¡MUY BUENOS DÍAS!
Las calles tienen los pasos de las gentes que las habitan y esta que os presentamos, deja un sabor amargo de recuerdos con sus tintas.
Hoy, siendo jueves, tengo el honor de que participe en este saludo de la mañana una lectora de esta revista digital. Os hablo de María Jesús Lasala, una mujer a la que tengo un gran aprecio por su honestidad; en definitiva, es una gran persona.
El autor de esta obra de arte es Agustín González Salvador, nació en Cendejas de la Torre (Guadalajara), en el año 1959. Sus estudios de dibujo los realizó en Sigüenza. En 1971 se trasladó a Madrid y comenzó a hacer uso del óleo, cursando después dibujo técnico en el Instituto Cervantes de Madrid. Pintor autodidacta. Hiperrealista. Óleo. Exposiciones individuales y colectivas. Sus obras se encuentran en colecciones privadas de España, Europa y América.

«Reflejos de lluvia. Calle Alcalá» Por María Jesús Lasala
La lluvia refleja siluetas de almas que perdieron su sonrisa. Ahogadas tras una infame mascarilla que se alargó en el tiempo. Sonrisas silenciosas, miradas perdidas, engaños, miedo y desolación.
Una calle de Alcalá que se llenaba de paseantes, aún con la lluvia mojando su peregrino semblante. Una calle de un Madrid próspero, que se apagó un tiempo como se apagan las luces de un escenario.
Muchos olvidaron el dolor, otros recuerdan lo que políticamente interesa.
No es baladí recordar que nos robaron los sueños, que polarizaron y dividieron una sociedad enferma de valores.
¡Madrid, Madrid! ¡Quién te ha visto y quién te vio!
Cuando Milagros me mandó esta pintura pensé que sería difícil escribir algo sobre una calle que solo conozco por fotografía, cuando al ampliar vi a los viandantes con mascarillas… Solo pude pensar en la ignominia que se cometió en España durante «la pandemia»
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«Reflejos de lluvia. Calle Alcalá» Por Mila Soyyo
Hoy me adentro en mi Madrid,
el que me vio nacer, aunque de mí no se acuerde;
de cuya memoria guardo un trabajo en un Kentucky,
madrugadas a diario, unos estudios costeados.
Nada se me resistía, las horas iban pasando
apresurada estaba, el tiempo se iba acortando
y recuerdo que corría para coger ese metro
que llegaba panza arriba, como gato abarrotado.
Observo las mascarillas y aquél tiempo se ha acabado
un fatídico virus invadió todo el espacio.
Si me dijesen si fue cierto, me echaría un capote en alto
y diría sin complejos: ¿Cómo el virus se ha esfumado?
Nos tuvieron encerrados recibiendo latigazos,
llorando por los que se fueron, no pudimos abrazarlos
y mirabas las noticias, todas ellas eran chasco,
ya que se contradecían, cada uno hizo su charco.
Día lluvioso, reflejos quedan al paso
caminando por la calle, todos están dispersados.
No diré que ahora me ria pero podéis observarlos,
unas medidas dijeron: ¡No te acerques a mi! ¡Te verás contagiado!
Cuando alguien tosía lo miraban descarados
y como si fuese una peste se apartaban de su lado.
Eso sí, en las grandes fiestas y eventos del Estado
se veían todos cerca, ¡sin mascarillas y aliados!
Tantas cosas han cambiado, son casi cinco años
echándose la culpa unos a otros ¡Qué descaro!
anhelando un resurgir en vez de mirar de lado
tantas vidas se perdieron, un latir arrebatado.
***
Bueno, es hora de finalizar, ya que una obra de pintura puede hacerse eterna si no le pones el freno, pero no me iré sin ofrecer mi agradecimiento a María Jesús Lasala, por su dedicación y aportación en este saludo de la mañana. También quiero agradecer a Manuel Artero la confianza que deposita en este apartado y su publicación.
Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos que tengáis un maravilloso jueves. He de deciros: Es bueno quejarse, dar una opinión, no permitir que te avasallen y por qué no, admitir hasta el error, pero con vosotros mismos, no seáis contradicción.
MMB

