia en ese tipo de engañifas). A continuación, se intercalan declaraciones de los ministros, generalmente del más inútil de todos, la totalidad de ellos lo son, sobre lo mala que es la ultraderecha (absolutamente todo hoy en día es ultraderecha, incluidos los geranios) y el cambio climático. Ocasionalmente podrás ver como desfloran el cerebro de un tertuliano de derechas, a manos de los chequistas de turno, en una de sus desenfrenadas bacanales, también llamadas tertulias. Ante esta ignominia Negrín palidecería de envidia, Largo Caballero aplaudiría entusiasmado, el resto de correligionarios lo celebrarían asesinando a veinte o treinta peligrosos sacerdotes.
Al fin y al cabo, y por si aún no lo sabías, todo es cambio climático. Si hace calor, es que hay un calentamiento global, pero si hace frío, también podrás hablar de cambio climático, aunque no tengas ni idea de en qué consiste. En este punto, te conviene recordar el concepto de “anomalía térmica” en el que, pase lo que pase, cada día es diferente de la media histórica, por tanto, siempre acertarás. En el paraíso de los idiotas, al más cafre le ponen al mando.
El mejunje doctrinario es maravilloso y muy útil, porque siempre estamos fuera de la media y podemos vender que estamos un paso más cerca del apocalipsis, porque se te ha ocurrido sacar del garaje tu Seat Ibiza del 2008. Por supuesto, hace tiempo que cambiamos el color de las temperaturas previstas en los mapas del tiempo, que han pasado del verde y el amarillo, a rojos, granates, fucsias y negros. Tan es así que, en lugar de hombres del tiempo, tenemos hombres del averno. Así se induce a pensar al público que está literalmente tostándose, aunque ese día haga el mismo calor que hace 60 o 90 años. No se lo digas a nadie, pero así se programa al ciudadano para que crea que la única salida es el coche eléctrico, los impuestos verdes y una electricidad bastante más cara. Nunca optarás a poseer uno, pero pagarás tanto o más que sin tenerlo, consiguiendo que en la era del ecologismo el único que salga ganando sea… sí, efectivamente, el ecologista.
Olvídate de la verdad. Si la manada de turno que ha violado a una menor, o el hombre que ha asesinado a su mujer no eran de origen español, lo omites, incluso puedes decir al fotógrafo que no ponga la foto del criminal llamado Abderramán, sino la del primer imbécil distraído que encontréis, con tal de que sea español. Si hacer la compra se ha convertido en una tarea imposible, y los índices de pobreza están disparados, tú miras para otro lado y repites la consigna del gobierno “¡Vamos como un cohete!”. Y si la mujer del presidente tiene una cátedra en la que enseña cómo trincar a mansalva, ya sabes que estás obligado a construir nuevos engendros lingüísticos que contengan los términos “fango” y “jueces franquistas”. Tu dignidad no importa y, si piensas vivir de esto, más te vale que estés espabilado a la hora de entender para quién trabajas y disfrazar la realidad a conveniencia del tirano. Para cuando tengas el Audi de tus sueños, tendrás que llevarlo al desguace por haberse quedado obsoleto.
A nivel de tertulias, el modelo se mantiene con bastante suficiencia. Siguen en nómina los mismos comentaristas de derechas de siempre, dada su probada estulticia y amor al cheque. Si en algún momento molestan, está bastante ensayado lo de cortarles o ir directamente a publicidad, especialidad en la que Ferreras alcanza el clímax. Aun así, si es necesario, se conecta con Israel, Ucrania o un mitin de Trump. Por supuesto, algo parecido se hace a la hora de plantear los programas de investigación, repetitivos pero constantes a la hora de intentar enfocar la atención en los temas habituales que interesan al gobierno.
¿Recuerdas a un sujeto llamado Jordi Évole? Pues, aunque te parezca inaudito, es el modelo a seguir. En este sentido, no esperes que se investiguen temas de actualidad que afecten al zurderío, como evita hacerlo el sujeto anteriormente citado, ni intentes saber quién roba más que nadie en Cataluña, como hacen la mayoría de mamertos que pululan por aquella región española, aunque todos sepamos que en los gobiernos de Alí Babá sólo se habla catalán. Por tanto, deberás convivir con el elefante en la habitación, tu propia habitación, o sea, tu cerebro.
Y qué decir de los documentales. Hay un buen fondo de armario para ensalzar la II República, de infausto y patético recuerdo, denostando el franquismo y su obra. Nunca oirás mentar a ninguno de los grandes criminales de izquierdas, el régimen sanchista les ascendió a los cielos, previo pago de exuberantes diezmos a los ayatolás chequistas afines. Además, el modelo se ha extendido con éxito a canales temáticos que no hacen otra cosa que hablar del nazismo en Europa y la creciente lascivia del elefante africano cuando cubre a sus esclavas sexuales.
En este sentido, hay quien todavía está convencido de que puede terminar doblegando cualquier recuerdo positivo de las generaciones más mayores del país. Craso error: a excepción de unos pocos nostálgicos el resto aprendieron a vivir sabiendo que el socialismo les robó sus joyas, les arruinó la vida, y a muchos que ya no están, los asesinaron. Por cierto, verás y oirás al adefesio de turno, un tal Patacambra, haber investigado la presencia de Heinrich Himmler, en un bar cercano a la sede de VOX en Madrid, incluso asegura que iba escoltado por el estado mayor de la Leibstandarte SS Adolf Hitler. No bromeo, ese indigente moral suele salir los sábados por la noche, qué mejor que un estúpido para explicar en qué consisten sus estupideces.
Se completa la parrilla de la programación con las mejores series posibles para la causa. Si algún día te toca elegir contenidos, busca aquellos con los clichés más adecuados. Por ejemplo, que aparezca en pantalla un rico que sea muy perverso, frente a un humilde obrero machacado, pero a la vez muy luchador, frente a este rico tan odioso. Ni qué decir tiene que así es como se trabaja la animadversión al empresario. Ojito con visionar una peli de Charles Bronson, o el Audi se esfumará de tus sueños.
Por último, alentarás la ignorancia y la confusión entre tus conciudadanos, aunque quedes en ridículo, te va el sueldo en ello. Si el gobierno nos suelta eso de que la soberanía popular reside en el congreso, se apoya y punto. A nadie le interesa que la Constitución Española en realidad diga que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del estado. Si alguien del gobierno se siente víctima de alguna declaración o abucheo, se dice que se ha rozado el atentado, aunque montar un escenario tipo Beirut te cueste el sueldo de un año, el dictador te lo agradecerá. Y si cualquier organismo oficial presenta alguna cifra que no se sostiene, tú la repites y te remites a las fuentes, no falla. Antes imbécil que sin Audi.
Y no olvides la premisa más importante: aunque no la hayas estudiado en la Complu, aprende a sorber cuidadosamente los huevos al líder, el que atesora más indigencia intelectual de todos. Tal guarrería hará que te limpies la boca treinta veces al día, pero te dará puntos, miles de puntos. También te dará mucho asco al principio, pero no tanto como lo que supones, aunque notes la boca llena de esos pelos que son las mentiras oficiales, también llamadas hoy en día “cambios de opinión”. Y no te fíes de nadie, vas a nadar en un estanque lleno de pirañas, las mismas bestezuelas que siguen mordisqueando la verdad desde el mal día en que les parieron. No olvides que el talón que tienes fijo a final de mes te obliga, entre otras cosas porque el Audi no se paga solo.
Aborrecido periodista, si sigues estos consejos, y esta línea marcada, te auguro momentos de gran autorrealización. ¡Pero ojo al parche! Imagina por un momento que hubieras sido uno de esos afortunados e imparciales periodistas que se hicieron una foto con Sánchez el día de su investidura. Ya ves, y tú pensando que era una de las más vergonzosas de la historia de la democracia española. ¡Suerte, borrego!
Lamento haber sido tan pesado, pero no podrás decir que no te avisaron.

