Sin memoria. Por Antonio Ramírez

Sin memoria.

«El arte en el empleo de la palabra y su excepcional virtud literata lleva a crear de la perturbación arte y belleza. Imprescindible»

Es difícil, cuando no imposible, discernir y actuar en consecuencia en el presente cuando no se recuerda el pasado y más, si es el propio. La magistral historia «Calle de las Tiendas Oscuras» es el relato de la tensa búsqueda de un hombre a lo que fue, un hombre sin pasado y sin memoria. Ayudante de un detective recién jubilado, Guy Roland, que es el protagonista de la obra, emprende su más audaz investigación en lo que el buscador es lo buscado mediante un viaje al pasado tras las pistas de su propia identidad perdida.
Los hechos transcurren en Paris y tratan de la reconstrucción del puzle en lo que se ha convertido su historia incierta. Y aunque surgen aristas hacia Borra Bora, Roma o Nueva York, es en la cosmopolita capital francesa en la que va encontrando testigos y testimonios de la heridas que constituyen el relato de su existencia y que trata de recuperar como hombre que busca sus orígenes porque sin ellos se considera nada.
El recorrido que efectúa Roland de esta genial obra de Patrick Modiano, su autor, es todo un compendio de personajes y circunstancias peculiares y variopintas hasta encontrar su verdadero nombre y lo que vino asociado a la vivencia que persigue. Modiano, que alcanzó el prestigioso Premio Goncourt con treinta y tres años, entrega su talento para poner luz a los espectros del pasado y en la descripción de una época no exenta de múltiples misterios que en París vinieron tras el fin de la Segunda Guerra Mundial pero sin dejar de ahondar en la oscuridad de lo que fue el periodo de Ocupación, trecho tabú de la propia historia de Francia. La depuración de su estilo, el arte en el empleo de la palabra y su excepcional virtud literata lleva a crear de la perturbación arte y belleza. Imprescindible.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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