El “halcón” de la Pichona y el Falcon, de ecolo-jeta volante a parado-jeta “democráta” y cinéfilo. Por Antonio de la Torre

El “halcón” de la Pichona y el Falcon…

«Parece que lo que pretende el enamorado de la Moncloa es poner en marcha una especie de Ley de Defensa de Begoña que se pueda extender a su hermano»

La semana que terminó el domingo ha sido otra de las que obligaba a seleccionar algunos temas sobre los que reflexionar en su análisis (esta vez con cierto retraso, porque se coló el asunto de los pagers de Hezbollá). Si bien empezó con los ecos del turbulento fin de semana anterior que se vivió en Ceuta por la amenaza de una avalancha de inmigrantes que, esta vez, frenó, en parte, el sultán alauita, ya sabremos a cambio de qué (aunque me sigue oliendo a más sumisión por el caso Pegasus), y con el montaje venezolano de auténtica ciencia ficción sobre el supuesto intento de dos “miembros” del CNI –de Bilbao por más señas, que ya sabemos que ‘nacen’ (en este caso ‘viajan’) donde quieren–, en colaboración con la CIA, para acabar con la cúpula chavista –ya sabemos que estas dictaduras son expertas en inventarse un enemigo para desviar la atención de otros temas–y detenidos tras la intervención del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, hay otros temas de mayor interés, al menos para mí, aunque merece la pena pararse un instante en las declaraciones del número dos de Nicolás Maduro, su ministro del Interior y no sé que otras cosas más, Diosdado Cabello: Es el Centro Nacional de Inteligencia de España. Estos dos capturados así lo dicen. Inclusive hablan ellos de un grupo de mercenarios que están buscando para traerlos a Venezuela con objetivos muy claros de asesinar al presidente Nicolás Maduro, a la vicepresidente Delcy Rodríguez, a mi persona en este caso, y a otro grupo de compañeros que son dirigentes de nuestro partido y de nuestra revolución. Sin reparo alguno en dejar caer una supuesta declaración de culpa.

Sin duda, es Venezuela y el pucherazo electoral del 28 de julio pasado, uno de los temas de interés, que merece una parte de mi reflexión y análisis de hoy. Tras el ¿lapsus? de la ministra de Defensa, Margarita Robles –sobre lo que el resto de corifeos gubernamentales ha querido pasar de puntillas–, a la que se le ‘escapó’ llamar dictadura al chavismo y la mucho más rotunda afirmación de José Borrel, todavía comisario europeo de Exterior: En Venezuela hay más de dos mil personas detenidas, el líder de la oposición ha tenido que huir, hay siete millones de venezolanos que han huido de su país… Bueno ¿usted a todo eso cómo le llama? Pues naturalmente esto es un régimen dictatorial, autoritario, dictatorial. Pero, con decirlo no arreglamos nada, se vivió una situación que sólo puede calificarse de humillación bochornosa en la embajada española de Caracas, un suelo supuestamente Schengen, que tienen prohibido pisar algunos personajes chavistas. Pues allí se plantaron los hermanos Rodríguez, Delcy –la que “levitó” por Barajas con sus 40 maletas, con Ábalos y Koldo como anfitriones– y Jorge, que con el “primo” Rodríguez Zapatero volvieron a hacer bueno ese refrán de “no hay dos sin tres”, que tan mal se le dio en su día al nuevo ministro Óscar López.

Por cierto que el expresidente español también amenazaba en 2017 al opositor venezolano Julio Robles por no firmar el reconocimiento de Maduro: Tu no has visto mi peor cara. No tardó el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, en salir al paso a la acusación de complicidad, que hizo el Partido Popular al gobierno: España no tiene absolutamente nada que ver con ningún tipo de negociación, con ningún tipo de documento, que haya podido haber entre Edmundo González y el gobierno de Venezuela. El embajador de España tenía instrucciones precisas de no inmiscuirse en la libertad de Edmundo González para poder hablar, gestionar, tener encuentros con quienes él considerara. Pero cualquiera cree al correveidile de nuestra triste diplomacia, sabiendo lo aficionados que son los socialcomunistas a los “cambios de opinión”. Sobre todo después de ver esas imágenes en las que los dirigentes venezolanos campan a sus anchas en el porche de la residencia de nuestro “casual” embajador, que parece que las “instrucciones” que tenía eran las de ser un servil camarero, según relataba el propio presidente de la Asamblea venezolana: «Estábamos sentados. ‘¿Quieren tomar algo? Hay whisky’ –supongo que esas fueron palabras del embajador–. Trajeron una botella de whisky Chivas Regal 12 años –no se cuidaron mal–, trajeron vasos, después el embajador salió a buscar hielo y después trajeron chocolate. La vicepresidente, como está tomando una medicación, no tomó…».

Y para no salirse del guion y tratar de salvar los muebles de su colega político, le echaba un cable a Albares: «Y nosotros estábamos en el proceso de hablar con el gobierno de España, también tengo pruebas de eso. Es verdad lo que dice el canciller Albares, que la negociación se refirió a los términos del viaje, del avión, pero es cierto también que el embajador es testigo de excepción. Así que cualquier cosa, pueden ir y preguntarle al señor embajador del Reino de España. No se inmiscuyó, más allá de poner unas bebidas y chocolate». Lo cierto es que después del papelón de nuestro desgobierno, el bochorno creció un poco más tras conocerse que el Parlamento Europeo había aprobado el reconocimiento de Edmundo González como presidente electo de Venezuela, con los votos en contra de los diputados europeos del PSOE, entre los que parece que cinco se equivocaron. Un acuerdo al que, para mayor escarnio de los nuestros, se sumaron entre otros los socialistas portugueses.

También conviene destacar el cumplimiento –suena raro esto– de la promesa preveraniega de nuestro mentiroso compulsivo Pedro Antonio PinócHEZ cum Fraude, que él mismo recordaba el día anterior a su aprobación con su particular y “fangoso” estilo: Nos enfrentamos a esa máquina del fango, ¿no? Una democracia que está siendo asediada precisamente por esas campañas de desinformación y bulos, presiones a periodistas, corruptelas de algunos… –no se atrevió a citar a nadie– en fin, que tenemos todos en mente, y por eso os anuncio que, mañana, el consejo de ministros y ministras –me temo que “les ministres” de su gabinete se pudieron sentir molestos por no haber sido citados– el plan de acción por la democracia que anuncié antes del verano. Así pues, el martes se aprobaba en el contubernio de la Moncloa ese Plan de Acción por la democracia, que ya veremos su recorrido en el hemicirco. Parafraseando a Willian Shakespeare, espero que se quede en “El sueño de una noche de verano… de un autócrata”. Y no deja de ser una parado-jeta que el mayor pervertidor de la democracia de la historia de España desde la Transición –puede que antes también– se quiera convertir en su impulsor, con una iniciativa que disimula en unos objetivos tan genéricos como imprecisos: ampliar y mejorar la información gubernamental, fortalecer la transparencia de los medios de comunicación y reforzar la transparencia del poder legislativo y del sistema electoral.

Viene al caso de este “ejemplar” sentido de la democracia y la libertad de expresión de nuestro amigo, una anécdota que contaba hace unos días en TRECE TV el corresponsal en Washington de ABC, David Alandete, de su época como director adjunto de El País. Se refería el periodista a un hecho ocurrido antes de que Fray Perico el Transparente presentara su moción de censura –otro ejemplo de limpieza democrática, por cierto–. «Que el presidente del gobierno hoy, entonces líder del partido socialista te llame para cambiar titulares porque no le convienen… Y me llama Pedro Sánchez, de un número desconocido y, de muy malos modos, me pide el cambio del titular, que era “El PSOE tolera la cadena perpetua para salvar el pacto antiterrorista”. Le digo, perdona, esto es muy poco común, no acepto este tipo de comunicaciones y no puedo cambiar un titular, que además es cierto». Sánchez le replica Es que no ayudas a la causa y Alandete le responde Le digo, no sé qué causa debo tener como director adjunto de un periódico, pero le invito a que no me pida estas cosas. Y ahí apareció el autócrata, todavía en ciernes: Pues voy a llamar a tus jefes. Amenaza que no se quedó en eso: Y los llamó, a los dos. Y pidió mi cabeza, varias veces. Esto son hechos y estoy hablando de un periódico, como es El País, que es poco sospechoso, en aquella época y ahora, de ser un gran antagonista del partido socialista, en los editoriales, o de Pedro Sánchez. Pues provocó una grave crisis interna, que intentábamos solucionar, hasta que hubo una moción de censura y, esa moción de censura provocó, en una semana, el despido del director de El País y el despido fulminante de quince directivos del periódico. Todos, gente sin ningún tipo de preferencia ideológica. Yo estaba en estado de shock. Este es el personaje que pretende acabar con el fango informativo cuyo principal centro de producción está en la Moncloa precisamente, 

El ministro Tres en Uno, el fiel Félix “Gracita” Bolaños, presentaba así el Plan en la rueda de prensa ministerial: Se trata de una hoja de ruta, con treinta y una medidas, que el gobierno va a intentar en los tres años que tenemos por delante de legislatura, con dos finalidades muy claras. La primera, reforzar la limpieza de nuestra democracia y la segunda dotar de mayor transparencia al ecosistema (sic, y cuando menos curioso el término en ese contexto periodístico) de los medios de comunicación, para que se garantice una información veraz que es a la que tienen derecho los ciudadanos en virtud de la propia Constitución Española, en su artículo 20 –que, entre otras cosas, recoge en su punto 2 que “El ejercicio de estos derechos no pueden restringirse mediante ningún tipo de censura previa”. Y lo quería justificar amparándose en Europa, para esto sí, pero para reconocer al presidente electo venezolano, no: Actuamos de la mano de la Unión Europea, que aprobó un plan con el mismo nombre, en 2020. En 2023 ese plan se complementó con medidas adicionales a las que ya se habían adAptado –se confundió de vocal, pero le dio igual– en 2020 y se aprobó un Reglamento que está en vigor desde Mayo de este año en virtud del cual el gobierno ha aprobado este plan.

Pero como muy bien le corrigió Alberto Núñez Feijoo, se trataba del Reglamento Europeo de Libertad de Medios de Comunicación, que no hay que transponer sino cumplir, porque no se trata de una directiva. Y todavía se recreaba en la rueda de prensa: Hay ciertos elementos de desgaste en la percepción que tienen los ciudadanos sobre la democracia –seguramente lo sabrá por una encuesta de José Félix Tezanos. Esos elementos de desgaste vienen motivados, básicamente, por la desinformación, por los bulos que corren en nuestras democracias y que, desde luego, son corrosivos para esa información veraz a la que tienen derecho los ciudadanos, en virtud de la Constitución Española.

Falta por saber qué se va a considerar bulo y pseudomedio y cómo se va a repartir la publicidad institucional. Y también sería interesante que Santiago Abascal nos explicara por qué VOX señala a algunos de los medios que están denunciando la corrupción de Pedro Sánchez. Y le recomendaría a algunos periodistas como Teodoro León Gross, que se dice profesor universitario, que midieran sus comparaciones fuera del populismo al uso que lo llevo a afirmar que hemos pasado del franquismo al fanguismo y que a Sánchez, como a Trump, cada vez le conviene más una política de emociones, en la que el relato se impone a la realidad, demostrando que, con los matices que se quieran, tiene un soberano desconocimiento de Francisco Franco y de Donal Trump si los compara con un personaje como Sánchez sin hablar de los contextos.

Parece que lo que pretende el enamorado de la Moncloa es poner en marcha una especie de Ley de Defensa de Begoña que se pueda extender a su hermano, aunque el principal investigado acabe siendo él, ante un panorama que se le complica por días tanto en el entorno familiar como en el de su partido y el de algunos de sus socios. Prueba de esto último fue su última derrota por sorpresa en el Congreso, lleva ya cuarenta en esta legislatura, sobre la Ley de alquileres temporales que le tumbó JUNTS en el último minuto pese a que su fiel Bolaños lo sacó in extremis de su palacete para “ganar la votación”. Y se le avecina un horizonte oscuro en la del próximo jueves, sobre el techo de gasto, que JUNTS puede volverle a tumbar de nuevo, pese al ruego continuo a Carlos Puigdemont en Suiza del secretario de Organización y, dicen las malas lenguas, experto en puticlubs, Santos Cerdán. No lo tiene fácil tampoco con su ex número dos, José Luis Ábalos, que ha registrado veintitrés preguntas en el Congreso en las que apunta, entre otros, a su sucesor, Óscar Puente, y al ministro del Interior Fernando “Pequeño” Marlasca. Sí se mantiene fiel, por el momento, el PNV, cuyo presidente autonómico, Imanol Pradales, le ha reiterado su fidelidad pastueña –ya veremos quién engaña a quién– haciendo honor a su apellido. En esa línea defensiva de su amada y demás familia, Producciones Moncloa le preparó una sospechosa tarde de cine, de la que se han visto imágenes entrando con su Pichona, él delante como buen marido y caballero, sin nadie más en los accesos y, me atrevería a apostar, seguramente tampoco en la sala, dada la popularidad del interfecto que se mide en abucheos.

Una tarde que nuestro maquiavélico personaje plasmó en su perfil de X  con otra de sus frases para palmeros convencidos: Salgo emocionado de ver ‘El 47’, un homenaje maravilloso a la España plural y trabajadora que construyeron nuestros padres, madres, abuelos y abuelas«. Le faltó añadir “tíos y tías”, que alguno habría, digo yo. Y para que no falte de nada en la trama, adelantaba hace unos días El Confidencial que el PSOE ultima “en secreto” –digo yo que no lo debe ser tanto si ya se sabe– una campaña contra jueces y periodistas para tapar el caso Begoña. O sea que la famosa máquina del fango de la que tanto nos hablan Pedro Sánchez y sus cotorras está escondida entre Moncloa y Ferraz, al frente de la cual estaría, al parecer, una fontanera del partido de nombre Leire Díaz Castro, sobre la que el viajero Cerdán, antes citado, se hacía el sueco simulando no conocerla pese a que entra y sale de Ferraz como si de su casa se tratase. Y ya veremos qué papel juega en todo esto ese famoso comisario José Manuel Villarejo, perejil de casi todas las salsas de dudosa receta. 

 

 

 

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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