
«Si ustedes visitan la Cuesta de Moyano, acaso puedan resolver el enigma en alguna de las treinta casetas de madera que allí se hallan»
La Cuesta de Moyano es célebre por sus tenderetes de libros viejos que unos señores exponen con la esperanza de venderlos. A veces lo logran, ayudados sin duda por la etiqueta, tantas veces repetida de “La célebre Cuesta de Moyano”, que nada tiene que ver con la famosa “cuesta de enero”. Pues bien, paseaba yo una buena mañana, fresca y luminosa de Madrid por sus alrededores cuando, curioso, me detuve en uno de esos puestos a ojear los libros. Adquirí uno -más empujado por el precio que por el título- y regresé a casa. Después de una dulce siesta propiciada por el anisete, descubrí que entre sus páginas había otras manuscritas y diminutas, escritas en un raro dialecto. El género, acaso epistolar, quizá discursivo. De ignota autoría, pude intuir la época aproximada: el siglo pasado.
Es mi deber transcribir lo por mí encontrado. Quizá sirva para que alguien pueda revelar el destinatario de tal escrito y si, por ventura se publicó en algún periódico o si fue dado a la imprenta de algún modo. Les ofrezco uno de los fragmentos:
No vi el coche al estar sordo, cantarranas jaimieres Gurruchaga. Congo Matadi ujier aconcagua filtrada. (Borrajo.) Escuela clocasnia codornices Villanueva. Morcilla arrasca the marchas. ¡Y cómo sudas!, que de eso me río. No se puede llevar prisa Leo McCarey, paracelso, so, para… ¡para, Celso! Ay, mercromina Martínez, colonia Álvarez. Andurrial, androcanasta. Y termino, falda, hartura ù andas y el coctel en Bakanik.
Qué rascacielo más gordo el Empire State Building, y qué building. Porque puellae altos hornos suspiraba melancólica, que era de Vizcaya capital transuria abrotosardina. Allí robó el cuadro de Dalí, cha, cha, cha y qué frescura. Cuánta incultura, hamigo. Y contra eso no hay rondia estroujastra que valga.
Numancia fresqui que allí me citó Eloísa y parrapán astrisnogas celestes. La gaita asturiana emite sidravientos endecasílabos. Y ahora sí termino, no te levantes Deborah Kerrida.
Es la Cuesta de Moyano calle pequeña y empinada. Arranca en el Paseo del Prado, donde la estatua de don Claudio y sube y muere -es un decir- al pie de la de don Pío Baroja casi en Alfonso XII. Pero no madruguen. La Cuesta abre tarde y las escasas cafeterías de la aristocrática zona tampoco. Pero siempre se puede hacer tiempo yendo a visitar al ministro de Agricultura, pues tiene cerca el despacho.
Es mala suerte, sin duda, el hallazgo del manuscrito en estas fechas. Hubiera sido feliz coincidencia la del año 2025, año del centenario, aunque hay quien dice –Andrés Trapiello entre otros- que la idea o la génesis surge en 1924. Si el alumbramiento se produjo en 1925, desde estas páginas de La Paseata nos anticipamos a los fastos conmemorativos que sin duda emprenderá ese gran amigo de doña María Durán que es el alcalde multador don José Luis Martínez Almeida. Que quizá le regale a la célebre periodista unas zapatillas personificadas como las que -otro aniversario- ha recibido la señora Ayuso del Metro de Madrid.

Aún hay en el libro de Moyano recortes de columnas que nuestro crítico (pues crítico cinematográfico pudo ser, verosímilmente) admiró y algún que otro apunte como esta extraña pieza admirable. Uno, que tiene vocación de filántropo está dispuesto a compartirla con el lector. Hela aquí, escondida y bien doblada entre los pliegues de una solapa:
Oh, pronu ù nangana. Estraciermo illa estropicio. Central Park pu na stroy alló dramasticoa, na pu na, na. Cuando paseamos por el Retiro, aho cinca pronastu ù, diputados nacaya legislan mirando los pajaricos piar, ay, pronu ù nangana. Adoleces peripatética, logos declinación en Madrid vaya, yo te digo, mi Jaimito querido, anaya aquí hay tomate. Eloísa Or Konpon menuda, ¡menuda! Presti que toques mi pierna, te va a molar.
Aún así, rollo in poetry Wilson McOndo, ah Maribel, diario pour lavanda qué banda aquesta. Sentados entre las húmedas hojas, que Neville dimita. Para metro na subinda encomastrosa i. No dimitirá, lata sandino cómo, ¡pero cómo! El Sporting de Gijón, qué incómodo, qué sofoco y qué frío. lan Chicago y faraón in Egypto fumando. ¡Ay, Anita, qué rondia estroujastras! Anita, me das al ver que sacas notas tan flojas.
Astrasca crónica for La Codorniz ambrosio pronu rosae Escuelas Aguirre Empire State Building, pero que muy building. Y contra eso, vuelvo a decir, no hay rondia estroujastra que valga.
¡Oh hallazgos en los libros de la Cuesta de Moyano! Egregias piezas literarias. ¿Era su autor un genio de la pluma?, ¿un botarate con ínfulas? ¿Era quizá un estafador foráneo de paso por la Cibeles?, ¿un loco excéntrico en busca de fama y perras? De momento mis gestiones han resultado vanas. No existen ya revistas de humor inteligente a las cuales acudir. Si ustedes visitan la Cuesta de Moyano, acaso puedan resolver el enigma en alguna de las treinta casetas de madera que allí se hallan.

