
«Españoles de garra, cada vez somos menos, y de España, ya casi no queda nada, solo su nombre y la tierra, para nuestra desgracia»
Cualquiera que haya leído o estudiado algo de la historia de España, se preguntará, cómo nos preguntamos muchos, dónde está el ADN de aquellos de nuestros ancestros que lucharon, y muchos murieron por defender la patria, la tierra de sus padres, de sus ancestros, que combatían por el honor y la gloria de servir a una causa mayor, a un bien mayor: su patria, su rey, su familia o su Dios; como aquellos cruzados que defendían la herencia cristiana y la cruz sagrada; o aquellos conquistadores que en nombre del rey, la reina o la patria, hacían travesías en aquellas carabelas, muchas destartaladas, para descubrir nuevas tierras y llevar allende los mares la cruz de Cristo y una nueva esperanza; nuestros conocimientos, nuestra cultura, ciencia, música, poesía, en definitiva: la civilización.
Aquellos héroes, muchos anónimos, otros de renombre, forjados por mil batallas y sus memorables hazañas; como Rodrigo Díaz de Vivar, Don Pelayo, Blas de Lezo o Pizarro, Cortés, los hermanos Pinzón, Ojeda, de la Cosa, Casas, Fonseca y tantos otros nombres que permanecen indelebles en nuestra memoria, o más recientes, como Agustina de Aragón, Manuela Malasaña, María Pita, Daoiz y Velarde, Clara Campoamor, Pardo Bazán, Concepción Arenal, María de Maeztu, Catalina de Erauso (La Monja Alférez); o intelectuales y estudiosos como Santa Teresa de Jesús, Santo Tomas, Francisco de Asís, o Tomás de Aquino entre otros. O los Velázquez, Goya, Zurbarán, Picasso o Sorolla, pero cómo no nombrar los Reyes Católicos, Isabel I, y Fernando de Aragón, Cristóbal Colón, Juan Sebastián Elcano, Magallanes, María Pita, Gonzalo Fernández de Córdoba (El Gran Capitán). Y una mención especial a uno de nuestros últimos héroes, “el Héroe del Monopatín”, El gran Ignacio Echeverría, que se enfrentó solo, con un heroísmo y coraje sin igual ante unos terroristas y que el mundo se postró ante su valor.
Pero sería imposible nombrar a todos aquellos personajes históricos de todos los tiempos, de todas las ramas de la ciencia, el arte, la cultura, militares, o a todos aquellos caballeros que, de una u otra forma, formaron parte de la historia más apasionante e increíble de la humanidad: la historia de España.
¿Se imaginan a los americanos, alemanes, o rusos, o a cualquier país del mundo, de haber tenido nuestra historia, la cantidad de filmografía que habría de cada hazaña, de cada relato, de cada episodio histórico? Pues en España, No. Somos el único país del mundo que se avergüenza de quién fuimos, somos y seremos. Muchos españoles odian serlo, odian lo que representamos, odian nuestros símbolos, nuestros valores, nuestra forma de ser y de sentir, por eso intentan acrecentar una leyenda negra inventada y falsaria, avivada por nuestros enemigos de siempre. Ya sabemos la mayoría quienes son, por el norte, por el sur y por los cuatro puntos cardinales. Son los mismos de antaño, los mismos que con tal de que España cayera, se inventaban mentiras (hoy le llaman bulos), incluso, como ocurrió el 11-M, ataques en suelo español asesinando a 192 personas, planificado, presuntamente por los servicios secretos de algunos de esos enemigos, naturalmente, contando con los enemigos internos sobradamente conocidos; los ZPs, los Sánchez, Otegis, Rufianes, Puigdemones, Iglesias, Errejones o los Junqueras para destruir lo que más odian: nuestra patria.
Por eso, cabe preguntarse, qué ha pasado en estas últimas décadas, ya más de un siglo desde que en 1917, con esta nueva ideología de “los parias de la tierra”, de los que proclaman la dictadura del proletariado, decidieran reiniciar y, en muchos casos borrar, muchos retazos de aquella historia gloriosa donde uno de los imperios más poderosos de la tierra, España, dejó una impronta de una magnitud colosal, que de no haber sido por aquella grandeza, nuestro mundo jamás hubiera prosperado tanto y nunca hubiéramos llegado a tal grado de seguridad, bienestar y, ante todo, de paz.
¿Qué queda de aquellos que derramaron su sangre por España? Por ejemplo, los cerca de 900 héroes asesinados por la banda más sanguinaria de la historia, ETA ¿Qué queda de todos aquellos patriotas que cayeron en los campos de batalla?
Ahora, en estos tiempos tan aciagos, tan solo decir estás frases, seguro seré tildado de fascista, nazi o franquista, pues miren, NO, !puñetas! Los complejos de muchos españoles les impiden gritar en esta sociedad maldita; sin alma, sin valores, un simple ¡viva España! hace que las “bestias ignorantes” y sumisos del poder, salgan como resortes de sus huras para escupir sus venenos sobre quienes gritamos alto y fuerte cualquier frase sobre nuestra patria. Pues pese a quien le pese, seguiremos ensalzando nuestra tierra; nuestra España, que ya es lo único que queda, pues españoles de garra, cada vez somos menos, y de España, ya casi no queda nada, solo su nombre y la tierra, para nuestra desgracia.

