«Ya me veo a este ciudadano Chen montando una rebotica ilegal, como aquella del Café de Rick donde se jugaba ante la atenta mirada de la autoridad competente».
Lugares de Madrid: Casa Chen. Por Diego Pardos

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«Ya me veo a este ciudadano Chen montando una rebotica ilegal, como aquella del Café de Rick donde se jugaba ante la atenta mirada de la autoridad competente».

«Al igual que los “bilbainos” nacen donde quieren y Bilbao es el epicentro del mundo, el Casino de la Amistad es por derecho propio un lugar de Madrid».

«Quizá sus métodos puedan considerarse algo excesivos, pero vamos, chiquilladas al lado del sufrimiento del girasol bajo el efecto invernadero o el ordeño de la vaca».

«Entre beso y trago, los jóvenes se fueron enterando de toda la conversación: había un plan en marcha para atacar el Museo Naval. Paula y Lorenzo eran agentes del CNI».

«De ir a vivir a Madrid, sería feliz en esas casas sencillas de ladrillo de cara vista de la serpenteante y casi laberíntica calle de Valderrodrigo».

«Si ustedes visitan la Cuesta de Moyano, acaso puedan resolver el enigma en alguna de las treinta casetas de madera que allí se hallan».

«Un grupo de poetas, dramaturgos, tertulios del Café Gijón, miraban el rostro pálido y adormilado del recepcionista del hotel Ritz».

«Hay que reconocer que se encuentra en una bella y aristocrática zona de Madrid, y yo les aconsejo a ustedes que, pese a lo escrito por mí, no dejen de visitarlo».

«Lejos de pretender que esta columna sea un tratado de chalecología, ni siquiera una introducción a dicha ciencia, sí al menos quiere prestar un servicio público informando de lo que se lleva hoy».

Si la normativa vigente se lo permite, ya tienen ustedes otro interesante sitio para su próxima visita a la Villa y Corte que yo he llamado ayupiso.

En su próximo viaje a Madrid visiten (además del Museo del Prado, el Santiago Bernabéu o el Valle de los Caídos) La Garbancita Ecológica, en el Puente de Vallecas.

Sobre la asistencia a la Academia he encontrado unos datos muy interesantes escritos -y muy bien- por Josefina Carabias en 1950.