
«Siempre pensé que a ETA no se le plantó cara, cómo muchos deseamos. Hoy día recogemos lo que distintos gobiernos sembraron, dolor, mucho dolor»
Les sugiero que lo lean, puedo asegurarles que no muerde. Gracias.
Mucho se ha escrito sobre la banda criminal ETA, pero pocas veces con la contundencia que se debería haber hecho. Al que suscribe, nadie le tiene que contar cómo sucedieron los hechos, cuáles eran sus sentimientos después de cada atentado, qué pensaba sobre ello, y qué se decía en la calle.
Fui, como tantos otros españoles, testigo directo de las salvajadas que día sí y día también sucedían en las calles españolas. Bastaba con querer informarse correctamente, otros prefirieron ignorarlo miserablemente, ya saben, “algo habrán hecho”. Por tanto, nunca dejé que nadie pensara por mí, ni me diera su opinión, masticada, para que no me tomara el trabajo de pensar, tal y como hoy día sucede a una inmensa mayoría.
Vaya mi primer reproche a los políticos de entonces, permanentemente pendientes del qué dirán, temerosos por si dejaban escapar alguna inconveniencia que pudiera acarrearles la crítica feroz de su posible aliado, el nazionalismo vascongado encarnado por el PNV. Sobre este partido muy poco se ha escrito, para lo que realmente perpetró.
Era y es sabido que en las Provincias Vascongadas no se movía una mosca, sin que el partido de Arzallus lo supiera, repito, no se movía nada, ni nadie. Desde la financiación del terrorismo vía impuesto revolucionario, reversible según fuera el perfil del extorsionado, a cualquier otro tipo de actos de dificilísima explicación. La soberbia de aquel taimado nazionalista le traicionó, cuando dijo aquella terrible frase “Unos mueven el árbol, nosotros recogemos las nueces”. Lapidario.
No puede olvidarse la ominosa ausencia del clero vasco, a la hora de ejercer su supuesta misión espiritual para con los oprimidos por el terrorismo salvaje de ETA. El clero, muleta espiritual del nazionalismo de siempre, con Setién como defensor y alcahuete del terrorismo etarra, frunció la estola ante las pistolas, olvidando su deber como cristiano. Setién mantuvo escandalosamente ausente a su iglesia, de todo auxilio espiritual al que toda persona tenía derecho en puertas de su muerte, o instantes después de que su cabeza hubiese sido reventada a tiros.
Recordemos que aquel siniestro personaje ordenó que en muchas iglesias vascas se prohibieran los funerales de cuerpo presente, cuando no, permitiendo la entrada en sus “templos”, siempre y cuando fuera por un callejón adyacente. ¡Que pensar de aquellos abyectos personajes! ocultando en las sacristías a criminales, o colaboradores necesarios en centenares de atentados, cuando no participando directamente en ellos. ¿Aquello era una iglesia? O, un zulo para esconder criminales.
Mi segundo reproche a la prensa, sobre todo la de derechas. Les reproché en su tiempo su absurdo temor a ser tachados de reaccionarios, si contaban los hechos anteriores y posteriores a los atentados, y quienes estaban sacando provecho de ellos.
Dejaron que fuese la prensa de izquierdas, la que aportara términos tan falsos cómo fuera de lugar. Conceptos como enfrentamiento militar, polis milis, lucha armada, ora calificando a los jefes de los criminales cómo generales de ETA, ora censurando algunas detenciones dificultosas con resultado de muerte de etarras. ¿Acaso solo podían morir los uniformados?
Su falta de coraje cívico les hizo ser repugnantemente melifluos y cobardes, al adoptar términos tan ridículos y falsos como los anteriormente descritos, dando a los criminales una falsa pátina de legitimidad jamás soñada por ellos. Perdimos la batalla del relato, sin apenas arañar la execrable acción de los asesinos vascos, sus apoyos y sus valedores políticos, el nazionalismo criminal vasco, al completo. Era tan aparente, que muy pocos lo negaban, aunque curiosamente pocos se atrevían a decirlo.
De los uniformados, demasiado tuvieron aportando centenares de asesinatos entre sus filas. Protestaron enérgicamente al principio, sobre todo a últimos de los setenta y principios de los ochenta, luego dejaron que la basura política ejerciera con inusitado descaro la portavocía de sus más que justificadas protestas, rebajándolas a la insignificancia como si al pertenecer a un cuerpo armado tuvieran la obligación de entregar sus vidas.
Hoy día los mismos cargos, aunque distintas personas, callan la traición que su ministro Marlasca perpetra contra los asesinados por ETA ¿Ustedes han oído a algún comisario, o alto mando de la Guardia Civil hacer alguna declaración al respecto? El silencio duele, pero en este asunto, en este asunto ¡Vive Dios!, sangra.
¿Echan en falta algún colectivo más, que desde el principio alzara la voz anta tanta ignominia? Enhorabuena a los que hayan acertado, en efecto, me refiero a la ciudadanía. En este colectivo no valía aquello de obediencia debida, la ciudadanía ejercitó su libertad como nadie, para bien. Otros dejaron que fueran sus lideres políticos los que hablaran por ellos. La basura zurda siempre queda retratada.
Nadie puede opinar de aquellos sucesos, sin haberlos vivido, como tampoco ninguna opinión puede ser válida, si dicha opinión te viene edulcorada por intereses bastardos, de los que se lucraron política y económicamente de aquella masacre. Nadie defendió con tanta saña la integridad de los asesinos, como lo hizo el PNV, nadie. Esta aseveración no es opinable.
Era tan obvia la connivencia, que, o estabas ciego, o no la querías ver. La historia nunca se cuenta como verdaderamente ocurrió, en esta materia la izquierda extrema social comunista ha optado por dejar que sea la propia ETA, la que haga el inventario. Otra medalla, esta vez sanguinolenta, en la solapa de Sánchez.
¿Qué pensaban los ciudadanos de aquellos asesinatos? Éramos legión los que exigíamos ojo por ojo y diente por diente, en la creencia de que ningún gobierno podría exigir a su población que mirase para otro lado, cuando los suyos estaban cayendo como moscas en defensa de la libertad de todos. Este ambiente lo viví en primera persona, como tantos otros españoles de mí misma extracción, ignoro qué hacía el resto, aunque lo imagino.
Algunos no hemos olvidado como centenares de asesinos redimieron penas inscribiéndose en la universidad a distancia, obteniendo titulaciones y doctorados, sin abrir la tapa de un solo libro. ¿Qué profesor iba a atreverse a suspender a un asesino en serie cuando la mafia etarra aún estaba asesinando a mansalva? ¿Por qué se permitió esta indignidad? ¿De quién partió la idea? Es fácil saberlo, del que seguía sacando tajada, y del que sacaba el apoyo del que sacaba tajada. Siempre el maldito carrusel de la muerte, donde siempre asesinaban a los mismos.
Qué poco se hablaba de aquellas triquiñuelas, cuando esa información habría que haberla seguido dando a conocer continuamente. A medida que el estado de derecho liberaba criminales, el “estado de derecho vascongado” los iba colocando entre su funcionariado ¡genial! El reparto de nueces comenzaba bajo los mejores auspicios.
Siempre esperé que cuando detuviesen a las ratas etarras, algunas cayeran bajo sus mismos métodos, es decir, que al defenderse con sus armas cayeran bajo las balas de la policía. Pero no, las ratas se embadurnaban en sus propias heces y se entregaban muertos de miedo. ¿Estos eran los aguerridos gudaris? Bastaba con ver sus fotos para comprobar que, de hombres, ni el nombre. Hoy día pasean sus despojos por las concurridas calles del siniestro tanatorio en el que convirtieron el KZ vascongado.
La basura etarra nunca fue valiente, siempre mereció, y sigue mereciendo, reposar eternamente en el estercolero que ellos mismos crearon, la “Euskadi” actual. Junto a ellos, sus chivatos, sus putas, sus valedores, sus amigos, sus “políticos” y sus camellos ideológicos, pero sobre todo los que se lucraron de los asesinatos de centenares de españoles, poniendo cara de eterno estreñimiento, como la de Aitor.
Pasaba el tiempo y los asesinatos no cesaban, cada vez más osados, más horribles, más indiscriminados. A ningún político se le caía la cara de vergüenza, simplemente no la tenían, hoy día siguen sin conocerla. Ningún gobierno legítimo podía dejar inerme a su población ante hordas criminales sin hacer nada por evitarlo. En España se hizo.
En esas llegó el GAL. ¡Ya era hora! pensamos muchos. Darles su propia medicina, que supieran lo que era el dolor, que sintieran miedo al salir a la calle, que temieran por sus familias, hasta ese momento alegres y encantadas ante la sangría que sus hijos estaban protagonizando. Nada de esto sucedió.
Pensamos que cualquier gobierno tenía formas y métodos para frenar a los criminales, formas y métodos que a nadie debían importar, que nadie deseaba saber, si iban encaminadas a defender las vidas de sus ciudadanos ¡O es que la democracia española exigía centenares de muertos para ser homologada! ¿Por quién? El puto complejo del pusilánime, que siéndolo por hacer méritos ante la basura sociata, llega a serlo tanto o más que ellos. El gobierno de Rajoy cedió, el anterior de Zapatero hizo el boca a boca a la mafia vasca, el actual del embustero Sánchez, ha entregado la copa de campeones al criminal Otegui. ¿Esta mierda es el triunfo de la política? O la defunción de una Nación otrora valiente, hoy día ahormada en la molicie.
Que nadie salga a decirme que la democracia impide que el poder extirpe el mal por un bien mayor, o que el estado de derecho tiene que permanecer impasible ante el asesinato de sus servidores, o que dicho estado de derecho tiene que postrarse ante una mafia criminal, sus sostenedores y sus partidarios. Hoy día comprobamos con estupefacción que así fue y sigue siéndolo.
Lo que ningún estado de derecho puede permitir, es que el crimen campe a sus anchas, para que la democracia misma, a manos de políticos corruptos exoneren a dichos criminales para perpetuarse en el poder ¿Este era el objetivo de tanta infamia? Ante esta certeza solo cabe felicitar a todos y cada uno de los políticos, unos por aprovechar la coyuntura tras su cosechón de nueces, y al resto por haberse doctorado en cobardía, indecencia y corrupción. A los asesinos, seguiré deseándoles la peor de las muertes, que, si de mi hubiera dependido, hace tiempo la hubieran logrado.
Afirmo que el mejor etarra, es el etarra muerto. Fuimos muchos los que pedimos la pena de muerte para las ratas de ETA, a la vista está que fracasamos. Hoy día este gobierno maldito, va a poner en libertad a la mayoría de los criminales en serie que han visto como sus penas quedan reducidas a la nada, en base a una falsedad del gobierno sanchista, para salvaguardar la presidencia de un extraordinario embaucador.
¿Qué clase política soportamos? sin duda alguna la peor en muchos años, repito, la peor con diferencia. Políticos de la extrema izquierda, entregados al ego de un mamarracho corrupto hasta la extenuación, borregazos henchidos de estupidez, necios hambrientos de venganza, ahítos de sectarismo y poder. Esta calaña habría dado para fundar entre cien o mil checas, madera tienen, valor no tanto, solo saben votar callar y cobrar.
Políticos de derechas, inútiles cum laude, artistas del posteo, vagos por naturaleza, imbéciles por designación divina, cobardes recalcitrantes con dos o más doctorados, irrelevantes hasta la náusea. Gentuza de no fiar.
Una pregunta, de la cual no espero respuesta ¿Cuánto dolor nos hubiésemos ahorrado si este supuesto estado de derecho hubiese defendido con determinación la vida de sus honestos ciudadanos? O es que acaso la vida de una rata valía más que la de un español.
Hoy día la decencia está desierta, y la dignidad prostituida. Ambas vagan por desiertas calles buscando quién las ampare y las de cobijo, antes que los escuadrones de la muerte las acribillen a balazos.
Mi pensamiento sigue siendo el mismo, el de ustedes lo desconozco, por tanto, que sean ustedes mismos los que en la intimidad de su mente, opinen.
Siempre pensé que a ETA no se le plantó cara, cómo muchos hubiésemos deseado. Hoy día recogemos lo que distintos gobiernos sembraron, ignominia, frustración y dolor, mucho dolor.

